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sábado, 3 de octubre de 2015

Sobre la codicia humana


Los Cuentos de las noches en las islas, los primeros relatos que Stevenson escribió en Samoa y que le dieron fama entre sus habitantes, fueron: La playa de Falesá (The Beach of Falesá, 1892), El diablo de la botella (The Bottle Imp, 1891), La Isla de las Voces (The Isle of Voices, 1893). Todos ellos tratan, de distintos modos, de la codicia humana. Son menos felices, en su ejecución y en su tono, que otros del autor. Tienen unos aires algo sombríos, el humor que destilan es algo amargo, sus desenlaces tampoco son alegres. Una parte de la explicación, decía Chesterton, la dio el mismo Stevenson al señalar que los Mares del Sur son «un océano grande, pero un mundo pequeño». Otra tiene que ver, seguramente, con las consecuencias de la maldad humana que vio en esos países, muchas por parte de personajes como los que retratará en Bajamar. En cualquier caso, se pueden poner como ejemplo de cómo Stevenson siempre añade algo a los géneros que toca y cómo incorpora siempre algún matiz nuevo a viejos argumentos.

La playa de Falesá está narrado en primera persona por John Wiltshire, un comerciante inglés. Habla de su rivalidad con otro comerciante, Case, que al principio parece amistoso y arregla su matrimonio con una nativa llamada Uma. Poco a poco Wiltshire se da cuenta de quién es Case y también se enamora de verdad de Uma. Relato que, para Stevenson, significó un paso del romanticismo a un realismo un tanto grotesco. Pone atención a los retratos de la gente y a la veracidad ambiental, a lo etnográfico podríamos decir, más que al hilo argumental. En él hay nombres de gente real, de barcos reales, de edificios reales. Tiene una intención crítica contra el colonialismo británico. Tuvo una recepción pobre en su momento y más aceptación con el paso de los años, cuando se lo vio como un relato precursor de los de Joseph Conrad y cuando se apreció la intención de Stevenson de experimentar con nuevas formas narrativas.

El diablo de la botella es una especie de fábula moral inspirada en un cuento de los Grimm y en toda la tradición de relatos que hablan de pactos con el diablo. Fue la primera narración que publicó en el idioma local de Samoa. Se sitúa en Hawai y se centra en una botella que contiene dentro un diablillo que concede deseos. Pero la botella está maldita: si el propietario de la botella muere con ella se va al infiermo. O sea que la cuestión es tenerla, conseguir los deseos, y luego traspasarla enseguida; pero existen dos dificultades: que nunca se puede vender por más precio del que uno pagó por ella y que la transación ha de hacerse siempre con monedas. Estas normas han de ser transmitidas de cada vendedor a cada comprador. Se sabe que la botella la tuvieron Napoleón, James Cook, y otros personajes históricos semejantes. Cuando la historia comienza el precio de la botella está en cincuenta dólares. Keawe, un nativo hawaiano pobre, la compra: se hace rico, se casa, y vende la botella. Pero enferma por lo que la recupera y se cura. Luego tiene problemas para venderla y su mujer le propone una solución. Es un relato tenso, que se sigue con interés y se cierra espléndidamente, cuya fuerza se basa en que todos los personajes temen el final que les amenaza: ir al infierno. Es uno de los muchos relatos que Stevenson escribió acerca de la ambición, de la que su protagonista se salva, en esta ocasión, con ayuda de su esposa, cuyo nombre tiene que ver con la palabra hawaiana kōkua, que significa ayuda.

El protagonista de La Isla de las Voces es un hombre llamado Keola, que vive, con su esposa Lehua y su suegro Kalamake, en la isla de Molokai. Kalamake es un brujo poderoso que no parece tener problemas económicos. Un día, Kalamake transporta mágicamente a Keola a una isla donde ambos son invisibles para sus habitantes, pero no pueden hablar porque sí les pueden oír. Allí Keola descubre cuál es el origen del dinero de Kalamake e intenta chantajearle para compartir su riqueza pero las cosas no salen como desearía. De todos modos, el fatuo protagonista sale bien librado gracias a las astutas maniobras que le aconseja su esposa y, además, acaba siendo generoso con sus riquezas: da dinero a los leprosos y a los misioneros, un comportamiento que Stevenson promovió desde que conoció al padre Damián en Molokai.

Robert Louis Stevenson. Cuentos de las noches en las islas (Island Nights´ Entertainments, 1893), 138 pp. de Cuentos completos, Barcelona: Mondadori, 2009; 955 pp.; trad. de Miguel Temprano García; ilust. de Alexander Jansson; ISBN: 978-84-397-2212-0. [Vista del libro en amazon.es]

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