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sábado, 11 de abril de 2015

Viajes stevensonianos (2)


Una primera parte de las obras de viajes de Stevenson son las que se desarrollan en Europa.

En Navegar tierra adentro cuenta el que fue su primer viaje fuera de Escocia, que tuvo lugar en 1876. Acompañado de un amigo, comenzó en Amberes y, a través de ríos y canales, llegó hasta París, donde conoció a la que sería su mujer, Fanny Osbourne. Fue la primera de las obras que publicó. El último capítulo, «De vuelta al mundo», después de hablar de su deseo de volver por fin al trabajo y a tratar con la gente que comprende su idioma y no con aquellos que le ven como una curiosidad, termina con una frase característica y citadísima de Stevenson: «Las más bellas aventuras no son aquellas cuya búsqueda emprendemos lejos».

En Edimburgo, notas pintorescas reúne distintos textos que hablan de la historia, los lugares y edificios, y las leyendas de Edimburgo. El autor despliega su buen humor al mismo tiempo que sus opiniones, no siempre agradables para quienes fueron sus conciudadanos. Así, nada más comenzar ya dice que «tiene uno de los peores climas que hay bajo la capa del cielo», idea que repetirá más veces, por ejemplo cuando dice que nadie que no lo haya sufrido en sus carnes «puede entender lo sórdido y deprimente que es el invierno en Edimburgo». Pero, a veces, sus comentarios van más al fondo y nos hacen pensar en la huella que dejó en él aquél ambiente: «no hay estruendo en este mundo más funesto que las campanas del Sabbath sonando en Edimburgo: una rigurosa alarma eclesiástica, la protesta de ortodoxias incongruentes que instan a los que asisten a sus conciliábulos a que presenten una protesta, cada una en su propio templo, contra “los extremos de la derecha y las traiciones de la izquierda”».

El tercer libro de Stevenson fue Viajes con una burra, la narración de un viaje de casi quince días por los Cevennes, montañas en el centro-sur de Francia, en la burra Modestine y sin nadie que le hiciera compañía. Lo escribió por interés económico —deseaba tener dinero sin depender de su familia—, tenía 28 años y parece que deseaba tanto ponerse a sí mismo a prueba como pensar en el paso que iba a dar: marcharse a los Estados Unidos para reunirse con Fanny Osbourne. Fue un libro casi escrito sobre la marcha y está considerado como uno de los primeros libros que presentan el paseo por el campo y la acampada como actividades llamémoslas deportivas. Uno de los elementos cómicos y amables del relato es el trato que mantiene con la burra, un ser paciente y tozudo.

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