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viernes, 24 de junio de 2016

Jóvenes samuráis (y 2)


En lo que tienen de novelas históricas y de costumbres los libros de El joven samurái,  de Chris Bradford, tienen aspectos que no parecen muy fiables. Por ejemplo, que los dos únicos jesuitas que figuran en la trama se comporten de un modo tan canalla como podrían hacerlo en una novela de Dumas. Sin embargo, son interesantes los que narran el aprendizaje de Jack: los del conocimiento de las técnicas de combate, los que hablan de las peculiaridades culturales japonesas, y los que constatan su asombro ante los contrastes tan fuertes entre unos comportamientos exquisitos y otros enormemente bárbaros.

Así, se habla de la importancia de la forma de escribir Kanji, una forma de arte que requiere años de instrucción; del significado del origami para un samurai: aprender a ir más allá de los límites obvios y adquirir la capacidad doblarse y plegarse a la vida; de los haikus, que la profesora describe así: «un gran poema haiku debe clavar el momento, expresar su atemporalidad». También se ve cómo Jack ha de aprender numerosísimas reglas, para no ser maleducado en la relación con los demás: algunas pueden parecer o ser excesivas pero, en concreto, es interesante ver el gran valor que se da al hecho de disculparse, pues significa una «aceptación de la responsabilidad de las propias acciones y el deseo de evitar echar las culpas a los demás. Si uno se disculpa y muestra remordimiento, los japoneses están dispuestos a perdonar y no mantener ninguna enemistad».

Luego, en el transcurso de su aprendizaje, a Jack se le transmiten enseñanzas valiosas:

—«el valor no es la ausencia del miedo, sino más bien el juicio de que otra cosa es más importante que el miedo»;

—«siete veces abajo, ocho veces arriba. No importa cuántas veces te derriben: levántate e inténtalo de nuevo»;

—«la venganza es una derrota en sí misma. Te reconcomerá hasta que no quede nada de ti»;

—«no juzgues cada día por la cosecha que recolectas. (…) Juzga por las semillas que plantas».

Pero, eso sí, no faltan enseñanzas contradictorias:

—así, por un lado, «la rectitud, la habilidad para juzgar lo que está bien y lo que está mal es la clave para ser un samurái»; en cambio, por otro, la técnica de los Dos Cielos «no trata sólo de empuñar dos espadas» sino que su esencia «es el espíritu de la victoria: vencer por cualquier medio y con cualquier arma»;

—o bien, por un lado, cuando le explican el tiro con arco, le dicen algo bien concreto: que «como cualquier arte, el secreto se revela a través de la dedicación, el trabajo duro y la práctica constante»; por otro, para que los sentimientos no le afecten a la hora de luchar, le dicen algo bastante más difícil de agarrar: «deja que desaparezcan mientras se forman como letras dibujadas con un dedo sobre el agua».

Chris Bradford. El joven samurai: El camino del guerrero (The Young Samurai. The Way of the Warrior, 2008). Barcelona: Ediciones B, 2008; 300 pp.; col. Escritura Desatada; trad. de Rafa Marín; ISBN: 978-84-666-3864-7. [Vista del libro en amazon.es]
Chris Bradford. El joven samurai: El camino de la espada (The Young Samurai. The Way of the Sword, 2009). Barcelona: Ediciones B, 2010; 348 pp.; col. Escritura Desatada; trad. de Rafael Marín; ISBN: 978-84-666-4123-4. [
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Chris Bradford. El joven samurai: El camino del dragón (The Way of the Dragon, 2010). Barcelona: Ediciones B, 2010; 483 pp.; col. Escritura Desatada; trad. de Rafael Marín; ISBN: 978-84-666-4528-7. [
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