El ideal masculino en Jane Austen, de Catalina León, completa su obra previa Las mujeres en Austen. Al comienzo señala que le pareció natural mirar a los hombres en las novelas de Jane Austen pues «pocas veces se habla de ellos prestándoles la debida atención». Aunque en sus novelas los retratos femeninos sean más incisivos y detallistas, y a los hombres los presente menos definidos —con la excepción de Darcy (Orgullo y prejuicio)—, lo cierto es que por sus novelas desfila también todo un panorama de caballeros, soldados, clérigos y villanos.
Como en su anterior libro, la autora resalta el cuidado literario de las novelas de Austen, cómo las cartas y las conversaciones eran y siguen siendo los puntales de sus obras, cómo su fuerza está en la presentación realista de las emociones de sus personajes y cómo, contra lo que las películas o series televisivas suelen acentuar, «nunca hace descripciones pormenorizadas ni de los paisajes ni de los edificios y sus interiores». Se entreteje bien lo que cuenta Austen en sus novelas con textos de su epistolario y con pormenores de su biografía: «contra lo que puede pensarse, Austen vivió rodeada de hombres. La suya de la infancia era una casa de hombres, con muchos hermanos mayores y menores y con otros chicos que estaban en acogimiento temporal con su padre, que ejercía de tutor académico como era usual en la época».
Austen recoge bien cómo «la familia es el elemento fundamental de cohesión» en su sociedad. Eso «supone tanto una red de afectos como una red asistencial. Lo bueno de un miembro de una familia era bueno para todos y al revés. (…) Los lazos familiares eran profundos y no se trataba solo de la familia nuclear sino de la familia extensa. También hay que señalar al conglomerado de vecinos y de conocidos cuyas peripecias adornaban el día a día de todos. Ya lo dijo la señora Bennet con mucha elocuencia en el salón de Netherfield: «Tenemos relación con más de veinte familias»». Luego, dentro de las familias, Austen muestra también que hay distintas «maneras de ejercer la paternidad» y que «no existe el padre perfecto»: en sus novelas hay «padres distantes, pero también cariñosos; los hay embebidos en sus obligaciones, pero también atentos a sus hijos; los hay egoístas, pero también entregados. Quizá su propia experiencia familiar influyó para ofrecer una mirada amable de la mayoría de sus padres de ficción».
Otro rasgo común a las novelas de Austen es que son novelas de amor. «No amor de una sola clase sino de tantas clases como enamorados existen en sus páginas. No amores en tiempo de borrascas, sino amores serenos con vocación de permanencia», amores reales, no amores de cartón piedra; amores que fundan matrimonios en los que los esposos «mantienen una relación igualitaria» y que se construyen a lo largo de los años. Austen «mostró sus ideas acerca del amor y los sentimientos amorosos sobre todo en Persuasión, mucho más que en cualquiera de sus otras obras». Señala también que si Emma es una obra maestra de la comedia, una novela inteligente como pocas, Persuasión lo es del drama realista, y que ambas, al ser las últimas que escribió, son también las más elaboradas desde el punto de vista argumental.
Catalina León. El ideal masculino en Jane Austen (2025). Madrid: Rialp, 2025; 324 pp.; ISBN: 9788432169342. [Vista del libro en amazon.es]
























