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viernes, 15 de mayo de 2015

Cartas civilizadas


Una mujer de recursos es una novela epistolar inspirada en la vida de la abuela de la autora, Elizabeth Forsythe Hayley, que debutó con ella y obtuvo un gran éxito. En el prefacio que pone a su relato, veinte años después, indica las ventajas del género: «las cartas son un excelente recurso dramático, abarcan el tiempo, hacen innecesaria la descripción narrativa y, lo más importante, incitan al lector a que se imagine la acción omitida». También señala cómo, el consejo habitual a los escritores «escribe sobre lo que conoces» ella suele formularlo de otro modo: «escribe sobre lo que puedas imaginarte que conoces».

La primera carta de la heroína, Bess Stead, es de 1899, cuando es una niña pequeña, y la última es de 1967, poco antes de morir. Contra el telón de fondo de los acontecimientos históricos, seguimos su vida ordenadamente: matrimonio, tres hijos, negocios inmobiliarios de su marido, primera Guerra Mundial, incendio de su casa, accidente grave de la hija pequeña, traslado de Dallas a San Luis, viudez, entrada en los negocios de su marido, viejas y nuevas amistades, viajes, etc. Hay un hilo doble que recorre todo el libro: el amor a su familia y su talante independiente que, sobre todo, asoma cuando se da cuenta de la libertad con la que se mueve: en un viaje por Italia indica que «ninguna mujer americana podría no ofenderse al ver el autoritarismo con que mandan en casa los hombres italianos».

El libro resulta encantador. Tiene un tono amable y optimista que nunca se quiebra, incluso aunque la narradora pase por momentos duros que, además, son la ocasión de que haga reflexiones de interés: «nuestros padres son como una barrera contra la muerte, y cuando se han ido ambos, como se han ido ya los míos, no queda nada entre nosotros y nuestra propia extinción». La redacción es bienhumorada y precisa: la heroína es una persona con aficiones literarias como se ve cuando recomienda vivamente a la que, para ella, es la mejor novelista viva: Willa Cather. También escribe sus cartas porque el hecho de trasladar al papel lo que le ocurre le sirve para «conservar la cordura y la calma, porque puedo expresar civilizadamente todas las emociones que me quitan el sueño».

Por otro lado, y precisamente por estar compuesto con cartas de una sola persona, el libro tiene algo de continua interpelación al lector, que puede ir pensando cosas de muy distinto tipo según lee la versión de la historia que da la narradora: que sabe salirse siempre con la suya y que tiene un punto de inflexibilidad; que su comportamiento independiente es o parece a veces insensato; que resulta divertida y reveladora la fuerte conciencia que tiene de ser una persona socialmente relevante (hasta el punto, por ejemplo, de que ya en 1963, redacta su propia nota necrológica —«Ciudadana principal muere en paz»— y la manda al periódico por adelantado pidiéndoles que se la envíen para darle su visto bueno).

Elizabeth Forsythe. Una mujer de recursos (A Woman of Independent Means, 1978). Barcelona: Libros del Asteroide, 2015; 336 pp.; trad. de Concha Cardeñoso; ISBN: 978-84-16213-20-7. [Vista del libro en amazon.es]

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