Este sitio emplea cookies de Google para prestar sus servicios, para personalizar anuncios y para analizar el tráfico. Google recibe información sobre su uso de este sitio web. Si utiliza este sitio web, se sobreentiende que acepta el uso de cookies. Entendido | Más información
Nota: 'La Fantasía como género según Tolkien (4): la subcreación' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta

sábado, 2 de septiembre de 2017

La Fantasía como género según Tolkien (4): la subcreación


Aclarado ya el objeto de los cuentos de hadas y que son relatos de fantasía que no han de ser medidos por la relación que se les atribuye con los niños, llegamos al concepto que Tolkien denomina subcreación (al que Chesterton se había referido ya, como se aprecia en la nota que titulé El trabajo del artista).

El inventor de cuentos, dice Tolkien, «construye un Mundo Secundario en el que tu mente puede entrar. Dentro de él, lo que se relata es “verdad”: está en consonancia con las leyes de ese mundo. Crees en él, pues, mientras estás, por así decirlo, dentro de él. Cuando surge la incredulidad, el hechizo se quiebra; ha fallado la magia o, más bien, el arte. Y vuelves a situarte en el Mundo Primario, contemplando desde fuera el pequeño Mundo Secundario que no cuajó. Si por benevolencia o por las circunstancias te ves obligado a seguir en él, entonces habrás de dejar en suspenso la incredulidad (o sofocarla); porque si no, ni tus ojos ni tus oídos lo soportarían. Pero esta interrupción de la credulidad sólo es un sucedáneo de la actitud auténtica, un subterfugio que echamos de menos cuando condescendemos con juegos e imaginaciones, o cuando (con mayor o menor buena gana) tratamos de hallar posibles valores en la manifestación de un arte a nuestro juicio fallido».

Muchas veces, dice más adelante Tolkien, la posición de los adultos frente a los cuentos de hadas es la de que «suspenden su incredulidad» abandonándose a un estado mental «algo laxo, pobre o sentimental». En esos casos «los retiene y sostiene el sentimiento (recuerdos de la niñez o nociones [sobre lo que imaginan] que debería ser la niñez) y creen que el cuento debería gustarles. Pero si verdaderamente les gustase por sí mismo, no tendrían que dejar la incredulidad en suspenso: creerían sin más». Es decir: el valor de los cuentos de hadas ha de medirse por el arte literario con el que han sido escritos. Para explicarlo mejor son necesarias algunas precisiones más.

J. R. R. Tolkien. Árbol y Hoja (Tree and Leaf: incluye el cuento Hoja de Niggle y el poema “Mythopoeia”, 1988); Barcelona: Planeta-Agostini, 2002; 152 pp.; prólogo de Christopher Tolkien; trad. de Julio César Santoyo, José M. Santamaría y Luis Domènech; ISBN: 84-395-9786-X.

Enviar Imprimir

publicidad   política de privacidad   aviso legal   desarrollo