BONSELS, Waldemar

BONSELS, WaldemarAutores
 

Escritor alemán. 1881-1952. Nació en Ahrensburg, Holstein. Su padre era francés y su madre danesa. Vagabundeó por toda Europa, Ceilán, India y Egipto. Escribió su primera novela en 1905, a la que siguieron poemas y obras de teatro. Falleció en Ambach, Starberger See.


Las aventuras de la abeja Maya
Barcelona: Juventud, 2006; 152 pp.; ilust. de J. Vinyals; trad. de Carlos Guerendiain; ISBN: 978-84-261-3519-63. Nueva edición en Madrid: Nórdica, 2019; 174 pp.; col. Nórdica infantil; ilust. de Ester García; trad. de Isabel Hernández; ISBN: 978-84-17651-88-6. [Vista del libro en amazon.es]

La abeja Maya decide independizarse y se marcha. Uno de sus objetivos es llegar a conocer al ser humano, «lo más sublime y perfecto que ha dado la naturaleza», según le decía su maestra Casandra. Después de numerosas experiencias —la más crítica de las cuales fue la de estar a punto de ser engullida por una araña— y de tratar con escarabajos, moscardones, libélulas, mariposas, grillos, mosquitos, etc., es atrapada por los avispones, «los más horrendos bandidos y asesinos que existen en el mundo de los insectos», de los que logra huir para regresar a tiempo de advertir a su reina de que planean un ataque inminente contra su colmena.



A finales del siglo XIX tuvo un gran auge en Alemania el «Jugendstil», la versión centroeuropea del «Art Nouveau», que proclamaba entre otras cosas la necesidad de la poesía y todo lo artístico en la educación de los niños. Proliferaron los libros ilustrados, muchos de ellos con motivos florales. En ese ambiente Bonsels escribió su novela como un cuento pensado y articulado para enseñar muchas particularidades de la vida de los insectos y, también, para transmitir una visión entusiasta y maravillada de los escenarios y seres que Maya va encontrándose.

Bonsels no tiene intenciones satíricas ni alegóricas. Todo lo narra con descripciones poéticas y momentos líricos que demuestran amor a la naturaleza y un agudo espíritu de observación. Presenta con cariño todo lo relativo a la vida de las abejas, a las que califica de pueblo unido y leal. Utiliza las descripciones de los insectos que Maya encuentra para representar distintas actitudes humanas: cuando habla con un saltamontes que no para quieto piensa que «se pone uno muy nervioso con alguien así». No deja de hacer observaciones divertidas, como cuando el ciempiés se lamenta, ante la observadora Maya, que tarda demasiado en poner en movimiento a todas sus patas. Es interesante reparar en que, a pesar del tono algo dulzón del relato, no se disimule la crueldad en los comportamientos de unos animales con otros: el autor no tenía pretensiones de ser políticamente correcto al modo de hoy.

Las aventuras de Maya tienen también su vertiente de novela de iniciación y aprendizaje de la vida, un poco al modo de El viento en los sauces aunque sin tanto encanto pues la narración tiene momentos un tanto enfáticos y los personajes a veces hablan de modo ceremonioso. Entre otras cosas, Maya va mejorando en optimismo, generosidad, valentía…; piensa que «la experiencia es el mayor de los bienes y merece la pena el sacrificio»; se admira cuando ve cuántos animales distintos hay en el mundo, etc. Y después del terrible combate con los avispones, el narrador nos dirá que Maya «ahora sabía para siempre que también sus enemigos eran como ella y tenían que afrontar el difícil momento de la muerte sin ayuda».

Tanto la traducción, a la que pertenecen las citas incluidas en el comentario anterior, como las ilustraciones de la edición de 2019 son excelentes y enriquecen el libro.


6 mayo, 2009
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