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domingo, 30 de abril de 2017

Mucho que aprender (5)


Una de las preguntas que me hacía según leía Imperiofobia y leyenda negra era por qué la autora no ponía en paralelo al Imperio británico con los demás imperios que ha habido en la historia. La explicación termina llegando avanzado el libro: «El hecho de que Inglaterra nunca intentara expandirse por Europa occidental explica que no haya sufrido el acoso de una leyenda negra. Como no ha habido poder local [europeo] que se sintiera amenazado, no ha habido propaganda ni intelectuales que fabricasen las correspondientes justificaciones. Con un buen criterio admirable, Inglaterra se ha limitado durante toda su historia a combatir todo poder que amenazara con crecer y hacerse hegemónico en el continente, pero jamás ha pretendido erigirse en ese poder ella misma».

Me ha interesado, en particular, una anécdota reveladora de cómo en y desde Inglaterra se han expandido las fobias hacia otros imperios. Después de explicar que la «rusofobia» es de origen francés y no inglés como a veces se dice, habla de que durante el siglo XIX también se generó mucha propaganda antirrusa en Gran Bretaña. Cuenta que, «en 1854 se publicó en inglés Home life in Russia, una manipulación-falsificación de la novela de Nikolái Gógol que precisamente comenté ayer: Almas muertas. No se edita como una obra de ficción, sino que se suprime su autor y se engaña al público haciéndole creer que es un relato verdadero. La obra se presenta con el marchamo de “testigo presencial”: no inventamos nada, puesto que es un ruso el que lo dice. Es la misma razón [la narración que usa el recurso del "testigo presencial"] por la que el éxito de fray Bartolomé de Las Casas ha sido inextinguible. Esta falsificación es un hito en la historia de la rusofobia y tuvo un éxito arrollador. En el prólogo, el editor declara que no se trata de una traducción sino que el texto “le fue entregado” directamente en inglés y que está tan plagado de errores que “evidentemente” es el resultado de un ruso que escribe en inglés. Además de esta mentira, el texto del gran novelista ruso es sometido a otras manipulaciones: se eliminan los párrafos que no eran adecuados al propósito buscado y se introducen otros. Aparece, por ejemplo, un narrador que no está en el texto de Gógol que no desaprovecha ocasión de recordar a sus lectores ingleses su superioridad moral con respecto a los rusos».

María Elvira Roca Barea. Imperiofobia y leyenda negra (2017). Madrid: Siruela, 2017; 482 pp.; col. Biblioteca de ensayo; prólogo de Arcadi Espada; ISBN: 978-84-16854-23-3. [Vista del libro en amazon.es]

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