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viernes, 11 de octubre de 2019

La perspectiva infantil en relatos adultos


Creo que cabe objetar algunas cosas a la segunda parte de los comentarios que pongo abajo de Ursula Le Guin, cuando menosprecia un poco el valor de El guardián entre el centeno —que el narrador sea quien es justifica que suceda lo que indica y, por tanto, eso no es un demérito de la novela—, pero sus observaciones de fondo siguen siendo válidas:

«En mucha ficción reciente escrita para adultos la visión del niño no se utiliza de manera irónica ni para incrementar la complejidad, sino que, implícita o abiertamente, se considera más valiosa que la visión profunda del adulto. Se trata de un tipo de nostalgia con mucha determinación. En esta clase de libros se establece una división absoluta entre el adulto y el niño y se hace un juicio en función de ella. Se percibe a los adultos como seres menos plenamente humanos que los niños o los jóvenes, y se espera que el lector acepte esa percepción. Los padres y todas las figuras de autoridad se presentan sin compasión o comprensión como enemigos automáticos, poseedores omnipotentes de poderes arbitrarios. Puede haber algunas excepciones santas y comprensivas que prueben la regla: ancianos eminentes, figuras de abuelos ricas en la Sabiduría Primitiva de Otra (nótese la palabra) Raza. La sentimentalidad adula la simplificación».

Para ilustrar lo anterior, Le Guin compara David Copperfield con El guardián entre el centeno y dice:

«Todos los errores de David [en su historia], de hecho, son un mismo error repetido: percibir de un modo infantil que la autoridad falsa es real, lo que le impide valorar la ayuda real que siempre está cerca de él. Al final del libro ha superado los mitos infantiles que lo mantenían en la indefensión. De niño, Dickens fue en muchos sentidos como David, pero el novelista Dickens no se confunde con ese niño. Aporta su propio saber complejo y merecido. Y por ello David Copperfield, que comprende con una exactitud aterradora los sufrimientos de un niño, es un libro para adultos. Compárese con El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger. El autor adopta la percepción infantil de que los adultos son inhumanamente poderosos e incomprensivos y nunca va más allá; en consecuencia, quienes mejor aprecian la novela, escrita para adultos, son los niños de diez años».

Ursula K. Le Guin. Contar es escuchar: sobre la escritura, la lectura, la imaginación (The Wave in the Mind: Talks and Essays on the Writer, the Reader, and the Imagination, 2004). Madrid: Círculo de Tiza, 2017; 402 pp.; trad. de ; ISBN: 978-84-947707-0-8. [Vista del libro en amazon.es]

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