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Notas de julio de 2019 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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jueves, 18 de julio de 2019

El misterio de la casa roja es el único relato policiaco que firmó A. A. Milne. Comienza con un prólogo bienhumorado del autor en el que da idea de cuál era su mente al escribirlo: afrontar el desafío de construir una novela del género que, además, es un caso del tipo de «cuarto cerrado» —cómo pudo suceder algo que físicamente parece imposible, al modo de El misterio del Cuarto amarillo—.

En una casa de campo inglesa hay una reunión de amigos. Varios se han ido de excursión unas horas mientras el propietario, Mark Ablett, espera la visita de un hermano suyo, que vivió muchos años en Australia y hace unos días anunció su llegada por sorpresa, parece que con motivos turbios. Justo cuando acaban de ocurrir, a la vez, el asesinato del visitante y la desaparición de su hermano, después de que se les oyera discutir en la sala donde estaban, llega también a la casa Tony Gillingham, un gran admirador de Sherlock Holmes, a quien había invitado a ir su amigo Bill, amigo a su vez del propietario.

La policía por un lado y Gillingham por otro intentan recomponer los hechos. De Gillingham nos dice el narrador que tenía una asombrosa memoria fotográfica, lo que lógicamente le resulta muy útil. Su amigo Bill actúa como un doctor Watson que le hace preguntas o propone soluciones no muy certeras. Con todo, el héroe se distancia de Holmes, que, dice, a veces se atiborraba el cerebro con hechos insignificantes, error que, por supuesto, él no comete. En fin, no es un libro extraordinario, aunque ponga de manifiesto la destreza desenfadada del autor y sea entretenido si uno es aficionado al género.

A. A. Milne. El misterio de la Casa Roja (The Red House Mystery, 1922). Madrid: Siruela, 2018; 222 pp.; col. Clásicos policiacos; trad. de Raquel G. Rojas; ISBN: 978-84-17454-43-2. [Vista del libro en amazon.es]

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DaveyEscarabajos.jpg
miércoles, 17 de julio de 2019

A sus álbumes sobre monos y sobre tiburones, Owen Davey añade ahora Loco por los escarabajos. En 17 capítulos da mucha información sobre una pequeña parte de las más de 400.000 especies clasificadas de escarabajos (en el comentario que hice a Mundo Natural mencioné el capítulo «Desconcertantes escarabajos» y me referí a esto mismo). Uno de los capítulos finales se titula «Y el premio es para…» y ahí se indica, por ejemplo, que el escarabajo más fuerte es el pelotero cornudo, que puede empujar 1141 veces su propio peso. Otros dos son sobre los «Escarabajos mitológicos» y sobre «Conservación», un aspecto que el autor siempre trata. El último es un Indice de especies.

Owen Davey. Loco por los escarabajos (Bonkers About Beetles, 2018). Boadilla del Monte (Madrid): SM, 2019; 37 pp.; trad. de Fernando Bort; ISBN: 978-84-9182-063-5. [Vista del álbum en amazon.es]

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martes, 16 de julio de 2019

Después de hablar de Confesiones de un padre sin vocación, encaja bien traer aquí a Mamá Bruce, de Ryan T. Higgins, un álbum verdaderamente gracioso. El título que vemos en la cubierta es Mamá Gansa, pero Gansa figura tachado y, encima, como a mano, pone Bruce. Es decir: vamos a ver a un Oso llamado Bruce que hará de madre de unos cuantos gansitos. Estos aparecen cuando Bruce intenta hervír unos huevos y los gansitos, al ver a Bruce, lo toman por su madre. A partir de ahí, por más esfuerzos que hace un gruñón y desapegado Bruce, los gansos no se separan de él. Al fin, Bruce pone su esperanza en el momento de que tengan que migrar. El relato progresa presentando varias escenas en cada doble página —que pueden ser dos, tres, cuatro e incluso cinco—. Solo hay dos ilustraciones a doble página para momentos bien elegidos: cuando los gansitos recién salidos de los huevos reconocen a Bruce y gritan ¡Mamá! y el momento final en el que Bruce ha cedido hasta lo inimaginable. La diversión de la historia viene, sobre todo, de que las expresiones de Bruce y los gansitos son divertidas, pero también de que la narración está bien medida y de que los paisajes en los que se desarrolla resultan atrayentes.

Ryan T. Higgins. Mamá Bruce (Mother Bruce, 2015). Madrid: Anaya, 2019; 42 pp.; trad. de Adolfo Muñoz; ISBN: 978-84-698-4874-6. [Vista del álbum en amazon.es]

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sábado, 13 de julio de 2019

La unidad de la cultura europea. Notas para la definición de la cultura, de T. S. Eliot, es un libro que ha quedado como una referencia ineludible cuando deseamos clarificar el concepto de «cultura» y cuando nos planteamos si la educación nos hace o no más cultos (o qué clase de educación es la que nos hace más cultos).

En él Eliot habla de la cultura como modo de vida de un individuo, de un grupo, de un pueblo. Así, señala que «la cultura puede incluso ser descrita simplemente como aquello que hace que la vida merezca la pena ser vivida» pero, para evitar confusiones, es importante abstenerse «de asignar al grupo lo que sólo puede ser un objetivo para el individuo, y a la sociedad en su conjunto lo que sólo puede serlo para el grupo».

Indica que cultura es «un término que requiere no solo definición sino ejemplos cada vez que lo utilizamos». Son distintas las culturas de un poeta o de un labrador, por más que los dos formen parte de una misma cultura. Pero, al mismo tiempo, ambos tienen una cultura en común que no comparten con personas que desempeñan iguales oficios en otros países, pues «hablar la misma lengua implica pensar, sentir y tener emociones de una forma bastante diferente a la de gentes que hablan otra lengua».

Un tercer punto es que «la cultura de la que somos conscientes no representa toda la cultura» pero, del mismo modo que «un gran poeta es aquel que saca el mejor partido a la lengua que se le ha dado», y del mismo modo que «todo gran poeta añade algo al complejo material con el que se escribe la poesía futura», la cultura es algo que tiene que crecer a partir de la cultura que tenemos y en la que vivimos.

Para pensar en cómo ha de ser ese crecimiento, tenemos que combatir «la idea ilusoria de que los males del mundo moderno pueden ser remediados con un sistema educativo. Una medida que puede ser eficaz como paliativo puede resultar perjudicial si se presenta como remedio». La educación no ha de asumir «la reforma y dirección de la cultura sino ocupar su lugar como una de las actividades a través de las cuales la cultura se realiza a sí misma».

Otro de los modos de pensar en cómo aumentar nuestra cultura empieza por la pregunta sobre si existe «algún valor permanente por el que comparar una civilización con otra que nos permita hacer conjeturas acerca del perfeccionamiento o decadencia de la nuestra». Y, en este punto, es importante tener en cuenta que «una cultura nunca ha surgido o se ha desarrollado sin una religión. Según cuál sea el punto de vista del observador, la cultura aparecerá como un producto de la religión o la religión de la cultura». Pero, en general, «cualquier religión, mientras dure, y en su propio nivel, confiere un significado aparente a la vida y proporciona el marco en el que se desarrolla la cultura».

Así que, afirma Eliot, «la fuerza dominante en la creación de una cultura común entre distintos pueblos es la religión. No cometan aquí, por favor, el error de anticiparse a lo que quiero decir. Esto no es una charla religiosa y no me propongo convertir a nadie. Estoy simplemente constatando un hecho. En la actualidad estoy poco interesado en la comunión de los creyentes cristianos. Yo hablo de la tradición cristiana común que ha hecho de Europa lo que es, y de los elementos culturales comunes que ese cristianismo ha traído consigo. Si mañana Asia se convirtiera al cristianismo, no pasaría por ello a formar parte de Europa. Nuestras artes se han desarrollado dentro del cristianismo, en él se basaban hasta hace poco las leyes europeas. Todo nuestro pensamiento adquiere significado por los antecedentes cristianos. Un europeo puede no creer en la verdad de la fe cristiana pero todo lo que dice, crea y hace, surge de su herencia cultural cristiana y sólo adquiere significado en relación a esa herencia. Sólo una cultura cristiana ha podido producir un Voltaire o un Nietszche. No creo que la cultura europea sobreviviera a la desaparición completa de la fe cristiana. Y estoy convencido de ello, no sólo como cristiano, sino como estudiante de biología social. Si el cristianismo desaparece, toda nuestra cultura desaparecerá con él. Tendríamos entonces que comenzar penosamente de nuevo. No es posible adoptar una nueva cultura ya confeccionada. Uno ha de esperar a que crezca la hierba que alimentará a las ovejas que darán la lana con la que se hará un abrigo nuevo. Hay que pasar a través de muchos siglos de barbarie. No viviríamos para ver la nueva cultura, ni tampoco los nietos de nuestros nietos, y en el caso de que llegásemos a verla, no seríamos felices en ella».

Con esto en la cabeza podemos empezar a pensar en la comparación entre la cultura occidental cristiana y otras. «Solo cuando imaginamos cómo sería nuestra cultura si nuestra sociedad fuera realmente cristiana, podemos atrevernos a hablar de la superioridad de la cultura cristiana, y sólo podemos afirmar que es la más elevada que el mundo ha conocido jamás cuando hacemos referencia a todas las fases de esa cultura, que ha sido la de Europa. Si la comparamos, tal como es en la actualidad, con la de pueblos no cristianos, debemos prepararnos a descubrir que en algunos aspectos la nuestra es inferior».

T. S. Eliot. La unidad de la cultura europea. Notas para la definición de la cultura (Notes towards the definition of Culture, 1948). Madrid: Encuentro, 2003; 189 pp.; col. Raíces de Europa; trad. de Félix de Azúa; ISBN: 84–7490–703–9.


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ContrerasConfesionesP.jpg
viernes, 12 de julio de 2019

En Confesiones de un padre sin vocación, José María Contreras Espuny cuenta cómo cambió su vida con motivo del nacimiento y crianza de sus dos primeros hijos. Es una narración excelente en la que ironiza contra sí mismo, con buen humor, y en la que se ve cómo consigue transformar sus contrariedades externas e internas en sonrisas, suyas y de los lectores. También muestra con simpatía el mundo y las bromas alrededor del joven matrimonio con hijos pequeños —«no le voy a decir que mis niños sean los más bonitos del mundo, aunque lo son, porque usted pensará lo mismo de los suyos, aunque no lo sean»—, y espolvorea oportunamente comentarios que desactivan las quejas con las que a veces nos justificamos —«ser apocalíptico es bastante llevadero y luce mucho, sobre todo cuando el apocalipsis se antoja improbable»—. Esta reseña del libro comenta con acierto que no estamos solo ante una «crónica cómica de una paternidad patosa», fantástica expresión, sino ante la exposición de «la paternidad de toda la vida, de la paternidad del hombre, tan distinta de la maternidad de la mujer, pero tan esencial como ella, aunque esté ahora tan acosada por la cursilería». Y esta otra explica más cosas.

José María Contreras Espuny. Confesiones de un padre sin vocación (2018). Madrid: Homo legens, 2018; 171 pp.; ISBN: 978-84-17407-38-4. [Vista del libro en amazon.es]

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RomillyPorQueGrecia.jpg
sábado, 6 de julio de 2019

En su momento puse aquí una nota sobre ¿Por qué Grecia?, un libro de Jacqueline de Romilly. Tiempo más tarde lo releí para preparar una reseña completa que publiqué en medium. La incluyo ahora en el apartado (tan interesante...) de Relecturas, en el que pondré otros libros en sábados sucesivos.

Cuando lo leí por primera vez me pareció luminoso y orientó mi búsqueda de otros libros, algunos de la misma Romilly, acerca de los orígenes de nuestra cultura. Cuando lo releí confirmé mi percepción de entonces, y pensé que es uno de esos grandes libros a los que siempre vale la pena volver. A continuación hago un resumen de las notas que tomé por si animan a buscarlo y leerlo a quienes no lo conocen.

La historiadora francesa pretende y consigue poner en claro por qué tantas obras griegas de hace veinte o treinta siglos nos transmiten, «con tanta fuerza, esa impresión de seguir siendo actuales y de haber sido hechas para todas las épocas». Hace notar en el prefacio «la influencia que han ejercido, en casi todas las épocas y en muchos países, las obras griegas, el pensamiento griego y hasta las palabras griegas», y subraya que es algo sorprendente si tenemos en cuenta que «Grecia no conquistó ningún pueblo, no transfirió sus instituciones a ninguno de ellos y ni siquiera supo construir su unidad», y fue vencida por los macedonios y por los romanos. Por tanto, si a priori no diríamos que la cultura de los griegos tenía posibilidades de extenderse fuera de Grecia, está claro que algo sucedió en la Grecia del siglo V antes de Cristo: un «excepcional esfuerzo» en todas las áreas del pensamiento hacia lo genuinamente humano y hacia los planteamientos universales, válidos para todos y para siempre.

Para explicarlo, Romilly hace dos observaciones al comienzo. Una, que los griegos nunca temieron tomar préstamos intelectuales de otros lugares, un signo de apertura mental y de sus deseos de conocer y de ser conocidos sin ninguna clase de secretismo. Otra, que los griegos fueron los primeros que fijaron su saber en escritos pues «Homero y la escritura son contemporáneos», un punto cuya importancia subrayaron tanto Eric Havelock (en Prefacio a Platón) y Walter Ong (en Oralidad y escritura).

Luego, en el primer capítulo de su libro habla de la Iliada, una epopeya diferente; en el segundo comenta unos versos de Píndaro que se caracterizan por la misma economía que los de Homero; presenta en el tercero cómo en el siglo V nació lo que llamamos la democracia; plantea luego la relación entre el debate democrático y el análisis intelectual; comenta cómo se desarrolló la historia, de la mano de Herodoto y de Tucídides, con un apéndice dedicado a Hipócrates y a la medicina; dedica el sexto capítulo a la tragedia y el lenguaje de los mitos; el séptimo a la peculiaridad de la tragedia griega, con un apéndice sobre la comedia; en el octavo habla de la filosofía; y titula su conclusión «La apertura a los demás».

Entre otros puntos de interés, Romilly apunta cómo el heroísmo adquiere en Homero una dimensión humana, que apenas se encontraba en otras culturas y tampoco en la griega. Casi todos sus héroes llegan a conocer la duda y la vacilación: esos breves momentos ponen de relieve su heroísmo, pero a la vez los acercan a nosotros y logran conmovernos. Se puede decir que «la Ilíada inaugura de hecho lo que será el deseo de universalidad propio de nuestra cultura y la apertura hacia los demás, que, contrariamente a muchas civilizaciones, se sitúan con primacía entre nuestros valores».

Del arte de Homero indica que se apoya en la elección de los rasgos más humanos de sus héroes y en su capacidad para «expresar los sentimientos humanos más esenciales de todos, presentándolos bajo la forma más desnuda posible». Las emociones que pinta «responden a las grandes situaciones humanas: un ataque al honor, las demandas de afecto, la pérdida del ser más querido en el mundo. Y aquí esas emociones se presentan en su esencia misma, sin detalles ni particularidades». Incluso en los casos en que representan situaciones límite, lo hace siempre con imágenes humanas. La fuerza de la evocación, ligada a la simplificación de líneas, que vemos en Homero la vemos también en Píndaro. De esa simplificación de líneas se desprende lo esencial: no sentimientos raros o sutiles, sino experiencias fundamentales. «Este alcance abstracto del gesto simbólico está presente en toda la obra de Homero», como vemos en la Odisea cuando Nausicaa recoge al náufrago o cuando Penélope teje mientras espera la llegada de Ulises.

Ya en el mundo de Homero vemos que los héroes intentan comprender y hacerse comprender y vemos la importancia que se atribuye a la idea de la búsqueda en común de la verdad y de las mejores decisiones. «Atenas instauró el debate en el centro de la vida pública; pero también fue capaz, gracias al debate, de acotar los principios de esa vida pública». En todas las obras de la época, del tipo que sea, se ve la gran afición al debate y a la discusión en común, como el mejor camino para resolver las cosas, algo que se plantea como un principio de libertad y de igualdad. «Hablar, explicarse, convencerse los unos a los otros: esto es de lo que Atenas se sentía orgullosa»: nace la retórica con la convicción de que aprender a hablar es aprender a pensar, nace el debate político que siempre es también una reflexión sobre los fines de la política.

En relación a la ciencia histórica, señala primero que Herodoto fue un innovador al intentar establecer la verdad, que su primer objetivo era la memoria y el segundo el encadenamiento de los hechos desde el pasado. Luego, que con Tucídides llegó el espíritu crítico y el intento de la objetividad sistemática, de tratar de comprender no sólo el pasado sino los encadenamientos universales que pueden reproducirse, de intentar conocer cuáles son los medios que sirvan para analizar los hechos en profundidad. Explica bien — como hará con más detalle en Tucídides. Historia y razón — , que al pasar de Herodoto a Tucídides la causalidad se hace compleja pues Tucídides buscó a fondo causas múltiples que se combinen y «expresó en voz alta y clara su ambición de alcanzar una verdad válida para otras épocas y otras circunstancias».

Como hará con más calma en su libro La tragedia griega — y como se puede leer también en Esquilo: creador de la tragedia, de Gilbert Murray — , señala que la huella que han dejado en nosotros los mitos griegos procede de los mitos que eligieron, depuraron y transformaron los dramaturgos del siglo V: en las tragedias griegas de la época se aprecia un gran deseo de plantear a fondo los problemas y una fuerte aspiración a formularlos de modo universal. Del mismo modo, en la filosofía, además de la invención de una nueva didáctica, entre los grandes autores griegos se ve un claro propósito de llegar a la universalidad.

En la conclusión Romilly señala que «Grecia ofreció al mundo la expresión perfecta e ideal de la justicia y de la libertad»; de que allí se generó «el respeto a las leyes y también el deseo de amparar a los oprimidos, liberar a las víctimas y exponerse por su defensa»; de que los griegos «no inventaron la ley pero la establecieron como todo lo contrario de la violencia». Se cuida también de aclarar que si los griegos no cumplieron lo que decían, «al menos supieron decir lo que debería haber sido, definir valores y, en ocasiones, morir por ellos».

Jacqueline de Romilly. ¿Por qué Grecia? (Pourquoi la Grèce?, 1992). Madrid: Debate, 1997; 264 pp.; col. Temas de Debate; trad. de Olivia Bandrés; ISBN: 84–8306–049–3–1997.


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viernes, 21 de junio de 2019

Envío por adelantado el boletín porque durante las dos próximas semanas no pondré notas en bienvenidosalafiesta.

En bienvenidosalafiesta: notas del mes de junio.

Dos grandes álbumes antiguos comentados este mes son Cornelio y El jardín de Abdul Gasazi. Un cómic excelente es El tesoro del cisne negro. Los libros de la serie Aprendiz de Guardián tienen mucho sabor aventurero y pueden ser, para muchos, una buena lectura veraniega. Una buena novela decimonónica es El primo Henry. Un libro más que ameno es Cincuenta innovaciones que han cambiado el mundo. Un libro-reportaje de los que hace comprender mejor algunas cosas es Potosí.

En esta nota hay una selección de los libros que considero mejores, o que me han gustado más, de los últimos seis meses.

En Libros para jóvenes: notas del mes de junio.

En medium recuperé una nota titulada Esnobs de la compasión, puse un comentario a libros y películas sobre Juana de Arco y, con motivo de las ferias del libro de principios de mes, recordé Diez advertencias sobre libros

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jueves, 20 de junio de 2019

Hago a continuación una selección corta de los libros que más me han gustado en los últimos seis meses:

—de los álbumes para prelectores elegiría ¡Buu! y Soy pequeñita;

—de los álbumes para primeros lectores es excelente Max, el artista y Cornelio;

—entre los álbumes para lectores más mayores me inclino por El nacimiento del dragón y Edison. Dos ratones en busca de un tesoro;

—entre los álbumes singulares elegiría Las visitas de Nani y El elefante del museo;

—un cómic que cabe llamar juvenil pero que, en realidad, es para todos es El tesoro del cisne negro;

—entre las novelas juveniles vale la pena conocer Sweet Sixteen y Lo que el infierno no es;

—la novela reciente con la que más he disfrutado fue Un caballero en Moscú.

—libros de no ficción más que interesantes hay varios y aquí sólo pongo cuatro: el ameno Cincuenta innovaciones que han cambiado el mundo; el sugerente Últimas noticias del hombre (y de la mujer); el luminoso Sucederá la flor; y el esclarecedor Potosí.

A todos estos libros «tengo que» añadir C. S. Lewis: un descubridor de mundos.

Y, naturalmente, a quien desee seleccionar buenas lecturas infantiles y juveniles, y no sólo para los próximos meses de verano, le recomiendo la última edición de Itinerarios lectores.

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miércoles, 19 de junio de 2019

Las mejores novelas o colecciones de relatos leídas en los últimos seis meses:

    El primo Henry. Anthony Trollope.
    La memoria del árbol. Tina Vallès.
    Siete historias para la infanta Margarita. Miguel Fernández Pacheco.
    Caballos lentos. Mick Herron.
    Yo voy, tú vas, él va. Jenny Erpenbeck.
    Un caballero en Moscú. Amor Towles.
    La gran travesía. Shion Miura.
    Viaje a Shiloh. Will Henry.
    Las ocho montañas. Paolo Cognetti.
    Patrick ha vuelto. Josephine Tey.

Distintos libros de no-ficción:

    Potosí. Ander Izagirre.
    Los asesinos de la luna. David Grann.
    Cincuenta innovaciones que han cambiado el mundo. Tim Harford.
    La invención de uno mismo. Sarah-Jayne Blakemore.
    América: quiénes somos y en qué creemos. David McCullough.
    Últimas noticias del hombre (y de la mujer). Fabrice Hadjadj.
    Doce reglas para vivir. Jordan Peterson.
    Cavilaciones y melancolías. José Jiménez Lozano.
    Sucederá la flor. Jesús Montiel.
    Diario de oración. Flannery O'Connor.
    A orillas del Bernesga. Miguel Ángel Cercas.
    Z, la ciudad perdida. David Grann.

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martes, 18 de junio de 2019

Álbumes y libros informativos (de distintos alcance y extensión):

   Varvara. El cuaderno de bitácora de una ballena. Marka Mikovà.
   Dinosaurium. Chris Wormell y Lily Murray.
   Animales del sur. Dieter Braun.
   Mitos nórdicos. Eva Manzano y Eugenia Ábalos.
   Los cinco feos. Axel Scheffler y Julia Donaldson.
   El profesor Astro Cat y la odisea del cuerpo humano. Ben Newman y Dominic Walliman.
   Atlas de los grandes exploradores. Riccardo Francaviglia y Margherita Sgarlata.
   Cuéntame, Sésamo. Aina S. Erice y Jacobo Muñiz.
   Las visitas de Nani. Karishma Chugani.
   Mary, que escribió Frankestein. Linda Bailey y Júlia Sardà.
   El taxidermista, el duque y el elefante del museo. Ximena Maier.

Libros infantiles:

   ¡Qué bien lo hemos pasado! Michael Morpurgo.
   Las aventuras del mono Pipí. Carlo Collodi.
   La balada de pequeño Jack. Mikel Valverde.
   Mi gran amigo Barkus. Patricia Maclachlan.
   El extraño caso del castillo Billinghurst y Las inauditas apariciones de la isla de Nolan. David Fernández Sifres.
   Piratas a la hora del baño. Hugo Román.
   Los hermanos Willoughby. Lois Lowry.

Cómics infantiles y juveniles:

   Zita, la leyenda. Ben Hatke.
   El tesoro del Cisne Negro. Paco Roca y Guillermo Corral.
   Catalina y la isla del Cíclope. Miguel B. Núñez.
   La guerra de Catherine. Claire Fauvel y Julia Billet.
   Amigos del alma. Marc Boutavant y Emmanuel Gibert.

Libros juveniles:

   La batalla por Skandia y El hechicero del norte. John Flanagan.
   La amistad de un oso y otros cuentos persas. Lila Ibrahim-Lamrous y Bahman Namvar-Motlag.
   El castillo en las nubes. Kerstin Gier.
   Victoria sueña. Timothée de Fombelle.
   Sweet sixteen. Annalise Heurtier.
   Atrapado en mi burbuja. Stewart Foster.
   Lo que el infierno no es. Alessandro D'Avenia.

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lunes, 17 de junio de 2019

Los mejores álbumes para prelectores leídos en los últimos seis meses:

    Animales increíbles. Sharon King-Chai y Julia Donaldson.
    ¡Buu! Ben Newman.
    El pirata valiente. Gusti y Ricardo Alcántara.
    Esperamos a un bebé. Helen Oxenbury y John Burningham.
    Diez cerditos luneros. Carll Cneut y Lindsay Lee Johnson.
    Soy pequeñita. Qin Leng.
    Gracias abejas. Toni Yuly.
    Buenas noches, Planeta. Liniers.

Para primeros lectores:

    Cornelio. Leo Lionni.
    Martín y su sombra. Serge Bloch y Davide Cali.
    Lola y el monstruo. Nadia Shireen.
    Baja de esa nube. Mar Azabal y Germán Machado.
    Max, el artista. Marion Deuchars.
    Distinta. Sozapato y Beto Valencia.
    Un gran perro. Miguel Tanco y Davide Cali.
    El lobo gris y la mosca. Ronan Badel y Gilles Bizouerne.
    Estamos aquí: notas para vivir en el planeta tierra. Oliver Jeffers.
    El lobo, el pato y el ratón. Jon Klassen y Mac Barnett.
    La niña más pequeña de toda la escuela. Christian Robinson y Justin Roberts.
    Cuentos de mamá Osa. Kitty Crowther.
    Dos ardillas y una piña. Jim Field y Rachel Bright.
    ¡Esa fruta es mía! Anuska Allepuz.
    ¡Qué risa de huesos! Allan y Janet Ahlberg.
    Verónica. Roger Duvoisin.

Para lectores algo más mayores:

    Maravillosos vecinos. Gilles Bonotaux y Hélène Lasserre.
    El jardín de Abdul Gasazi. Chris Van Allsburg.
    Pompas de jabón. Emma Giuliani.
    Mi abuelo pirata. Zuzanna Celej y Laia Massons.
    Debajo de hoy. Sozapato.
    Robinson. Peter Sís.
    Villanos. Clotilde Perrin.
    El nacimiento del dragón. Catherine Louis, Wang Fei y Marie Sellier.
    Edison. Dos ratones en busca de un tesoro. Torben Kuhlman.
    Cigarra. Shaun Tan.
    Las ricas horas de Jacominus Gainsborough. Rébecca Dautremer.
    Érase una vez un bosque mágico. Chris Riddell.

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SewellBellezaNegra.jpg
sábado, 15 de junio de 2019

He puesto datos de nuevas edición de Historias para niños (Cosa de niños en la nueva edición) y Belleza negra. También, de ediciones más recientes que las previas, de Paradero desconocido y La isla.

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viernes, 14 de junio de 2019

En Misterios del pasado decía que había leído rápido dos valiosos libros reportaje. Otro, que no he leído rápido por la viveza de su redacción y porque habla de una realidad que nos toca más de cerca, es Potosí, de Ander Izagirre.

Trata sobre Potosí, hoy una ciudad de 200000 habitantes, y el Cerro Rico en el que se contienen sus minas. Con ocasión de una primera visita, el autor describe los trabajos en el interior de la montaña, con testimonios de primera mano, en especial de mujeres, chicas jóvenes, y niños, y también cuenta la historia de los primeros siglos de las minas. En una segunda visita, además de seguir dando voz a quienes conoció la primera vez y a más personas, se fija en el pasado reciente de Bolivia, en las actuaciones de algunas grandes empresas mineras durante las últimas décadas, y habla en particular del cura navarro Gregorio Iriarte, que vivió desde 1964 en los campamentos mineros y falleció en 2012.

El libro es una crónica periodística de mucho interés, por lo que cuenta y por cómo lo cuenta. Se integran bien los datos históricos, económicos, y sociológicos, con información de primera mano que dan las personas que trabajan en la mina. La narración es fluida y en ella se reproducen, con naturalidad, los modos de hablar locales. El autor tiene interés en destacar un punto: que la riqueza de Potosí no es tanto la plata como el indio, la mano de obra esclava que deja un enorme margen de ganancias. Desea también poner delante del lector, sin énfasis innecesarios pero con claridad, las condiciones de vida infrahumanas de muchos, en especial de quienes están más desprotegidos: mujeres y niños.

El autor volvió a Potosí en 2018 y escribió un epílogo a su libro contando la continuación de la principal de sus historias, la de Alicia y su familia.

Ander Izagirre. Potosí (2017). Madrid: Libros del K.O., 2017; 204 pp.; ISBN: 978-84-16001-64-4. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 13 de junio de 2019

He leído La batalla por Skandia y El hechicero del norte, de John Flanagan. Son dos libros amenos que continúan la historia iniciada con Las ruinas de Gorlan, El puente en llamas y La tierra del hielo y que tienen iguales rasgos, defectos y cualidades que los que ya decía cuando los comenté.

La batalla por Skandia termina el argumento iniciado en las tres primeras novelas. Primero, en capítulos alternos, por un lado sigue la recuperación de Will, cuidado por Evanlyn, que se interrumpe cuando a Evanlyn la capturan y Will ha de salir en su busca; y por otro cuenta la entrada de Halt y Horace en Skandia. Pasados ocho capítulos se encuentran y, juntos, entran en contacto con los escandianos, que les proponen que sean ellos quienes lideren la estrategia para rechazar la inminente invasión del ejército temujai, de los pueblos de las estepas.

El hechicero del norte, aunque sea un libro más de la serie Aprendiz de Guardián, comienza cuando Will ya no es un aprendiz sino un Guardián, y es enviado a un territorio del norte. Allí resuelve con gran habilidad una invasión de escandianos que van por libre. Luego lo mandan a otro territorio pero no con la autoridad que le otorgaría presentarse como Guardián sino disfrazado de juglar para investigar unos extraños rumores de hechicería. El libro no termina: las aventuras de Will y su joven compañera Alyss —que termina prisionera en una torre como una nueva Rapunzel— continuarán, no sé por cuántos libros más. Antes, Will protagonizará un episodio muy semejante a uno que resolvió igual de bien el Príncipe valiente, una serie con la que la historia tiene claros parecidos.

El narrador va dando todas las explicaciones necesarias para recordar las cosas que ocurrieron en libros anteriores o para dejar claro que la misión que tienen los guardianes es la de ser representantes del poder central del rey frente a los intereses particulares de los barones o señores de cada territorio. También se van explicando con calma, según van sucediendo las cosas, las habilidades particulares de los guardianes: su facilidad para el camuflaje y para moverse sin ser vistos, su destreza en el tiro con arco y en el manejo de las armas, su gran trato con los animales, sus dotes para la observación y para la negociación.

John Flanagan. La batalla por Skandia (The Oakleaf Bearers, 2008). Madrid: Hidra, 2019; 365 pp.; trad. de Guiomar Manso de Zúñiga; ISBN: 978-84-17390-64-8. [
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John Flanagan. El hechicero del norte (The Sorcerer in the North, 2008). Madrid: Hidra, 2019; 351 pp.; trad. de Guiomar Manso de Zúñiga; ISBN: 978-84-17390-65-5. [
Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 12 de junio de 2019

Quien haya disfrutado con el cómic Zita, la viajera espacial, de Ben Hatke, lo hará también con su continuación Zita, la leyenda. Si entonces la cita inicial era de Chesterton, esta vez lo es de Hilaire Belloc en su libro El camino a Roma: «El primer paso se da con una ligereza agradable, con el alma en el cielo; es el paso quinientos el que cuenta». Esta vez todo empieza cuando Zita es famosa en todo el universo por sus hazañas en el relato previo y un robot la suplanta; luego, los embajadores de Nueva Lumponia —unos seres de cabezas esféricas, gorros cilíndricos y largas pelambreras—, acuden a ella para que los libre de una futura invasión de Estrellas Corazón y le ofrecen una forma de regresar a su casa. El atractivo de la historia se basa, una vez más, en la personalidad resuelta de Zita, en lo bien caracterizados que se presentan sus amigos y rivales, así como en la forma en que se arma la secuencia de los acontecimientos.

Ben Hatke. Zita, la leyenda (Legends of Zite the Spacegirl, 2012). Barcelona: Astronave, 2019; 192 pp.; trad. de Xisca Mas; ISBN: 978-84-679-3387-1. [Vista del cómic en amazon.es]

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