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sábado, 27 de febrero de 2016

Un equívoco muy difundido


Pintura y realidad, de Étienne Gilson, es un magnífico libro de 1957 que reúne conferencias pronunciadas por el autor en la National Gallery of Art de Washington. Empleando testimonios de pintores de distintas épocas, habla de la naturaleza de la pintura como arte y de sus características propias en comparación con otras artes. Al hilo de su ordenada reflexión, va dando ideas sobre cuestiones como la diferencia entre la pintura y otras artes, la educación estética, la función de los museos, la diferencia entre la ilustración y la pintura, la significación y el valor de la pintura, etc. En sábados sucesivos pondré algunas notas tomadas de su exposición. Empiezo por unos comentarios que hace acerca de la diferencia entre apreciar el arte y conocer historia del arte u otras cosas relacionadas con el arte:

«¿Qué es conocer arte? Más precisamente: ¿es el conocimiento de la historia del arte, en cualquiera de sus sentidos, un conocimiento del arte? Es, ciertamente, un conocimiento sobre el arte, pero su objeto no es el arte sino sólo su historia. En el caso de la pintura, como en el de la poesía, es posible saber todo sobre su historia sin saber mucho, si es que se sabe algo, sobre la pintura y la poesía mismas. Por limitarnos a la pintura, no es raro ver padres de buena voluntad encargarse de la educación artística de sus hijos a una edad muy temprana, arrastrarles a los museos, hacerles contemplar libros de arte y tarjetas, embotellando en sus pobres cabezas todas las imágenes de pinturas famosas y todos los nombres de pintores famosos posibles (incluyendo incluso fechas); todo ello desde el supuesto de que nunca es demasiado pronto para empezar una educación artística. Este no es el principio de una educación artística, es el principio de una educación histórica. El hecho de que a algunos niños les guste esto, no prueba que estén dotados para la experiencia estética; ni tampoco el hecho de que algunos niños lo odien prueba que no estén dotados para el goce de la pintura. Se trata simplemente de no confundir dos órdenes distintos y de los peligros que origina su confusión. Ciertamente, es mejor que el arte y la historia gusten juntamente, pero es completamente posible sentir indiferencia por la historia del arte y amar intensamente el arte. La tendencia presente a confundir estas dos esferas puede causar mucho perjuicio. Puede llevar al desánimo a muchas vocaciones artísticas sin incitar en todos los casos vocaciones históricas. En resumen, este es un ejemplo del equívoco ampliamente difundido acerca de la verdadera relación de la inteligencia y el arte».

Étienne Gilson. Pintura y Realidad (Painting and Reality, 1957). Pamplona: Eunsa, 2000; 398 pp.; col. Cátedra Félix Huarte; trad. del inglés de Manuel Fuentes Senot, versión actualizada de Rosa Fernández Urtasun; ISBN: 84-313-1767-1. [
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