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jueves, 21 de marzo de 2019

Pensamientos como rayos


He leído hace poco Flavia de Luce y el misterio de la gitana, el tercer libro de Alan Bradley sobre su heroína. El relato empieza cuando, en una feria, le pide a una gitana que le adivine el futuro y, al ocurrir un incendio, la gitana tiene que ser atendida. Flavia la acompaña hasta su carromato y, poco después, la gitana es agredida salvajemente. Además, aparece un cadáver en el jardín de la casa de Flavia. A todo esto, Flavia, que se mueve por todas partes en Gladys, su bicicleta que «nunca se quejaba y nunca se cansaba», lo va investigando todo antes que su amigo el inspector Hewitt.

Como en otras novelas de la serie, tienen gracia varios personajes secundarios y son cómicas las situaciones que se provocan debido a la rivalidad entre Flavia y sus hermanas mayores. También en esta historia el lector va descubriendo las cosas al mismo tiempo que la narradora y su atractivo principal está en las asombrosas formas de pensar, actuar, y contar las cosas que tiene Flavia. Así, antes de entrar en una sala para un interrogatorio del inspector Hewitt, hace una pausa para formular una breve oración: «Que el Señor me bendiga y me guarde, y que Su rostro brille sobre mí; que me infunda infinita gracia y pensamiento rápido como un rayo», se comprende que para no mentir y a la vez no decir la verdad.

O, en una ocasión en la que ve sangre, explica: «recordé que las células de sangre roja no eran, en realidad, mucho más que una alegre sopa de agua, sodio, potasio, cloruro y fósforo. No obstante, mezcladas en las proporciones adecuadas, formaban una gelatina líquida y viscosa: una con capacidades místicas, una que, en sus complejidades escarlatas, podía contener no sólo nobleza, sino también traición». Este párrafo es interesante porque, como la novela deja claro, ya se ve que la gran racionalidad científica de Flavia no le impide una cierta visión mística de las cosas.

O, que cuando ve nata en la leche, dice que la detesta profundamente, y, a diferencia de su forma de reaccionar en otros casos, en este «ni siquiera la idea del maravilloso cambio químico que provoca la sustancia —el calor del hervor agita y separa las proteínas de la leche, y éstas se vuelven a juntar en forma de piel gelatinosa cuando se enfrían— era suficiente para consolarme. Antes me comería una telaraña». Otra de sus fobias la explica del siguiente modo: «un “querida” o un “cariño” para mí es como una bala en el cerebro. Tengo lugares reservados en los asientos de medio penique hacia el infierno para la gente que se dirige a mí de esa manera».

Alan Bradley. Flavia de Luce y el misterio de la gitana (A Red Herring Without Mustard, 2011). Barcelona: Planeta, 2014; 423 pp.; col. Booket; trad. de Elisabete Fernández Arrieta; ISBN: 978-84-08-12636-2. [Vista del libro en amazon.es]

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