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domingo, 19 de junio de 2016

Documentada y superficial


Supongo que para opinar bien sobre Trastos, recuerdos. Una biografía de Wisława Szymborska, escrita por Anna Bikont y Joanna Szczęsna, hay que saber mucho más que lo que yo sé, tanto de poesía como de la vida cultural de Polonia en las últimas décadas. Yo lo he leído con interés pues son muchos los poemas y textos de Szymborska que me habían gustado antes. En esta página la había citado en varias ocasiones: Todo nuevo bajo el sol, Lo malo son los poetas, Elogio de la mala conciencia de uno mismo, En el parque, El primer fin del mundo, Una pregunta dolorosa, Alma de pequeño realismo.

En lo que yo entiendo, muchas cosas de Szymborska quedan bien reflejadas: buen humor, discreción, serenidad, amplitud de gustos literarios, atención a las cosas pequeñas de la vida, falta de interés por los premios y reconocimientos públicos, nacimiento y elaboración de muchos poemas; su concepción de la casualidad como «una forma menor del milagro»; su forma de estar en el mundo —«el mundo es tan interesante, la gente es tan interesante, que no vale la pena ocuparse de uno mismo»; su forma de ser anticompetitiva —«jamás me quitó el sueño la preocupación de que alguien fuese mejor que yo»—… 

Pero, por lo que yo veo también, la biografía presenta un perfil pobre de la escritora polaca: está documentada en anécdotas y opiniones varias, pero es superficial a la hora de hablar de las cosas más importantes de una vida. Por ejemplo, se hace un comentario, como de paso, en relación a cuando Szymborska se mostró favorable a una ley del aborto porque pensaba que era peor que no hubiera tal ley, pero no se indica nada más acerca de sus razones o de sus pensamientos al respecto. O bien, parece curioso que, viviendo en Cracovia, la biografía no entre para nada en sus opiniones sobre Juan Pablo II, como Papa o como figura histórica importante para su país. En general, la impresión que yo he tenido es que las biógrafas han elegido no indisponer a su biografiada con una parte importante de sus compatriotas y no han querido, o no han sabido, ir al fondo. Incluso la forma en que se pasa por alto su época juvenil, en la que escribió un poema a la muerte de Stalin, es poco razonable: ¿sólo un comentario sobre lo raro y lo incomprensible que fue aquel tiempo para quienes no lo vivieron? Por otro lado, parece claro que si un poema como ese hubiera sido escrito en honor de algún otro jerarca histórico, pongamos nazi, la consideración que su autora merecería, aunque hubiera renegado de esa ideología como hizo del estalinismo, sería bastante diferente: por supuesto, no hubiera recibido el premio Nobel.

Sea como sea, Szymborska es, aparte de una gran poeta, todo un personaje.

Por su autoironía, que se aprecia cuando explica por qué dejó de ir a ciertas reuniones: «al final me cansé de frecuentar los congresos de poetas. Un poeta, muy bien, dos poetas bien, pero cien poetas, es ridículo».

Por la inteligencia de muchas observaciones, como la de que «la mentira no tiene en absoluto las patas cortas. Es ágil como una gacela. Es precisamente la verdad la que se desplaza lentamente sobre sus patitas de tortuga, junto con sus documentos, rectificaciones y precisiones».

Por su graciosa justificación de su condición de fumadora empedernida: «Sobre un mar de café navegó la Comedia humana. En un lago de té el Club Pickwick. En una nube de humo de tabaco nacieron Don Tadeo, El corazón de las tinieblas, La montaña mágica…». «Cuando me cayó encima el Premio Nobel, me di cuenta de que las obras de mis magníficos predecesores, tales como Thomas Mann o Hesse, también nacieron entre nubes de humo. Dudo que un cliché antinicotina sea tan benéfico para la literatura».

Por anécdotas como esta: una vez presenció, en un teatro, una representación dramatizada de sus poemas, y uno de sus amigos contaba después: «Wislawa estaba rabiosa y susurraba: “Mis poemas no son para cantar, ni para bailar, ni para hacer monólogos, son para escuchar y pensar”. Acto seguido se azoró: “Tendré que ir al camerino y dar las gracias”. Más tarde le pregunté: “¿Y qué has dicho?” “Que jamás hubiera imaginado que con mis poemas se habría podido hacer algo semejante”».

Anna Bikont y Joanna Szczęsna. Trastos, recuerdos. Una biografía de Wisława Szymborska (Pqmiatkowe rupiece, 1997). Valencia: Pre-Textos, 2015; 674 pp.; col. Narrativa contemporánea; trad. de Elzbieta Bortkiewicz y Ester Quirós; ISBN: 978-84-15894-81-0. [Vista del libro en amazon.es]

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