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sábado, 17 de septiembre de 2016

El herrero de Wooton Mayor


El herrero de Wooton Mayor, al igual que Hoja de Niggle, tiene algo de «alegoría autobiográfica» pues encierra una cierta explicación de cómo veía Tolkien su trabajo como cultivador del género de fantasía. Según parece, al principio fue parte de un prefacio que a Tolkien le pidieron para La llave de oro, un cuento de George MacDonald, pero luego creció hasta ser un relato independiente. Decía el mismo Tolkien que era el relato de un hombre viejo, pues tiene algo de balance y de adiós esperanzado, de discurso de reivindicación de su obra y de despedida, o de paso a otros del testigo que llevó durante su vida.

En la aldea de Wotton Mayor se celebra cada veinticuatro años una gran fiesta en la que el Maestro Cocinero, entonces llamado Nokes, hace una Gran Tarta para los niños. La tarta era muy sabrosa y, en su interior, tenía unas estrellas plateadas, de las cuales una, colocada por el aprendiz de Nokes, el joven Alf, tenía poderes especiales. El hijo del herrero comió ese trozo de tarta y, aunque la estrella brillaba en ocasiones en su frente, pocos del pueblo lo notaban, «aunque no resultaba imperceptible para unos ojos atentos, y por lo común no brillaba lo más mínimo». Pero, continúa el narrador, «algo de su luz pasó a los ojos del muchacho; y la voz, que ya desde el momento mismo en que la estrella vino a él había empezado a embellecerse, se hacía cada vez más hermosa a medida que él crecía. A la gente le gustaba oírle, aunque sólo fuesen los “buenos días”. Llegó a ser bien conocido en la región por su destreza en el trabajo, no sólo en su propio pueblo sino en otros muchos de los alrededores. Su padre era herrero, y él continuó el oficio y lo mejoró». Luego se habla de sus viajes al país de Fantasía, de que «cuando tenía tiempo hacía algunas cosas por pura afición; y eran hermosas, porque sabía dar al hierro formas admirables, que parecían tan ligeras y delicadas como un ramo de hojas y flores, aunque conservaban la fuerte consistencia del metal e incluso parecían más duras», y se dice que «solía cantar mientras trabajaba»…

Tolkien caricaturiza, en las actitudes y gestos de Nokes, a esas personas que no saben nada de la Fantasía, o del País de Fantasía, como gente que recuerda conceptos vagos y que asocia fantasía con infancia: podría estar pensando en algunos críticos literarios que no comprendían nada de su trabajo creativo. Viene a decir que la estrella que acaba llegando al hijo del herrero es algo así como el impulso que permite que algunas personas conecten de verdad con la Fantasía y puedan, gracias a ella, tener una visión más rica de su vida cotidiana. El herrero se parece mucho a Niggle en su modo de ser y actuar, pero en esta historia se puede decir que fantasía y realidad combinan más armónicamente. Hay un momento en el relato en el que al herrero le indican que el enriquecimiento que a él le han supuesto sus viajes a Fantasía no es para quedárselo: hay dones que «no pueden pertenecer siempre a una sola persona, ni ser consideradas como patrimonio familiar. Están en préstamo». Otras personas pueden necesitarlos y «el tiempo apremia».

J. R. R. Tolkien. El herrero de Wooton Mayor (Smith of Wootton Major, 1967), en una edición que contiene también los relatos Hoja de Niggle y El herrero de Wooton Major. Barcelona: Minotauro, 1983; 144 pp.; trad. de Julio César Santoyo y José M. Santamaría; ISBN: 84-350-0346-9.

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