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sábado, 29 de agosto de 2015

Personajes inquietantes


Otros dos relatos más de Stevenson contenidos en Los juerguistas y otros cuentos y fábulas son Markheim y Janet la contrahecha.

Markheim es un tipo que desea comprar un regalo para la mujer con la que se va a casar. Pero cuando el anticuario le ofrece un espejo siente temor: un espejo es «un maldito recordatorio de los años, los pecados y las locuras, ¡una conciencia de mano!». El vendedor le urge a tomarlo o dejarlo pero Markheim le pide que le ofrezca otros objetos y entonces lo apuñala por la espalda. Intenta ocultar su crimen pero llega un visitante que, con un amable «¿me llamaba?», entra en la habitación y se pone a charlar con él. Cuando Markheim le pregunta si es el demonio, él responde «lo que yo pueda ser no afecta a la ayuda que pretendo prestarle».

Relato que recuerda mucho a Crimen y castigo: aunque la primera traducción inglesa fue de 1886, Stevenson conocía la versión francesa de la obra de Dostoievski, pues se la había pasado Henry James, que no había logrado terminarla. Stevenson se sintió conmovido por el relato: no es leer un libro, dijo, es como tener fiebre cerebral. De hecho, las justificaciones del asesinato que figuran en el relato recuerdan las de Raskolnikov: «para mí el asesinato no es una categoría especial —replicó el interlocutor de Markheim—. Todos los pecados son asesinatos, igual que toda vida es una guerra». O bien, esta otra: «El mal, que es el motivo de mi existencia, no es cuestión de actos sino de carácter: yo aprecio al hombre malvado y no la mala acción, cuyos frutos, si pudiéramos seguirlos lo bastante lejos por la vertiginosa catarata de los siglos, resultarían mejores que los de las más raras virtudes, y si le ofrezco mi ayuda para escapar no es porque haya matado a un anticuario, sino porque es usted Markheim». La discusión sobre la naturaleza de lo bueno y lo malo que mantienen se interrumpe cuando llega la criada.

Janet la contrahecha fue una historia cortita, escrita al mismo tiempo que Los juerguistas y El ladrón de cadáveres (publicada cuatro años después), y, como ellas, tiene una componente llamémosla sobrenatural. También fue un relato escrito en prosa escocesa con rasgos de baladas y de relatos orales típicos. El narrador, alguien del pueblo, empieza por hablar del señor Soulis, un párroco mayor, adusto y sombrío, pero intachable. Para explicar su carácter se recuerda qué ocurrió cincuenta años atrás, cuando llegó a su parroquia siendo un joven amable y con talento y contrató como sirvienta de su rectoría a la vieja Janet McClour, a pesar de los consejos de la gente del pueblo que pensaban que estaba emparentada con el demonio. Todo discurre con normalidad hasta que, un día, aparece un negro en el pueblo.

Los personajes se delinean con rapidez. El relato presenta bien las murmuraciones y los comportamientos contundentes propios del pueblo: en una ocasión las vecinas fueron a insultar a Janet y, cuando esta se enfrentó a ellas, la cogieron y la arrojaron al río «para comprobar si era una bruja y si nadaba o se hundía». No falta el buen humor: cuando llegó el joven párroco al pueblo, indica el narrador, «resultó que estaba escribiendo un libro, lo que sin duda no era nada apropiado para alguien de sus años y con tan corta experiencia».

Robert Louis Stevenson. Markheim (1885), Janet la contrahecha (Thrawn Janet, 1881), en Los juerguistas y otros cuentos y fábulas, Cuentos completos, Barcelona: Mondadori, 2009; 955 pp.; trad. de Miguel Temprano García; ilust. de Alexander Jansson; ISBN: 978-84-397-2212-0. [Vista del libro en amazon.es]

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