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Nota: 'Los finales de las grandes novelas' :: bienvenidosalafiesta ::    
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viernes, 27 de marzo de 2020

Los finales de las grandes novelas


El primo Pons —otra novela en mi lista de grandes obras que aún no había leído— es una de las 94 que componen La Comedia humana y que fue concebida por Honoré de Balzac como parte de un díptico titulado Los parientes pobres (Les Parents pauvres) y que completaba La prima Bette (Le Cousine Bette, 1848). Empezó siendo un relato corto que más adelante su autor alargó y rehízo, se la considera una de sus mejores novelas y él mismo declaró que «es una de las más hermosas que he hecho».

Sylvain Pons es un músico anciano y pobre que vive alojado en casa de Madame Cibot, junto con su gran amigo, Wilhelm Schmucke, un pianista alemán que, como él, trabaja en la orquesta de un teatro de París. Pons tiene dos pasiones: una, el coleccionismo de arte; otra, el amor por la buena mesa, que le hace desear con ansia el ser invitado a comer, en especial por parte de sus parientes los Camusot de Marville. Cuando estos rompen con Pons y le desprecian debido a que se frustran sus gestiones para conseguir un novio para su hija Cécile, Pons enferma y se recluye en su casa. Gana protagonismo entonces Madame Cibot que, alentada por su vecino el comerciante Remonencq y por un coleccionista rival de Pons, Élie Magus, se da cuenta del valor de las piezas de arte que posee y traza sus planes para llegar a ser la heredera. Entran en juego también el médico de Pons, y su amigo el abogado Fraisier, que hace notar a los Camusot que ellos podrían ser los herederos de Pons. Pero Pons acaba dándose cuenta de las intrigas que se tejen a su alrededor.

El argumento es sencillo y se sigue bien. Los acentos melodramáticos se cargan al multiplicar las asechanzas de los personajes mezquinos y codiciosos hacia los bondadosos e ingenuos Pons y Schmucke, cuya amistad resulta conmovedora. En la estructura de la novela se nota su confección por entregas en el uso abundante del diálogo y en los desenlaces «en punta» de los capítulos. Se sabe que Balzac fue perfilando mejor los distintos personajes en sucesivas redacciones, acentuando en las últimas el protagonismo de algunos como Fraisier. Sin duda, compuso su novela con ánimo de criticar a los burgueses en el poder después de la Revolución de 1830, y con la intención de presentar el panorama de una sociedad en la que todos, pobres y ricos, se dejan llevar por la codicia de un modo carroñero. Igual que hizo en otras novelas, como en Eugenia Grandet, también en esta se explaya en las ambiciones y las disputas que provocan las futuras herencias.

Otro de los propósitos de Balzac era el de presentar el coleccionismo de arte como una pasión que puede ser devoradora. Según el narrador, la colección de Pons es «la heroína de esta historia», el tesoro que todos menos Schmucke buscan ansiosamente. De Pons se dice esto: «esta alma consagrada al lucro, fría como el hielo, se entusiasmaba a la vista de una gran obra de arte, exactamente igual que un libertino, cansado de mujeres, se emociona al verse ante una muchacha de belleza perfecta, y se dedica a la búsqueda de bellezas sin defectos. Este Don Juan de las telas, este adorador del ideal, hallaba en esta admiración placeres superiores a los que proporciona al avaro la contemplación del oro». El final de la novela subraya que los valores del arte, si los tomamos igual que sus héroes, claramente no nos hacen mejores.

Pero el poderío de la historia, lo que la eleva por encima de otras, está en los pasajes en los que Pons es consciente de la conspiración que se teje a su alrededor y, también, de que su muerte se aproxima. El narrador anuncia e inicia esos momentos del siguiente modo: «Y así comienza el drama o, si se quiere, la terrible comedia de la muerte de un solterón, entregado por la fuerza de las circunstancias a la rapacidad de unos seres codiciosos que se arraciman al pie de su lecho, y que en este caso tuvieron por auxiliares la pasión más intensa, la de un insaciable coleccionista de cuadros; la avidez de Fraisier, que, visto en su cubil, hará estremecerse al lector; y la codicia de un auvernés capaz de todo, incluso de un crimen, para hacerse un capital. Esta comedia, a la que esta parte del relato sirve en cierto modo de prólogo, tiene por actores a todos los personajes que hasta este momento han ocupado la escena».

Más adelante continúa el narrador: «Era un espectáculo acongojante el de aquellas cuatro codicias diferentes sopesando la herencia durante el sueño del hombre cuya muerte era el objeto de sus afanes». Luego añade: «Al verse robado por la Cibot, Pons había dicho adiós cristianamente a las pompas y a las vanidades del arte, a su colección, a su amistad con los creadores de tantas cosas bellas, y, a la manera de sus antepasados, sólo quería pensar en la muerte, considerándola como ellos como una de las grandes fiestas del cristiano».

Estas escenas son las que llevan a René Girard a poner en línea esta obra con otras grandes novelas de la historia que tienen en común la «conversión» final del héroe. Afirma que Balzac «resume, en pocas frases, las características esenciales de los finales de novela: el doble rostro de la muerte, el papel del dolor, el desapego de la pasión, el simbolismo cristiano y esta lucidez sublime, a un tiempo memoria y profecía, que proyecta una claridad igual sobre el alma del héroe y sobre el alma de los personajes restantes». Señala cómo, en esa y otras grandes novelas con ese mismo elemento argumental, «al renunciar a la divinidad engañosa del orgullo, el héroe se libera de la esclavitud y posee finalmente la verdad de su desdicha. (…) Son los propios novelistas, a través de la voz de sus héroes, quienes acaban por confirmar (que...) el mal está en el orgullo y el universo novelesco es un universo de endemoniados. El final es el eje inmóvil de esta rueda».

Honoré de Balzac. El primo Pons (Le Cousin Pons, 1847), Barcelona: Planeta, 1981; 416 pp.; col. Clásicos universales; trad. de Carlos Pujol; introd. de Gabriel Oliver; ISBN: 978-84-320-3846-4.
René Girard. Mentira romántica y verdad novelesca (Mensonge romantique et verité romanesque, 1961). Barcelona: Anagrama, 1985; 285 pp.; col. Argumentos; trad. de Joaquín Jordá; ISBN: 84-339-0078-1.


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