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viernes, 8 de enero de 2016

Benefactores públicos...


Sigo con citas de Samuel Johnson, esta vez a propósito del oficio de crítico:

—«El deber de la crítica no consiste en despreciar, ni en dignificar mediante representaciones parciales, sino en sostener la luz de la razón, donde quiera que se encuentre; y promulgar las determinaciones de la verdad, sea cual sea el tema sobre el que se aplique».

—«La crítica de la sátira puede considerarse útil cuando rectifica los errores y mejora los juicios: quien refina el gusto del lector debe considerarse un benefactor público».

—«Aquello que nos sería indiferente a todos en su estado original puede atraer nuestra atención cuando lo relacionamos con la celebridad de un nombre. Un comentarista siempre está tentado a compensar con algo de crispación la poca dignidad de su oficio, y de ampliar su poca fortuna para que resulte atractivo lo que ningún arte ni esfuerzo consigue vigorizar».

—«Creo que el lector rara vez se alegra de que se anticipen a su opinión: es natural disfrutar más de lo que hacemos o conseguimos nosotros mismos que de lo que recibimos ya hecho. El juicio, como cualquier otra facultad, se incrementa con la práctica y su progreso se ve obstaculizado por las decisiones dictatoriales, igual que la memoria crece entorpecida si se usa una agenda. Sin embargo, cualquier destreza exige una iniciación: una parte debe ser infusa con preceptos, y otra parte obtenida con el hábito; he mostrado al aspirante a lector crítico todo lo que necesita para descubrir el resto por sí mismo».

—«Para valorar correctamente las acciones de un hombre se le debe comparar con la época en la que vivió y las oportunidades de las que dispuso, y aunque para el lector un libro no será peor o mejor según las vicisitudes de quien lo escribió, así como hay siempre una comparación tácita entre las obras de los hombres y sus habilidades, la curiosidad siempre está ocupada tanto en descubrir los instrumentos y en reconocer el trabajo esmerado, como en discernir cuanto puede atribuirse a los poderes originales y cuánto a una ayuda fortuita».

—«Quienes admiran la belleza de un gran poema a veces fuerzan su propio juicio para conseguir una falsa aprobación de sus piezas más pequeñas, obligándose así a creer que las personas admirables lo son sin fisuras».

—«Unos pocos, y son muy pocos, constituyen el gusto del momento; el juicio que ya se ha pronunciado se impone sobre los que son demasiado perezosos para discutirlo y los que son demasiado timoratos para contradecirlo: sin embargo, el poder de la crítica para rebajar una obra es superior al poder de exaltarla, pues la humanidad es más crédula ante la censura que ante el elogio».

Samuel Johnson. Ensayos literarios. Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2015; 580 pp.; trad. de Gonzalo Torné de la Guardia, Antonio José Rodríguez Soria, Ernesto Castro Córdoba; edición y prólogo de Gonzalo Torné; ISBN: 978-84-15863-87-8. [Vista del libro en amazon.es]

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