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Nota: 'Alcantarillas sin fondo' :: bienvenidosalafiesta ::    
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jueves, 14 de septiembre de 2017

Alcantarillas sin fondo


Como en Los amigos, en La Casa del Álamo Kazumi Yumoto vuelve a tratar sobre la muerte de modo sorprendente. Es un relato calmoso, en el que todo discurre con fluidez, y tenso, pues los conflictos interiores de la protagonista y narradora tienen entidad; parece ingenuo y tiene muchos momentos divertidos, unos por las costumbres singulares de sus personajes y otros por los comentarios y las reacciones de la protagonista niña, pero plantea cuestiones de fondo con agudeza y se acerca bien a situaciones duras de la vida.

A una mujer joven, una enfermera que ha dejado su trabajo, según sabremos, le comunica su madre por teléfono que ha muerto la propietaria de la Casa del Álamo, en la que vivió de niña cuatro años. Se dispone a viajar al funeral y, con ese motivo, va recordando aquel tiempo: su padre acababa de fallecer y su madre se había instalado con ella en aquella casa, en la que había otros dos inquilinos. La propietaria era una mujer mayor con la que Chiaki, de seis años, tiene que pasar unas horas cada día cuando enferma: debe quedarse al cuidado de la anciana mientras su madre se va a trabajar.

Es magistral la descripción que nace la narradora de su mundo interior cuando era niña: desearía saber a dónde ha ido su padre y vive con el continuo temor a desaparecer del mismo modo; se imagina que vive en «un mundo negro de alcantarillas sin fondo que Dios podría haber olvidado cerrar» y su ansiedad crece porque «estaba convencida de que no fallar era la única manera de evitar ser tragada por los oscuros agujeros que podían aparecer en cualquier lugar, en cualquier momento». Las cosas comienzan a cambiar para ella cuando la casera le dice que si escribe cartas a su padre, ella se las llevará cuando muera. A pesar de su incredulidad, Chiaki empieza a escribir esas cartas, que siempre termina con un «Adiós, por ahora»: en ellas va manifestando su mundo interior cada vez mejor y, aunque no se da cuenta en el momento, gracias a ellas va recuperando su serenidad perdida.

Lo dicho hasta el momento explica poco de la novela, que contiene varios personajes interesantes como los otros inquilinos permanentes de la Casa, o el hijo de uno de ellos que viene a estar un tiempo, el amable Osamu, un chico de la edad de Chiaki, cuya madre es católica, que le lleva a la iglesia y le explica quién es Jesucristo. Poco a poco la narradora cuenta más cosas de su vida posterior a sus años en la Casa del Álamo hasta llevar su relato a un excelente y también conmovedor desenlace.

Kazumi Yumoto. La Casa del Álamo (Popura no Aki, 1997). Madrid: Nocturna, 2017; 178 pp.; col. Noches blancas; trad. de Rumi Sato; ISBN: 978-84-16858-05-7. [Vista del libro en amazon.es]

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