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domingo, 23 de abril de 2017

Mucho que aprender (4)


Un punto de los que se trata Imperiofobia y leyenda negra es el de que la defensa de los indígenas de América no la hicieron ni los humanistas ni los ilustrados, por más que fueran los últimos los propagadores del mito del Edén indígena aplastado por el malvado hombre blanco. «Ni Las Casas ni Rousseau sintieron nunca, no ya respeto, sino mera curiosidad por los indios. Para ambos todos los indios son el mismo indio».

Se supone que, hoy en día, sigue la autora, «nadie con un mínimo de cultura niega ya el papel pionero que tuvieron los legisladores y la maquinaria imperial española en el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas. Hay que colocar en su contexto y en su tiempo las ideas revolucionarias expresadas primero por los dominicos, y luego por otras órdenes. La justicia exige que se mencione a los dominicos en primer lugar, esas bestias negras de la intolerancia y la barbarie, según la imagen habitual que de ellos ha transmitido el protestantismo primero y, más tarde, la Ilustración. Muchos intelectuales y hombres de gobierno, incluidos los propios reyes, asumieron sus ideas en España. Hasta entonces nadie se había planteado que los pueblos conquistados pudieran tener derechos o que los individuos de una civilización salvaje, considerada universalmente no cristiana e inferior, fuesen también seres humanos que merecían respeto. Y esto, que ha cambiando nuestra noción de lo humano a nivel planetario es, nos guste o no, un trabajo de la Iglesia romana. En general, las iglesias protestantes no sintieron por los indios interés ni cultural ni religioso con algunas excepciones dignas de admiración».

Es decir: «fueron misioneros los que protestaron contra los abusos de los conquistadores; fueron teólogos eclesiásticos, y no humanistas, los que discutieron la justificación de la conquista española, defendieron los derechos de los Indios y sentaron la base de un nuevo Derecho Internacional. (…) El humanista español o europeo no se interesa por América y los graves problemas que este descubrimiento plantea a la conciencia cristiana, porque el Humanismo es refractario a todo cuanto no sea su propio mundo». Ni tampoco es verdadero ese croquis mental de nuestros conocimientos e ideales como sociedad que dibujó una Ilustración que, «cuando llegó a la cumbre, le dio una patada a la escalera y se negó a reconocer deuda alguna ni en conocimiento ni en pensamiento con el mundo anterior a ella, especialmente el hispano-católico».

María Elvira Roca Barea. Imperiofobia y leyenda negra (2017). Madrid: Siruela, 2017; 482 pp.; col. Biblioteca de ensayo; prólogo de Arcadi Espada; ISBN: 978-84-16854-23-3. [Vista del libro en amazon.es]

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