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sábado, 5 de marzo de 2016

Un arte irreductible a palabras


Habla Etienne Gilson en Pintura y realidad de que es imposible pintar con palabras, así como lo es hablar por medio de pinturas. «La objeción inmediata contra esto es que, de hecho, las pinturas explican cosas, y tan es así que en muchos casos un buen cuadro se considera y es mucho más fácil de entender que muchas palabras. Esto es verdad sólo con esta reserva: que cuando actúa como sustituto del lenguaje, un cuadro no es una pintura. (…) Un corolario de esta conclusión es que, cuando hay mucho que decir sobre una pintura, hay razón para temer que la obra en cuestión pertenezca menos a la pintura que a la literatura. Mal signo es para una pintura el que la gente se sienta impelida a traducirla en palabras».

Cuando usamos la frase «nos quedamos sin habla» con motivo de «la especial clase de silencio que crea la presencia de la belleza reconocida», es mejor no intentar explicar lo admirable porque las observaciones que hagamos romperán el hechizo. Precisamente ahí, si aplicamos eso a la pintura, vemos que los juicios estéticos «poseen certeza en la medida en que, en lugar de buscar su justificación mediante combinaciones de conceptos extraños a su naturaleza y a su objeto, la buscan en la relación única que la materia de toda pintura mantiene con su forma».

Eso nos dice que no hay por qué sentirse avergonzados de carecer de demostraciones que apoyen los juicios estéticos, aunque ni siquiera es necesario hablar de juicios: «la experiencia estética no incluye más juicio que el disfrute del espectador con el objeto de su aprehensión». También nos dice que muchos filósofos y escritores que hablan de pintura están con frecuencia equivocados pues «las opiniones que tienen de la pintura son las de hombres no familiarizados con problemas pictóricos específicos». De hecho, es frecuente que los pintores consideren «como no relativas al arte de la pintura las efusiones literarias de los escritores con motivo de algún cuadro» pues los pintores no confunden su arte con ninguna forma literaria.

Los críticos saben que sus críticas son como sombras que siguen al cuerpo pero, a veces, parecen pensar que las sombras preceden al cuerpo que siguen. Pero, además, es que «los críticos literarios crean literatura acerca de la literatura; escriben sobre escritos», mientras que «los críticos de arte no escriben música acerca de la música, ni pintura sobre pintura; se expresan mediante palabras sobre un arte que no es arte de palabras».

Étienne Gilson. Pintura y Realidad (Painting and Reality, 1957). Pamplona: Eunsa, 2000; 398 pp.; col. Cátedra Félix Huarte; trad. del inglés de Manuel Fuentes Senot, versión actualizada de Rosa Fernández Urtasun; ISBN: 84-313-1767-1. [Vista del libro en amazon.es]

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