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viernes, 17 de enero de 2020

Escenas de guerra


En Tolkien en la Gran Guerra escribe John Garth que el legendarium de Tolkien adquirió «la dimensión de un conflicto entre el bien y el mal inmediatamente después de la cruenta batalla del Somme», un punto del que habla extensamente el libro citado hace unos días de Joseph Loconte. Al respecto, a los seguidores de Tolkien y, más aún, a los interesados en cuestiones de historia militar o de la primera Guerra Mundial, les gustará leer La batalla del Somme: la batalla más sangrienta de la primera guerra mundial, del historiador inglés Martin Gilbert. En ese libro, para pormenorizar todo lo que sucedió en esa confrontación, el autor se vale de muchos testimonios: entre otros, los de Sassoon y Graves, los de muchos compañeros de Tolkien y los del mismo Tolkien, con quien Gilbert, que en 1962 fue nombrado profesor en el Merton College —el mismo en el que había dado clase Tolkien hasta su jubilación, tres años antes—, charló extensamente.

Dentro de su pormenorizada narración sobre la batalla del Somme, Gilbert cuenta con detalle las acciones en las que participó Tolkien, habla del momento en el que cogió la llamada fiebre de las trincheras, que se transmite a través de las picaduras de piojos, y fue mandado a un hospital de Birmingham el 18 de noviembre de 1916, según se cuenta en el diario del 11º Batallón de Fusileros de Lancashire al que pertenecía. Recuerda también que, muchos años después, Tolkien afirmaba que —al igual que a su personaje Sam Gamyi lo pensó como «un reflejo del soldado inglés, de los soldados rasos y de los ordenanzas que conocí en la guerra de 1914, y que consideré, con mucho, superiores a mí»—, también escenas de El Señor de los anillos como las de «la Ciénaga de los Muertos y las proximidades de Morannon le deben algo al norte de Francia tras la batalla del Somme».

Una de esas escenas, en El Señor de los anillos, es esta: «En sus prisas por avanzar, Sam enganchó el pie en una vieja raíz o en una mata de hierba y trastabilló. Cayó pesadamente sobre las manos, que se hundieron en el cieno viscoso, con la cara muy cerca de la superficie oscura de la laguna. Oyó un débil silbido, se expandió un olor fétido, las luces titilaron, danzaron y giraron vertiginosamente. Por un instante el agua le pareció una ventana con vidrios cubiertos de inmundicia a través de la cual él espiaba. Arrancando las manos del fango, se levantó de un salto, gritando. ‘Hay cosas muertas, caras muertas en el agua’, dijo horrorizado. ‘¡Caras muertas!’, Gollum se rió. ‘La Ciénaga de los Muertos, sí, sí: así la llaman’, cloqueó”». En el Somme, cuenta Gilbert, «muchos soldados tuvieron que enfrentarse a cadáveres que, durante días, semanas e incluso meses, yacieron putrefactos en el fango sin ser importunados, salvo por los bombardeos».

Martin Gilbert. La batalla del Somme: la batalla más sangrienta de la Primera Guerra Mundial (Somme. The Heroism and Horror of War, 2006). Barcelona: Ariel, 2014; 426 pp.; trad. de Silvia Furió; ISBN: 978-84-344-1745-8. [
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