Este sitio emplea cookies de Google para prestar sus servicios, para personalizar anuncios y para analizar el tráfico. Google recibe información sobre su uso de este sitio web. Si utiliza este sitio web, se sobreentiende que acepta el uso de cookies. Entendido | Más información
Nota: 'La enfermedad de la exégesis' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
BeardHerencia.jpg

sábado, 9 de julio de 2016

La enfermedad de la exégesis


He leído con interés La herencia viva de los clásicos. Tradiciones, aventuras e innovaciones, de Mary Beard, catedrática en Cambridge y editora durante veinte años de temas clásicos en el Times Literary Suplement, por varias razones.

Primero, claro, por su contenido: el libro está dividido en cinco partes —Antigua Grecia; Héroes y villanos en la Antigua Roma; Roma imperial. Emperadores, emperatrices y enemigos; Roma desde el fondo; Arte y cultura. Turistas y estudiosos—, cada una de las cuales contiene varios capítulos basados en ensayos o reseñas que habían aparecido antes en una revista literaria no especializada. Al margen de las cuestiones concretas que se discuten, son reveladores muchos comentarios al paso: por ejemplo que hay biografías que a veces son demasiado vívidas («la suerte sonreía a los macedonios») y que abundan en comentarios sobre sentimientos, emociones y carácter que, en el mejor de los casos, no pasan de conjeturas («Alejandro no podía creer la suerte que estaba teniendo»). O bien, cómo, por regla general, «los historiadores se acusan entre ellos de realizar juicios de valor anacrónicos únicamente cuando sus opiniones difieren».

En segundo lugar, porque la autora explica con claridad y buen humor la necesidad de las reseñas no académicas de los libros de su especialidad. Habla de que esas reseñas sirven como un mecanismo básico de control de calidad —«admito que no es perfecto, pero es lo mejor que podemos conseguir»—; de que son «una parte crucial del continuo debate que hace que merezca la pena escribir y publicar un libro», y son también «el modo de iniciar una conversación que resulte interesante a una audiencia mucho más amplia». Está muy bien, por otro lado, la que llama su regla de oro de las reseñas: «nunca escribo en una reseña lo que no sería capaz de decirle a la cara al autor. “Si no puedes decirlo, no lo escribas” debería ser, desde mi punto de vista, la máxima inquebrantable de un reseñador».

También es oportuna esta observación: «La ironía es que aunque los editores continúan acosando a los críticos literarios para que reseñen sus libros, también se apresuran a tranquilizar a los nerviosos autores diciéndoles que lo que comentan los reseñadores apenas tiene efecto en el número de los libros que se venden. Por decirlo de otro modo, la única persona que sin duda va a leer y a releer con total concentración lo que dicen los reseñadores es el autor del libro en cuestión. Así pues, autores, por muy doloridos que os sintáis respecto a lo que consideráis una crítica injusta, nunca escribáis para quejaros: ¡puede que llaméis la atención sobre algo en lo que nadie más se ha fijado!»

En tercer lugar, por el magnífico capítulo acerca de Astérix. En él se pregunta, entre otras cosas, por qué los cómics de Astérix fueron tan exitosos mundialmente. Aparte de señalar también el mérito de los traductores al inglés (y a otros idiomas) indica cómo Goscinny y Uderzo nunca mostraron especial interés por la respuesta. «Cuando se enfrentaban a entrevistadores que padecían, según ellos, de la “enfermedad de la exégesis”, replicaban con una áspera y rotunda (y espero que irónica) falta de curiosidad. La gente se ríe de Astérix, declaró una vez Goscinny, “porque hace cosas graciosas, nada más. Nuestra única ambición es divertirnos”. En una ocasión, un desesperado entrevistador de la televisión italiana sugirió (sin mucha delicadeza) que el encanto de las luchas de Astérix contra el Imperio romano tenía que ver con el “hombre de a pie que se niega a ser aplastado por el peso de la sociedad moderna”. Goscinny se limitó a responder que, como él no iba en metro al trabajo, no sabía nada de hombres de a pie aplastados por nada».

Mary Beard. La herencia viva de los clásicos. Tradiciones, aventuras e innovaciones (Confronting the classics, 2013). Barcelona: Crítica, 2013; 424 pp.; col. Tiempo de historia; trad. de Julia Alquézar; ISBN: 978-84-9892-616-3. [
Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir

publicidad   política de privacidad   aviso legal   desarrollo