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sábado, 1 de agosto de 2015

Andanzas nocturnas


La segunda parte de Las nuevas mil y una noches, de Stevenson, la componen varios relatos cortos independientes entre sí: El pabellón de las dunas (The Pavilion on the Links, 1880), La puerta del señor de Malétroit (The Sire de Malétroit´s Door, 1877), Un sitio donde pasar la noche (A Lodging for the Night, 1877), La Providencia y la guitarra (Providence and the Guitar, 1878). Uno se desarrolla en Escocia, El pabellón de las dunas, y tres en Francia, en París Un sitio donde pasar la noche y en lugares indeterminados La puerta del señor de Malétroit y La Providencia y la guitarra. Un elemento común a los cuatro es que cuentan choques entre personas de distintos caracteres y que se desarrollan principalmente de noche.

El pabellón de las dunas es un relato de corte romántico contado en primera persona y en nueve capítulos cortos. El narrador, de joven un gran solitario según indica en su primera frase, habla de su relación con un hombre de temperamento violento, llamado R. Northmour. Vivió con él un tiempo en un lugar solitario de la costa escocesa, luego fue testigo de un extraño desembarco nocturno, más adelante conoció a Clara, una joven que vivía con Northmour, de la que se enamora, y, por último, ambos defienden al padre de Clara, un banquero estafador, del asalto de quienes desean darle una lección. Stevenson se ciñe al tema, es sobrio en sus apreciaciones y narra sin las exageraciones típicas del género y de la época. Hay tensión en las relaciones entre los personajes —Northmour acaba comportándose mejor de lo que uno esperaría, un rasgo habitual en los «malvados» que crea el autor—, y misterio en la heroína, una chica cuya conducta y situación son de lo más equívocas, según afirma el narrador, aunque, a la vez, también asegura que tiene confianza en su integridad.

Un sitio donde pasar la noche fue el primer relato publicado por Stevenson. Se desarrolla en París, un nevado día de noviembre de 1456. En una taberna, en la que está Maese Francis Villon, un tipo apuñala a otro, le mata, y «Villon estalló en carcajadas histéricas». Todos los presentes huyen y Villon, después de una visita infructuosa a su padre adoptivo, el capellán de Saint Benoît, acaba en casa de un anciano acogedor. El resto del relato es una larga conversación entre ambos en la que se pone de manifiesto el cinismo y la impertinencia insultante de Villon. El Villon real fue un personaje al que Stevenson admiraba por unas cosas y detestaba fuertemente por otras y esto se aprecia en su criatura literaria. Es decir: el relato deja la sensación de ser como un ejercicio de estilo en el cual, por medio de acciones sencillas y diálogos vivos, consigue dibujar a un protagonista cuyo comportamiento no deja indiferente pues, a la vez que puede admirar su descaro, también provoca rechazo su insolencia.

La puerta del señor de Malétroit es otro relato que cabría llamar de ambiente medieval pues se desarrolla en 1429. Denis, un joven que deambula de noche por las callejas de una ciudad, se refugia de la ronda nocturna de soldados en un palacio pero, una vez dentro, no puede salir. Allí, el señor de Malétroit le dirá que le estaba esperando para que se case inmediatamente con su sobrina. La cuestión está en que no podrá salir hasta que acceda:  el señor de Malétroit le da un ultimátum y le deja a solas con su sobrina. Lo que al principio tiene aires inquietantes adquiere al final un cierto tono de comedia de enredo. Stevenson centra la historia en describir cómo el joven Denis de Beaulieu acaba en una situación que el dominante señor de Malétroit conduce al límite y basa su construcción en los enfrentamientos dialécticos entre los protagonistas.

En La Providencia y la guitarra las andanzas nocturnas de un cantante ambulante y su mujer, León y Elvira, provocan choques con los vecinos y con el comisario del pueblo —un hombre que «transportaba su barriga como si fuese algo oficial»—. Luego encuentran a otra pareja formada por un pintor y su mujer, con los que charlan sobre sus respectivos artes, que ambos aman, aunque no sean unos genios: en esos diálogos está la intención del relato. Así, León dice: «El Arte es el Arte. Yo me inclino ante él. Es todo lo bello, lo divino, es el espíritu del mundo y el orgullo de la vida». Más adelante insiste: «El Arte es el Arte. No se trata de pintar acuarelas, ni de ensayar al piano. Es una forma de vida». Pero, acerca de las tristes vidas que llevan, es la mujer de León, hablando con la mujer del pintor, quien explica bien la situación: «son hombres con una misión (…) que no pueden cumplir».

Robert Louis Stevenson. Las nuevas mil y una noches (New Arabian Nights, 1882), en Cuentos completos, Barcelona: Mondadori, 2009; 955 pp.; trad. de Miguel Temprano García; ilust. de Alexander Jansson; ISBN: 978-84-397-2212-0. [Vista del libro en amazon.es]

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