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sábado, 27 de agosto de 2016

Roverandom


Roverandom fue un relato que Tolkien concibió, el verano de 1925, cuando su hijo Michael, de cinco años, perdió en la playa un perro en miniatura, hecho de plomo y pintado de blanco y negro, llamado Rover. La historia sufrió luego algunas modificaciones, en años sucesivos, pues, aunque la intención inicial de Tolkien fue consolar a Michel y entretener a su hijo John, hizo algunas ilustraciones y volvió a contarlo a su hijo Christopher. En 1937 fue uno de los relatos que le pasó a su editor cuando este le pidió más historias después del éxito de El hobbit. Pero como el editor quería relatos en la misma línea de El hobbit y Tolkien empezó entonces El Señor de los anillos, se olvidó de Roverandom que, al fin, se publicó en 1998.

Su protagonista es un perro llamado Rover que, cuando irrita al mago Artajerjes al morderle los pantalones, es encantado y convertido en un juguete. Cuando un niño lo deja en la playa, otro mago llamado Psámatos lo hace real de nuevo pero no puede devolverle a su tamaño sin pedirle permiso a Artajerjes. Así que envía a una gaviota llamada Mew, que lleva a Rover de viaje, entre otros sitios, a la Luna, donde conoce al Hombre de la Luna y a su perro, que también se llama Rover, por lo que al Rover original le cambian el nombre y le ponen Roverandom. Más adelante tendrá que ir al fondo del mar, donde hay otro Rover del que se hace amigo, para ver si logra que Artajerjes cambie de opinión.

Como corresponde a su origen, Roverandom tiene tonos de historia infantil. El narrador emplea el acento explicativo y tranquilizador de un adulto: cuando empiezan los líos en los que se mete Rover indica que «una vez que te has enredado con magos y sus amigos, nunca sabes lo que va a ocurrir en cualquier momento». Cuando dos perros se encuentran y empiezan a discutir aclara: «ahí puedes ver que los dos iban a hacerse muy amigos antes de que pasase mucho tiempo». Al modo típico de muchos relatos de fantasía, cuando entra en escena el Gran Dragón Blanco, se le dice al oyente que «todos los dragones proceden originalmente de la luna, como probablemente sabes».

En la introducción y en las notas se detalla cómo el relato contiene multitud de juegos de palabras, onomatopeyas y aliteraciones; se hacen notar la riqueza de vocabulario y los giros inesperados que da la narración; se señalan las muchas referencias a mitos y cuentos de hadas, a obras de Lewis Carroll y de Edit Nesbit; se ponen de manifiesto las similitudes de algunos pasajes y personajes de la historia con los de otras obras de Tolkien; y se comentan las ilustraciones que Tolkien preparó para visualizar escenarios y momentos del relato.

J. R. R. Tolkien. Roverandom (1925-1937). Barcelona: Minotauro, 2002; 116 pp.; trad. de Ramón Ibero y Luis Domènech; editado por Christina Scull y Wayne G. Hammond; ISBN: 978-8445072974. [Vista del libro en amazon.es]

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