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viernes, 1 de diciembre de 2017

Lecciones de un editor (1)


La biografía del editor Max Perkins, de A. Scott Berg, es un libro importante para quienes conozcan o deseen conocer una parte de la historia de la literatura norteamericana del siglo XX. El libro cuenta la vida de Perkins pero se centra, sobre todo, en su trabajo como editor de Scribner’s desde 1910 hasta su muerte en 1947, y, en particular, en las relaciones que sostuvo con sus tres escritores más importantes: Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway y Thomas Wolfe. No sé cómo es la edición original pero a la española, que tiene una buena traduccón, le faltan un índice onomástico, una revisión para quitarle las erratas, y notas al pie para señalar de qué libros, de los muchísimos que se van citando, hay edición en España.

El autor no da muchos pormenores de la vida de Perkins pues fue una persona de hábitos constantes, un buen padre para sus hijas y un esposo fiel aunque poco atento, pues estuvo siempre centrado en su trabajo hasta el exceso. Se comentan sus pequeñas rutinas y particularidades, por ejemplo que tuvo por norma, desde un incidente de su infancia, «no rechazar jamás una responsabilidad»; que llevaba sombrero siempre; que su libro favorito era Guerra y Paz, al que recurría en momentos de inquietud —«siempre encuentro consuelo en Guerra y pas en tiempos turbulentos»—, que incluso se lo leía en alto a sus hijas, y del que regalaba ejemplares con frecuencia.

En su trabajo como editor estaba continuamente buscando nuevas voces; tenía un talento particular para dar continuos ánimos y elogios a los escritores, para insistirles en la necesidad de trabajar de modo perseverante, y para señalarles también las mejoras que deberían introducir en sus obras. Analizaba con cuidado los manuscritos, identificaba las deficiencias y los fallos estructurales que había que corregir, hacía sugerencias e indicaba posibles soluciones. Sobre todo, el biógrafo señala que tenía tanto la capacidad de ver más allá de los desaciertos del libro que le enviaban, como la tenacidad para conseguir transformarlo hasta que fuera lo mejor que podía llegar a ser.

Es destacable la cortesía y lealtad con la que siempre trató a los escritores que publicaban con él, algunos con un altísimo concepto de sí mismos. Al respecto, se cuenta una anécdota de Hemingway, que abordó a un crítico suyo en una cena, y le dijo: «¿sabes lo que más me gustó de tu ensayo [sobre mí]? Las citas que usaste. Hasta entonces no me había dado cuenta de lo buenas que eran». En una carta a Scott Fitzgerald Perkins le decía que «somos absolutamente fieles a nuestros autores, y les apoyamos lealmente, aunque se enfrenten a pérdidas durante largos periodos, cuando creemos en sus cualidades y en ellos». Ese comportamiento dio lugar a unas relaciones muy estrechas con algunos, sobre todo con Thomas Wolfe. De hecho, su dedicación a él y a otros le movió a no hacerse cargo de las obras de un Henry Roth, pues se daba cuenta de que no tendría tiempo para los problemas que le daría un libro como Llámalo sueño.

A. Scott Berg. Max Perkins. El editor de libros (Max Perkins: Editor of Genius, 1978). Madrid: Rialp, 2016; 579 pp.; col. Biografías y testimonios; trad. de David Cerdá; ISBN: 978-84-321-4730-2. [Vista del libro en amazon.es]

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