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Nota: 'Una secreta idolatría' :: bienvenidosalafiesta ::    
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sábado, 10 de octubre de 2015

Una secreta idolatría


Lloyd Osbourne preparó los tres capítulos iniciales de Bajamar y se los enseñó a Stevenson. Le gustaron pero, por distintas razones, el manuscrito estuvo varios años parado hasta que, estando Graham Balfour en Samoa, leyó el manuscrito y lo elogió. Así lo que los autores volvieron a trabajar en él y prepararon la novela: Lloyd Osbourne la considera la más importante de sus colaboraciones con Stevenson.

Lo cierto es que se trata de una novela que provoca división de opiniones: unos la consideran una obra excepcional y a otros les parece un relato menor y descompensado. La razón para lo segundo está en la falta de credibilidad, o en lo excesivo, del personaje que acaba dominando por completo el relato. Pero también ese punto es una razón para los elogios de algunos: la novela no es sólo una crítica de los excesos del colonialismo sino que también presenta un tipo humano y un tema nuevos que, de distintos modos, aparecerá luego en obras de Wells, Conrad y otros.

La novela comienza con la presentación tres mendigos un tanto especiales en Papeete, Tahiti. Uno es Herrick, un hombre de negocios inglés con una notable cultura; otro es Davis, un capitán de barco norteamericano que perdió su último barco; y el tercero es Huish, un londinense de clase baja que había desempeñado y perdido varios empleos previos. Su fortuna cambia cuando un día que llega la Goleta Farallone, que va desde san Francisco a Sidney y lleva un cargamento de champán, pero, como la tripulación falleció a causa de la viruela, el cónsul norteamericano encarga a Davis que conduzca el barco el resto del viaje. Él y sus compañeros aceptan con la intención de robar el barco y navegar a Perú, donde lo venderán y desaparecerán con el dinero. Pero estallan las desavenencias entre ellos, se dedican a beber, y acaban en una extraña isla dominada por un hombre verdaderamente magnético, llamado Attwater, a quien intentan matar.

Uno de los puntos fuertes de la historia es la buena definición de los tres personajes iniciales. Cada uno tiene una personalidad propia, bien marcada: el culto Herrick —siempre con un deteriorado libro de Virgilio en el bolsillo—, el codicioso Davis y el abyecto Huish.

La descripción de Attwater es, inicialmente, sensacional: con sus seis pies y cuatro pulgadas tenía «una mirada de una extraña mezcla de brillantez y suavidad, sombría como el carbón, pero con brillo que sobrepasaba el del topacio, una mirada de intacta salud y virilidad; una mirada que ordenaba tener cuidado con la cólera devastadora de este hombre». Sin embargo, acaba resultando muy forzada, o muy rara, la mezcla de su extraordinario celo religioso con su crueldad de acero, su insensibilidad hacia el sufrimiento de los demás, y su persecución a ultranza de los intereses propios. Acaba también sorprendiendo el desenlace un tanto cínico del relato, con un Herrick rendido: «había aceptado la bajamar en lo que se refería a los asuntos de los hombres, la marea lo había arrastrado lejos, ya oía el rugido del maelstrom que lo arrastraba y sepultaba».

Señalaba Chesterton cómo en Attwater —igual que, de otro modo, en un personaje como El Weir de Hermiston—, resuena la tradición escocesa de un Dios de mero poder y terror, lo que lleva consigo un culto brutal del miedo al que se someten los personajes y, tal vez también, el autor. Por eso la historia deja en el lector sentimientos mezclados: como si el narrador respetase demasiado a un personaje como Attwater y no lo aborreciese tanto como evidentemente aborrece a Huish. Decía Chesterton que «esta secreta idolatría de lo que un sentimiento femenino llamaría “fuerza” tal vez era la única lesión en la perfecta cordura de Stevenson, la única llaga en la salud normal de su alma», una herida que seguramente le había sobrevenido como consecuencia de un esfuerzo demasiado violento para estar sano.

Robert Louis Stevenson. Bajamar (The Ebb-Tide, 1894). Madrid: Valdemar, 1999; 165 pp.; col. Avatares; trad. de Inmaculada Matito; ISBN: 84-7702-285-2. Otra edición en Valdemar, 2003; 256 pp.; col. El Club Diógenes; ISBN: 978-8477024309. [Vista del libro en amazon.es]

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