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Notas de enero de 2020 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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viernes, 31 de enero de 2020

El “Tío Curro": La conexión española de J. R. R. Tolkien, de José Manuel Fernández Bru, es la biografía del padre Francis Xavier Morgan (1857-1935), un sacerdote católico, discípulo del cardenal Newman, de quien había sido alumno y luego compañero en el Oratorio de san Felipe Neri de Birmingham, que fue tutor de Tolkien. El autor da todos los datos de su ascendencia familiar: nació en Puerto de Santa María, su padre era un bodeguero galés y su madre era hija del fundador de bodegas Osborne. Se presenta bien su carácter afable, cordial y bullicioso, tan en contraste con los ambientes ingleses donde creció y vivió. Fue párroco en el Oratorio de Birmingham, cuando la madre de Tolkien y sus hijos se hicieron católicos. Como tutor de los niños cuando falleció su madre se ocupó de atenderles e, incluso, de cubrir con su dinero los gastos de su educación cuando no alcanzaron los fondos que había dejado su madre para ese fin. Impuso a Tolkien que cortara su relación con Edith Bratt durante tres años cuando vio que estaba en peligro la beca necesaria para su ingreso en Oxford, condición que Tolkien cumplió y cuya oportunidad reconoció en sus cartas años adelante. Cuando Tolkien y Edith se casaron la situación se recompuso y el padre Francis mantuvo un trato cordial y continuo con el matrimonio hasta que falleció. El autor también comenta bien su influencia intelectual y humana en Tolkien.

José Manuel Fernández Bru. El “Tío Curro": La conexión española de J. R. R. Tolkien (2013). Luna Press Publishing, 2018; 180 pp.; ISBN: 978-1911143376. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 30 de enero de 2020

Océano, de Hélène Druvert y Emmanuelle Grundmann, es un álbum espectacular: por su gran formato, por la vistosidad de las ilustraciones, por las hábiles solapas y los cuidadosos troquelados —que a veces son verdaderas filigranas—, por el diseño elegante con el que se disponen los párrafos de texto en la doble página, por las explicaciones claras y precisas.

Después de una brillante presentación, con una página troquelada que es como un encaje de papel, en el lado derecho de «La vida en función de la profundidad» vemos cinco páginas en una: en la orilla, de 0 a 30 metros, hasta 200, de 200 a 1000, de 1000 a 4000 y 4000 a 6000. Las siguientes dobles páginas son «El viaje de una gota de agua», «La marea» y «La costa», donde si se levantan algunas piedras se ven debajo una almeja, un ermitaño, unos bígaros…Después llegan el «Nacimiento de una ola», con otro troquelado como un encaje en el que reconocemos la famosa ola de Hokusai; «El coral», «Teatro coralino», con otro intrincado troquelado; «La cadena alimentaria», donde si abre la boca del tiburón el lector se sorprenderá; «Ocultarse y protegerse», «El calamar gigante», «Las fumarolas negras», «¡Iluminación!», «Los océanos polares», donde debajo de los pingüinos aparece la ballena boreal; «Un océano en peligro».

Hélène Druvert. Océano (Ocean, 2018). Textos de Emmanuelle Grundmann; Madrid: Maeva, 2019; 52 pp.; col. Libros para los que aman los libros; trad. de Mercedes Corral; ISBN-13: 978-8417708146. [Vista del álbum en amazon.es]

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miércoles, 29 de enero de 2020

Bajo las olas, de Xabier Salomó y Maritxell Martí, es una excelente narración de ambiente veraniego. En la primera doble página vemos un niño en la playa. En la segunda las imágenes muestran cómo el niño se mete en el agua. En la tercera el niño en el mar observa, a unos metros, a otro niño con un flotador. En la cuarta el primer niño nada hacia el otro y hablan un poco: el que lleva flotador no sabe nadar y el primero tiene frío, por lo que se despiden. A partir de aquí el relato, casi sin palabras, cambiará de paso por dos veces y sobresaltará a su lector-espectador. Los dibujos de los personajes son mágníficos. Las escenas acuareladas que se muestran son luminosas y tienen una composición excelente. La secuencia de las ilustraciones va metiendo al lector en la historia que, poco a poco, gana tensión y misterio. Desde un punto de vista constructivo, es un acierto, pues involucra de lleno al lector en lo que pasa, el personaje del primer niño que observa y que, al final, aparecerá de nuevo en escena.

Xabier Salomó. Bajo las olas (2019). Texto de Maritxell Martí. Barcelona: Flamboyant, 2019; 76 pp.; ISBN: 978-84-17749-06-4. [Vista del álbum en amazon.es]

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martes, 28 de enero de 2020

La noche de Nandi, de Eileen Browne, tiene iguales protagonistas y escenarios y es un álbum tan alegre y optimista, y tan bien construido, como La sorpresa de Nandi. Esta vez Nandi se queda en casa de su amiga Tindi y ambas duermen solas en una choza. Cuando se están acostando Nandi se inquieta por los ruidos que oye pero Tindi la tranquiliza diciéndole que los miembros de su familia son muy ruidosos. Igual que en el álbum anterior, el lector sabe lo que las heroínas no saben pues las ve a ellas en las páginas izquierdas, en su choza, y ve a un animal, distinto cada vez, en las páginas derechas: cerdo de monte, zorro, puercoespín, murciélago, pangolín, gálago, búho, pájaro carpintero. Los sonidos de cada uno también se indican: «trácata, trácata, traquetea» el puercoespín; «chíiiiii, chíiiii, chirrían» los murciélagos, etc. Las ilustraciones son vistosas y ricas: los personajes tienen unos vestidos muy coloridos y los animales que van apareciendo están pintados con detalle.

Eileen Browne. La noche de Nandi (Handa’s Noisy Night, 2019). Barcelona: Ekaré, 2019; 28 pp.; col. Ponte Poronte; trad. de María Cecilia Silva-Díaz; ISBN: 978-8494890086. [Vista del álbum en amazon.es]

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sábado, 25 de enero de 2020

San Martín de Tours, de Regine Pernoud fue un libro que leí hace años porque me causaba curiosidad que el personaje fuera el patrono de mi ciudad y tuviera tanta presencia en muchos lugares. Al respecto se puede leer su voz en la Wikipedia francesa, mucho más completa que otras pues no en vano más de cuatrocientos pueblos y unas cuatro mil parroquias francesas están dedicadas a él. Como no recordaba bien algunas cosas y tenía pocas notas he vuelto a leerlo y he contrastado una idea con la que me había quedado en mi lectura primera: que es uno de esos libros que ayuda a entender muchas más cosas del origen de nuestra sociedad de las que uno podría pensar.

San Martín (316–397) es uno de los escasos personajes del siglo IV de los que se ha escrito su biografia, un libro que firmó su amigo Sulpicio Severo y que fue un auténtico best-seller de los siglos que siguieron. Sulpicio Severo, que muestra una clara conciencia de los cambios que estaban produciéndose a final del siglo IV, cuenta muchas anécdotas de la vida de san Martín, bastantes propias de una Leyenda dorada, pero que, sea como sea, dan idea de lo característico y lo novedoso del personaje. En particular subraya Pernoud el rasgo de que nunca pudo actuar como creía que debería hacerlo: así, fue soldado sin quererlo ser; cuando pudo dejar esa ocupación intentó ser ermitaño pero acabó cediendo a las peticiones del obispo para ser sacerdote; y más adelante el pueblo le forzó a ser obispo de Tours.

Se convirtió entonces en un obispo itinerante que recorría los pueblos e iba dejando en ellos comunidades a las cuales, a partir de él, se las llamará parroquias (paroikia designaba en griego la casa, la familia, los vínculos domésticos, pero, dentro de los límites de una diócesis, la parroquia nace con san Martín). Algunas actuaciones de su vida muestran cómo el obispo, un obispo como él, era el único recurso que tenía entonces el pueblo frente a los poderosos. En otras se aprecia su preocupación, que no todos tendrán, por la verdad de las reliquias que muchos veneraban: dice Pernoud que san Martín valoraba el sentido de la historia que permite «separar lo verdadero de lo falso».

Otra novedad de san Martín fue que, con su vida, convocó a su alrededor a los primeros monjes, mucho antes de que llegaran san Benito, Cluny y el Císter. Luego, aunque su leyenda aúrea contenga milagros asombrosos, con su modo de actuar propuso un nuevo tipo de santidad ya desde que, cuando era soldado, tuvo gestos impensables como servir a su esclavo y limpiarle los zapatos, un suceso que, señala la biógrafa, parece mínimo pero lo cambia todo. Martín no actuaba como un maestro que predicaba sino como alguien que rezaba y servía y acompañaba: por eso, después de su muerte, la Iglesia comenzó a honrar como santos no sólo a los mártires sino también a los «confesores de la fe».

Pernoud cuenta anécdotas graciosas y hace interesantes incisos. Entre las primeras, por ejemplo, que al ver a una oveja recién esquilada dijo san Martín: «aquí tenemos a una que cumple el precepto evangélico: poseía dos túnicas y dio una a quien no tenía. Eso tenéis que hacer vosotros también». Entre los segundos, no son pocos los paralelismos que hace con nuestra época como cuando destaca que el esfuerzo de san Martín por desterrar las creencias animistas de muchos «prefigura la lucha de la Iglesia contra los ídolos multiformes que renacen sin cesar». También, como quien conozca más libros de Pernoud esperará, cuando habla de la consideración de aquel tiempo hacia las mujeres indica que lo propio de la época de Martín era que la mujer permaneciera invisible, un sentimiento que reapareció en el siglo XVI cuando se prohibió la fundación de órdenes religiosas femeninas que no fueran contemplativas, pues, subraya Pernoud con intención, «únicamente en la época feudal tendrá la mujer verdadera igualdad con el hombre».

El rastro que conduce a san Martín de Tours lo seguimos también si atendemos al origen del término «capilla», que procede de la fama que adquirió la capella, la pequeña iglesia en la que se conservaba la capa que san Martín partió para entregarle la mitad a un mendigo que pasaba frío. Y, por supuesto, lo vemos si atendemos a que varios concilios establecieron que la peregrinación a la tumba de san Martín fuera «la peregrinación de la Galia», lo que la puso al mismo nivel que las de Roma y Jerusalén, algo que comenzó a cambiar cuando, a partir de los siglos VII y VIII, se popularizaron las peregrinaciones a la tumba del apóstol Santiago en Compostela.

Regine Pernoud. San Martín de Tours (Martin de Tours, 1996). Madrid: Encuentro, 1998; 164 pp.; trad. de Marta Romaní; ISBN: 978-8474904826.

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viernes, 24 de enero de 2020

Beowulf es un poema épico anglosajón anónimo escrito en inglés antiguo que Tolkien tradujo al inglés moderno hacia 1926. Hace unos años Christopher Tolkien publicó un libro con esa traducción y que contiene, además del prólogo y de sus notas, una introducción de Tolkien al poema y los comentarios que preparó para sus clases sobre todos los pasajes y palabras discutidas, algo que da idea, dice el editor, de cómo su padre, «a partir de un pequeño detalle gramatical etimológico era capaz de extraer grandes conclusiones». En el libro se incluyen también unas versiones que hizo Tolkien, se supone que hacia los años 30, de las posibles componentes básicas del poema: Sellic Spell, un «cuento maravilloso» en el que se sugiere cómo podría haber sido un cuento popular sobre un personaje como Beowulf sin conexión con las «leyendas históricas» de los reinos del Norte, y El Lay de Beowulf, otra presentación del relato en forma de una balada que puede ser cantada.

Beowulf, el nombre del protagonista, tiene dos partes. La primera sucede cuando, siendo joven, el héroe se ofrece a los daneses para enfrentarse a un monstruo que los aterraba, Grendel, y, después de matarlo, tiene que hacer lo mismo con su no menos terrorífica madre. La segunda parte, cuando Beowulf es ya el rey de su pueblo, los gautas, ha de volver a enfrentarse a otro feroz dragón. Explica Tolkien en su comentario que el manuscrito que nos ha llegado con el poema es del año 1000, aproximadamente, unos doscientos cincuenta años después de que se compusiera; discute cuáles son sus fuentes orales y literarias probables, y qué clase de persona debió ser su autor. Y, según cuenta Christopher Tolkien, su padre al principio intentó una traducción completa en verso aliterado, imitando las formas regulares de la poesía antigua, pero abandonó ese plan y «decidió hacer una traducción tan fiel como pudo al significado exacto y en detalle del poema en inglés antiguo, mucho más fiel de lo que nunca se podría lograr por medio de una traducción al "verso aliterado", pero a pesar de ello conservando cierta indicación del ritmo del original».

Hay versiones diferentes y de distinto tipo basadas en el poema original, como Grendel, una narración en la que John Gardner emplea como narrador al primer dragón que derrotó Beowulf; o como la espectacular y sofisticada versión en cómic que firman un experto guionista como Santiago García y un extraordinario dibujante como David Rubin. Son ambas valiosas pero creo que, sin conocer el original, y sin caer en la cuenta de algunas cosas que explica Tolkien en sus comentarios, no se acaba de comprender bien la importancia y el atractivo de la historia. En particular, señala Tolkien que gran parte de Beowulf «ya era conocido y popular entre el tipo de personas a las que se dirigía» pero que «resulta evidente que el poeta lo volvió a narrar con un propósito intencionado». Y a continuación escribe una alocución que podría haber dirigido el autor de Beowulf a sus oyentes medievales para decirles qué clase de de héroe fue Beowulf (y uno no puede menos de pensar en otros héroes tolkienianos):

«Existe un único Dios, soberano supremo del mundo, y verdadero Rey de la Humanidad. A través de Él son gobernados todos los acontecimientos (…). De Él proceden todas las cosas buenas y dones (incluidos el valor y la fuerza). Esto siempre ha sido así. También era así en los días de los padres de vuestros padres. Es más, ellos lo sabían, al igual que todos los descendientes de Adán, a no ser que fueran seducidos por el diablo y cayeran presos de la desesperanza en tiempos aciagos. Los hombres buenos y sabios de aquellos tiempos temían a Dios y lo alababan.

»Aquí os presento al gran guerrero Beowulf. Lo admiráis. Era digno de ello. Dios le dio el don asombroso de una fuerza más que humana —él lo reconoció como un don—. De niño era impetuoso y temerario, claro está, y disfrutaba alardeando de su fuerza. Pero ahora ya es hombre. Todavía es orgulloso y tiene confianza en sí mismo, lo cual no resulta extraño en uno tan indomable, pero es consciente de Dios. Veréis que, a pesar de sus deseos de gloria y de la aprobación de buenos hombres, el enaltecimiento propio no es su principal objetivo. Puede ganarse la gloria a través de sus hazañas, pero de hecho realiza todas ellas como un servicio para otros. Su primera gran hazaña es la victoria sobre un monstruo que había traído innumerables aflicciones a Hrothgar y su gente: Grendel (…). Sus otras hazañas se llevan a cabo como un servicio para su rey y su pueblo: muere defendiéndolos. Para Beowulf, Beowulf no es lo primero. Es leal, incluso cuando la lealtad juega en su contra. También admiráis la lealtad, aunque hoy en día se practique menos que el coraje y la emulación.

»Era el primo del rey. Cuando Hygelac echó su vida a perder junto con la mayoría de sus tropas en una incursión precipitada en territorios francos, sólo dejó a un niño, Heardred, como heredero. Beowulf era el principal noble y el guerrero más grande del reino, pero él (a diferencia de Hróðulf, que es ensalzado en las historias) no trató de apartarlo del trono, a pesar de que una lucha contra los suecos era inminente. Sucedió a Heardred en el trono sólo cuando éste fue matado por los suecos; ayudó a restablecer el reino y murió mientras lo liberaba de un monstruo aún más grande y terrible que Grendel.

»Ésta, por lo tanto, es una historia sobre un gran guerrero del pasado, que usó los dones que Dios le había dado, de coraje, fuerza y linaje, de manera justa y noble. Pudo haber sido feroz en la batalla, pero al tratar con hombres no era injusto ni despótico, y fue recordado [en las últimas líneas del poema, como el más generoso y el más amable de los hombres, y el mejor protector de su pueblo y el más ansioso por el honor, de entre todos los reyes de la tierra]. Vivió hace mucho tiempo, y en sus tiempos y su reino no habían llegado las noticias de Cristo. Dios parecía lejano, y el diablo estaba cerca; los hombres carecían de esperanza. Murió triste, temiendo la ira de Dios. Pero Dios es misericordioso. Y también a vosotros, que ahora sois jóvenes e impacientes, os llegará la muerte algún día, pero vosotros tenéis la esperanza del Cielo, si usáis los dones según la voluntad de Dios (…)».

Sin embargo, continúa Tolkien, «para poder presentar este "mensaje" en sus propios tiempos, el poeta tuvo que recalcarlo constantemente en su historia, recordando que Dios es Soberano, Dador y Juez. Pudo haberlo hecho con más frecuencia de lo necesario, o más de lo que nosotros consideramos necesario, en ocasiones incluso inoportunamente, pero la historia no iba dirigida a nosotros. Podemos afirmar con bastante seguridad que lo que escribió causó una poderosa impresión en sus tiempos, y fue leído todavía mucho tiempo después. Una recompensa (que seguramente no podría haber esperado) le fue concedida: su trabajo sería el texto poético en inglés antiguo más importante de todo lo que ha sobrevivido a la ruina del tiempo, y su lectura sigue siendo provechosa en sí misma, más allá de su valor adquirido de funcionar como una ventana hacia el pasado. Un castigo por sus defectos menores (que no se merecía) es que hombres ignorantes, incluso de su propia religión, se burlasen de él, o lo llamasen una obra "de poca monta". El hecho de que hoy en día su trabajo no pueda ser leído sin problemas, ni comprendido y valorado en detalle sin un esfuerzo sostenido, se debe al wyrd [o destino] bajo Dios, el destino de todos los hombres de vivir por un tiempo breve en un mundo en el que todo se marchita y queda relegado al olvido. La lengua inglesa ha cambiado —pero ¡no ha mejorado, necesariamente!— a lo largo de mil años. Wyrd ha llevado al olvido casi todo lo que tenía esa lengua; pero Beowulf ha sobrevivido; por un tiempo, mientras la erudición goce de un lugar de privilegio en su país. ¿Por cuánto tiempo? God ána wát» [sólo Dios lo sabe].

Beowulf: Traducción y comentario (Beowulf: A Translation and Commentary, 2014). Barcelona: Minotauro, 2015; 384 pp.; col. Biblioteca J. J. R. Tolkien; trad. de Martin Simonson y Nur Ferrante; ISBN: 978-8445002605. [Vista del libro en amazon.es]
John Gardner. Grendel (1971). San Sebastián: Meetook, 2009; 192 pp.; trad. de Jon Bilbao; ISBN: 978-8493596460. [
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David Rubin. Beowulf (2014). Guión de Santiago García. Bilbao: Astiberri, 2014; 200 pp.; col. Sillón orejero; ISBN: 978-8415685357. [
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jueves, 23 de enero de 2020

El taller de bicicletas (o el secreto inconfesable de Raoul Taburin), de Jean-Jacques Sempé, cuenta que, en un pequeño pueblo francés, Raoul Taburin tiene un taller de bicicletas y una fama legendaria como mecánico de bicis al que acude gente de todas partes. Primero conocemos su infancia y juventud, cómo llegó a ser tan experto en bicicletas, y cómo, sin embargo, es incapaz de montar en una, secreto que nadie conoce. El relato sigue con su vida cotidiana —se casa y tiene hijos— hasta que un día aparece un fotógrafo que desea fotografiarlo montando en bici, cosa que Taburin logra ir retrasando hasta que llega el momento inevitable.

Como en otros libros del autor, ambientados hace ya unas cuantas décadas, el relato se apoya en unos excelentes dibujos coloreados que se complementan con unos pequeños párrafos debajo de cada uno. A diferencia de lo más habitual en Sempé —al menos en lo que yo conozco—, los dibujos muestran más entornos campestres que urbanos. El relato respira optimismo y cordialidad y revela la finura psicológica de quien es un excepcional observador. Quien lo desee puede verlo como un libro que habla de la necesidad de hacer frente a los propios miedos y confesarlos.

Sempé. El taller de bicicletas (o el secreto inconfesable de Raoul Taburin) (Raoul Taburin, 1995). Barcelona: Blackie Books, 2019; 100 pp.; trad. de Miguel Azaola; ISBN: 978-84-17552-42-8. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 22 de enero de 2020

Zoo ilógico, de Ramón París y Raúl Romero, es un álbum vistoso en el se ilustran unas simpáticas bromas de lenguaje. Una primera doble página plantea una pregunta, ¿Cuál es el animal más resistente?, y presenta cinco candidatos; en la siguiente se da y se muestra la respuesta: el rinoserrompe. Otras preguntas son ¿cuál es el animal que está en las bibliotecas?, ¿cuál es el animal más ladrón?, etc. Los animales y las escenas, dibujados en ordenador al modo de las antiguas xilografías, tienen mucho colorido que contrasta fuertemente con unos fondos de colores también restallantes.

Ramón Paris. Zoo ilógico (2019). Texto de Raúl Romero. Barcelona: Ekaré, 2019; 44 pp.; ISBN: 978-84-120600-1-0. [
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martes, 21 de enero de 2020

Marta en el fondo del mar es un tercer álbum de Albertine y Germano Zullo sobre su heroína. En la primera doble página se pregunta qué hay bajo los mares. Así que, para saberlo, compra todo el equipo que necesita, incluido un submarino pequeño y fácil de manejar. Explora el mar pero todos huyen despavoridos de ella, incluida una vieja orca y unos tiburones que piensan que se las han de ver con un nuevo monstruo de las profundidades. Al fin, una pulpo gigante le acaba explicando que no están acostumbrados a ver unos cuernos tan puntiagudos como los suyos, y a partir de ahí hace amigos. Álbum en el que los autores no tienen ningún interés en hacer realista el comportamiento de los animales sino, simplemente, llevar al extremo las situaciones para provocar risas y empatía con una protagonista tan cómica y audaz.

Albertine. Marta en el fondo del mar (Marta et la pieuvrre, 2001). Texto de Germano Zullo. Madrid: Siruela, 2019; 28 pp; col. Siruela ilustrada; trad. de Julio Guerrero; ISBN: 978-84-17624-42-2. [Vista del álbum en amazon.es]

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sábado, 18 de enero de 2020

He puesto datos de nuevas ediciones de El molino del Floss, El pequeño vampiro y Como una novela.

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viernes, 17 de enero de 2020

En Tolkien en la Gran Guerra escribe John Garth que el legendarium de Tolkien adquirió «la dimensión de un conflicto entre el bien y el mal inmediatamente después de la cruenta batalla del Somme», un punto del que habla extensamente el libro citado hace unos días de Joseph Loconte. Al respecto, a los seguidores de Tolkien y, más aún, a los interesados en cuestiones de historia militar o de la primera Guerra Mundial, les gustará leer La batalla del Somme: la batalla más sangrienta de la primera guerra mundial, del historiador inglés Martin Gilbert. En ese libro, para pormenorizar todo lo que sucedió en esa confrontación, el autor se vale de muchos testimonios: entre otros, los de Sassoon y Graves, los de muchos compañeros de Tolkien y los del mismo Tolkien, con quien Gilbert, que en 1962 fue nombrado profesor en el Merton College —el mismo en el que había dado clase Tolkien hasta su jubilación, tres años antes—, charló extensamente.

Dentro de su pormenorizada narración sobre la batalla del Somme, Gilbert cuenta con detalle las acciones en las que participó Tolkien, habla del momento en el que cogió la llamada fiebre de las trincheras, que se transmite a través de las picaduras de piojos, y fue mandado a un hospital de Birmingham el 18 de noviembre de 1916, según se cuenta en el diario del 11º Batallón de Fusileros de Lancashire al que pertenecía. Recuerda también que, muchos años después, Tolkien afirmaba que —al igual que a su personaje Sam Gamyi lo pensó como «un reflejo del soldado inglés, de los soldados rasos y de los ordenanzas que conocí en la guerra de 1914, y que consideré, con mucho, superiores a mí»—, también escenas de El Señor de los anillos como las de «la Ciénaga de los Muertos y las proximidades de Morannon le deben algo al norte de Francia tras la batalla del Somme».

Una de esas escenas, en El Señor de los anillos, es esta: «En sus prisas por avanzar, Sam enganchó el pie en una vieja raíz o en una mata de hierba y trastabilló. Cayó pesadamente sobre las manos, que se hundieron en el cieno viscoso, con la cara muy cerca de la superficie oscura de la laguna. Oyó un débil silbido, se expandió un olor fétido, las luces titilaron, danzaron y giraron vertiginosamente. Por un instante el agua le pareció una ventana con vidrios cubiertos de inmundicia a través de la cual él espiaba. Arrancando las manos del fango, se levantó de un salto, gritando. ‘Hay cosas muertas, caras muertas en el agua’, dijo horrorizado. ‘¡Caras muertas!’, Gollum se rió. ‘La Ciénaga de los Muertos, sí, sí: así la llaman’, cloqueó”». En el Somme, cuenta Gilbert, «muchos soldados tuvieron que enfrentarse a cadáveres que, durante días, semanas e incluso meses, yacieron putrefactos en el fango sin ser importunados, salvo por los bombardeos».

Martin Gilbert. La batalla del Somme: la batalla más sangrienta de la Primera Guerra Mundial (Somme. The Heroism and Horror of War, 2006). Barcelona: Ariel, 2014; 426 pp.; trad. de Silvia Furió; ISBN: 978-84-344-1745-8. [
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jueves, 16 de enero de 2020

En el libro de Joseph Loconte citado días atrás se habla de que los poemas escritos por C. S. Lewis durante la primera guerra mundial, recogidos en un librito titulado Spirits in Bondage (1919), Espíritus en cautiverio, y publicados con el seudónimo de Clive Hamilton, reflejaban la visión que tenía entonces acerca de la imposibilidad de creer en tiempos de guerra. Algunos figuran en Mientras cae la ruina y otros poemas, edición bilingüe de una selección de cuarenta poemas del autor que nunca se habían publicado antes en castellano, y que sus muchos seguidores agradecerán conocer. Lewis, que de joven deseaba ser poeta, no tuvo éxito con sus incursiones en el género: aunque sus poemas fueron elogiados, pues son valiosos y están bien construidos, tienen un tono intelectual que los aleja de muchos posibles lectores. Las numerosas alusiones y referencias que contienen (bíblicas, míticas, literarias…) las detallan bien los editores en unas notas finales.

C. S. Lewis. Mientras cae la ruina y otros poemas. Madrid: Encuentro, 2018; 181 pp.; col. Literaria; edición y traducción de Mónica Serrano y Alvaro Petit; ISBN: 978-8490559154. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 15 de enero de 2020

Yin y el dragón, un cómic del animador chino Xu Yao y el guionista francés Richard Marazano, incluye los tres relatos consecutivos que cuentan la historia: Criaturas celestes (Créatures célestes, 2016), Las escamas de oro (Les écailles d’or, 2017), y Nuestros dragones efímeros (Nos dragons éphemeres, 2018).

En Shangái, en 1937, el ejército japonés se apodera de parte de la costa china y la población sufre. En ese ambiente, Yin, una niña de diez años, sale de pesca con su abuelo y, para sorpresa de los dos, capturan un dragón dorado, al que ocultan en el almacén donde viven. Pese a las reticencias de su abuelo, Yin se hace amiga del dragón, cuyo nombre sabrán luego que es Guang Xinshi. Por otros lados, Yin es acosada por una pandilla de chicos callejeros y las tropas japonesas están a punto de entrar en el almacén, cosa que no sucede porque un oficial les dice que no lo hagan. Entretanto, el dragón va contando a Yin la gran amenaza que supone para todos el gran dragón negro Xi Qong, a quien él ha servido un tiempo, y que pronto reaparecerá.

Relato que se apoya en antiguas leyendas tradicionales chinas. Tiene unos aires ingenuos e intenta ser aleccionador tanto sobre los males de la guerra como sobre la fuerza de la bondad. El personaje de Yin es cautivador. Los escenarios están magníficamente presentados. El paso narrativo es perfecto: el ilustrador es también cineasta y combina una gran variedad de viñetas de distintos tamaños, con toda clase de perspectivas y planos de los personajes. El colorido cambia de acuerdo con los momentos y los ambientes del relato: nocturnos y diurnos, grises en las callejuelas donde se desenvuelven los pilluelos, oscuros cuando se presenta la desolación que causa la guerra, dorados cuando entra en escena el dragón.

Xu Yao. Yin y el dragón (Yin et le dragon, 2016-2018). Guión de Richard Marazano. Madrid: Dib-buks, 2019; 174 pp.; trad. de Fabián Rodríguez Piastri; ISBN: 978-84-17294-38-0. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 14 de enero de 2020

Juego de letras es un excelente álbum-abecedario compuesto por Oscar Villán y Antonio Rubio. En cada página figura una letra debajo de la cual, después de levantar una solapa, se ve algún objeto que tiene la misma forma que la letra y tres pequeños versos que lo presentan: «Con una A / la tienda de los indios / abierta está»; «Con una B / la mariposa vuela, / no sé por qué»; «Con una C / la luna desde el cielo, / le sonríe a usted»; «Con una D / la raja de sandía / ¡qué dulce es!»... Como corresponde a su contenido y a sus lectores naturales (un punto que hoy no es nada obvio), el álbum es muy legible: las ilustraciones son fáciles de reconocer, los textos van sobre fondo blanco, son divertidos los juegos que se proponen con los sonidos y las imágenes y es fácil que induzcan a continuar con otros semejantes.

Oscar Villán. Juego de letras (2019). Textos de Antonio Rubio. Pontevedra: Kalandraka, 2019; 30 pp. en cartoné y troqueladas; ISBN: 978-84-8464-471-2. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 13 de enero de 2020

Tengo amigos con verdadero talento para contar relatos a sus hijos pequeños, y amigos con hijas que tienen unas extraordinarias dotes para el dibujo. Con ellos he hablado a veces, con poco éxito, de que deberían animarse a transformar esas historias y esos dibujos en álbumes y darlos a conocer... Por eso me ha alegrado encontrar un álbum con esos orígenes y ese espíritu: El elefante Romualdo, un álbum confeccionado por Daniel Castillejo Pons a partir de dibujos de su hija Marina. En él se nos cuenta que el protagonista vive en una selva con flores de distintos colores y frutas de distinta clase, y que tiene amigos como el Oso Primoroso, la Gallina Catalina, la Jirafa Buenaza y el León Manolón, y un enemigo, el Cocodrilo Leopoldo. El relato está bien contado, en él se añaden pequeños acertijos e informaciones, el héroe y sus amigos resultan graciosos, las coloristas ilustraciones están bien compuestas, y el incidente entre Romualdo y Leopoldo recuerda el del cuento de Kipling El pequeño elefante (o de cómo el elefante llegó a tener trompa).

Daniel Castillejo Pons y Marina Castillejo Gómez. El elefante Romualdo (2019). Edición independiente; 34 pp.; ISBN: 978-1078124928. [Vista del álbum en amazon.es]

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sábado, 11 de enero de 2020

Ética: Cuestiones fundamentales, de Robert Spaemann, es un libro con ocho capítulos titulados así: «Ética filosófica o, ¿son relativos el bien y el mal?», «Educación o el principio del placer y de la realidad», «Formación, o el propio interés y el sentido de los valores», «Justicia o yo y los otros», «Convicción y responsabilidad o ¿el fin justifica los medios?», «El individuo o ¿hay que seguir siempre la conciencia?», «Lo absoluto o ¿qué convierte una acción en buena?», «Serenidad o actitud ante lo que no podemos cambiar».

El autor plantea los temas con claridad y da respuestas con admirable fluidez. Seguramente contribuyó a eso que, antes de formar parte de un libro, cada uno de los capítulos fuese una charla radiofónica, lo cual quiere decir que tienen un amable tono conversacional. Como es imposible resumir un gran resumen y, además, algunas citas de Spaemann de este libro ya las puse en esta sección de la página, haré a continuación un comentario hilando una idea o un párrafo de cada uno de los ocho capítulos con el propósito de suscitar interés por leer el libro.

En relación a si son relativos el bien y el mal el autor indica que decir que cada uno debe hacer lo que le gusta «puede significar que cada uno tiene que habérselas con los gustos de los demás como le apetezca, amigable y tolerantemente, o de manera violenta e intolerante. Pero puede también significar que cada uno debe respetar los gustos de los demás. Una tal exigencia de tolerancia limita justamente los propios gustos. Se debe dejar claro que la tolerancia no es de ningún modo, como se dice a veces, una consecuencia evidente del relativismo moral. La tolerancia se funda más bien en una determinada convicción moral que pretende tener validez universal. El relativismo moral, por el contrario, puede decir: ¿por qué debo yo ser tolerante? Cada cual debe vivir según su moral y la mía me permite ser violento e intolerante».

En cuanto a cómo aprender y cómo enseñar a vivir correctamente explica Spaemann que «el comienzo de toda Ética, de todo consciente preguntarse por la vida recta», se da cuando «el niño, desde la parcialidad de su subjetivo mundo de sentimientos, es introducido cuidadosa y resueltamente en la realidad: realidad que es como es, independiente de nosotros». Entonces el niño aprende que «solamente ante una realidad que nos ofrece resistencia podemos desarrollar nuestras fuerzas» y que «las alegrías más profundas de la vida se relacionan con el desarrollo de nuestras fuerzas y capacidades». La tarea del educador es la «de introducir al niño en la realidad que está frente a él y es independiente de él».

Habla después de que, frente a la realidad, hay maneras de comprender qué cualidades son las más valiosas. Así, «existe un criterio muy preciso que es la intensidad del gozo que se experimenta, por ejemplo, con la lectura de determinados libros. Puede suceder que uno no goce leyendo a Shakespeare y sí lo haga leyendo novelas policiacas: este, naturalmente, no puede dialogar; y mucho menos [podrá] el que no haya leído con gusto ni siquiera una novela policiaca. Pero quien haya gozado leyendo tanto una novela policiaca como a Shakespeare, tiene la experiencia de que su gozo [al leer al segundo] posee una mayor intensidad, hondura, duración y reiterabilidad que el otro, aunque sea a la vez más exigente, menos apremiante y no se le pueda captar o invocar en cada momento». Se podría decir, por tanto, que «el carácter apremiante de los valores está casi siempre en razón inversa a su altura, porque precisamente los más altos, los que producen más gozo, requieren cierta disciplina para ser captados».

Pero prestar atención a la realidad para captar el sentido de los valores no es siempre fácil. En el capítulo cuarto, dedicado a la justicia, Spaemann recuerda que Sócrates enseñaba «que uno no sabe lo que la palabra “bueno” significa si ese saber no tiene consecuencias para él». De ahí concluye que «la educación debe hacer capaz al hombre de librarse de la sensación del momento» para darle precisamente la capacidad de hacer lo que realmente quiere; debe ayudarle a «aprender a conducir su vida, más que a dejarse llevar». La tarea de la educación o formación es, pues, «esclarecer el contenido valioso de la realidad, formar los diversos intereses objetivos».

En esa dirección nos orienta Kant cuando afirma que «en ningún acto podemos usarnos o usar a los demás como puros medios. Se le ha objetado que necesitamos continuamente unos de otros como medios, si queremos lograr determinados fines. Toda la vida descansa ahí, a fin de cuentas. Cosa que, como es natural, también sabía Kant. Lo que él quería decir es lo siguiente: podemos usar de los demás como medios, pero sólo parcialmente [cuando] nos aprovechamos de ciertas capacidades y prestaciones de los demás. (…) Se niega que sean un fin en sí mismos cuando, por ejemplo, se les esclaviza o se les tortura, o se les mata siendo inocentes, o se abusa sexualmente de ellos. Kant pensaba que también cuando se les miente, pero no discutiremos ahora ese punto».

Después de reflexionar, en el capítulo previo, si el fin justifica los medios, el autor se pregunta en este, el sexto, si hay que seguir siempre la conciencia. Apunta la idea de que si el hombre es un ser que necesita la ayuda de otros para llegar a ser lo que propiamente es, esto «vale también para la conciencia. En todo hombre hay como un germen de conciencia, un órgano del bien y del mal. Quien conoce a los niños sabe que esto se aprecia fácilmente en ellos. Tienen un agudo sentido para la justicia, y se rebelan cuando la ven lesionada. Tienen sentido para el tono auténtico y para el falso, para la bondad y la sinceridad; pero ese órgano se atrofia si no ven los valores encarnados en una persona con autoridad. Entregados demasiado pronto al derecho del más fuerte, pierden el sentido de la pureza, de la delicadeza y de la sinceridad. Para ellos, la palabra es, ante todo, un medio de transparencia y de verdad. Pero cuando, por miedo a las amenazas, aprenden que hay que mentir para librarse de ellas, o experimentan que sus padres no les dicen la verdad y emplean la mentira en la vida diaria como normal instrumento de progreso, desaparece el brillo de sus conciencias y se deforman».

Para ver luego qué convierte una acción en buena es necesario señalar que «la conciencia no es un oráculo sino un órgano. Y como tal puede estar mal orientada. (…) El punto de vista moral, el punto de vista del bien, es absoluto. (…) No tiene ningún sentido decir: sería bueno hacer esto, pero en este momento el bien debe esperar. El bien es precisamente lo que no debe ni puede nunca dejar paso a otras cosas. En cambio, cualquier valor o contenido, en determinadas circunstancias, frente a valores más altos, debe — así parece — dejar paso a tareas más urgentes o deberes más fundamentales». De nuevo nos orienta Kant cuando asegura que «el hombre no tiene valor sino dignidad, ya que cualquier valor es conmensurable y puede entrar en un cálculo comparativo. Llamamos “dignidad”, por el contrario, a aquella propiedad merced a la cual un ser es excluido de cualquier cálculo, por ser él mismo medida del cálculo».

Las consideraciones anteriores nos pueden parecer difíciles cuando nos encontramos ante situaciones que nos parece que no podemos, o que realmente no podemos cambiar. De hecho, estamos acostumbrados a políticos que nos «explican no poder hacer de momento su política, porque no se dan las condiciones para ello. Esas personas no saben lo que significa la acción política. Lo que significa es: hacer algo lleno de significado, algo razonable en las actuales condiciones, que nosotros no hemos escogido, es decir, lo mejor que permiten esas circunstancias, y que quizás puede consistir en intentar cambiar esas condiciones». La cuestión, más en general, está en que «pertenece a las fundamentales obligaciones del hombre» cultivar la serenidad y facilitar a los demás una serena aceptación del destino: «la serenidad es una propiedad del hombre feliz» pero la felicidad, tal como lo expresó Baruch Spinoza, y con esta frase termina Spaemann su libro, «no es el premio de la virtud sino la virtud misma».

Robert Spaemann. Ética: Cuestiones fundamentales (Moralische Grundbergriffe, 1982), Pamplona: Eunsa, 2010, 9ª ed.; 136 pp.; col. Astrolabio; ISBN: 978-84-313-2335-6. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 10 de enero de 2020

Explica John Garth en Tolkien y la Gran Guerra que el legendarium de Tolkien adquirió «la dimensión de un conflicto entre el bien y el mal inmediatamente después de la cruenta batalla del Somme. Sobre esto, sobre cómo las vivencias de la primera Guerra Mundial fueron materia prima para las obras de ficción de Tolkien y de C. S. Lewis, trata Un hobbit, un armario y una gran guerra, un documentado ensayo de Joseph Loconte.

En los dos primeros capítulos el autor habla de las ideas predominantes, antes de la guerra, acerca del mito del progreso y de la gran confianza que había en los proyectos eugenésicos, del choque que supuso la guerra mundial para quienes acariciaban esas ideas, y luego de la forma en que muchos plantearon la guerra como un momento histórico que haría progresar los ideales del cristianismo y la democracia.

En los dos siguientes el autor se fija en las actitudes personales de Tolkien y Lewis ante la guerra, enseña con ejemplos y datos cómo el inquietante realismo de las escenas bélicas tolkienianas se puede poner en paralelo con algunas vivencias que tuvo, muestra que las experiencias en la guerra de Lewis reforzaron su ateísmo, y explica cómo lo que vivieron también les condujo al fuerte rechazo ante los abusos de la ciencia y la técnica que luego reflejaron en sus ficciones.

El siguiente capítulo presenta el clima intelectual de Oxford en los años veinte y cómo se produjo la conversión de Lewis; entre otras cosas se cuenta la famosa conversación entre Tolkien y él del sábado 19 de septiembre de 1931 en la que Lewis adquiere una mayor comprensión de la naturaleza del mito y acepta la verdad del cristianismo.

Se habla por último, en una conclusión titulada «El retorno del Rey», de que los dos renovaron temas y tradiciones propios de la literatura medieval y recuperaron el concepto medieval de las hazañas heroicas, y de que sus novelas, sin visiones edulcoradas, dejan el poso de una esperanza genuinamente cristiana.

Joseph Loconte. Un hobbit, un armario y una gran guerra (A Hobbit, a Wardrobe, and a Great War, 2015). Madrid: Larrad ediciones, 2018; 320 pp.; trad. de Juan Manuel Vaquero Vázquez; prólogo de Eduardo Segura; ISBN: 978-84-948898-1-3. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 9 de enero de 2020

NonNonBa es un manga que trata de los dos temas en los que destaca Shigeru Mizuki (1922-2015): el yôkai, relatos sobre criaturas del folclore fantástico japonés, y el gekiga, relatos de tipo adulto como los autobiográficos. Es un libro que ha de leerse al modo japonés, empezando por el final y leyendo las viñetas de derecha a izquierda.

La historia se ambienta en un pueblo costero en el Japón de los años treinta. Siendo niño, el autor tuvo mucho trato con una vecina viejecita llamada NonNonBa, conocedora de las creencias tradicionales en toda clase de fantasmas y espíritus. Toda la vida del pequeño Gege —los problemas familiares, el trato y las peleas con los amigos, las primeras niñas que le gustan, su afición a dibujar, etc.—, se transforma imaginativamente debido a las cosas que le cuenta NonNonBa.

La narración es excelente: por supuesto gráficamente pero también el guión lo es. Está llena de nostalgia, como de quien recuerda un pasado en el que había magia en las cosas, y tiene mucho sentido del humor. Además, indirectamente tiene interés sociológico por lo que muestra de los ambientes propios de la época y del choque que comienza a darse entre un mundo tradicional antiguo y un mundo moderno emergente.

Shigueru Mizuki. NonNonBa (1977). Bilbao: Astiberri, 2010; 412 pp.; trad. de Alberto Sakai; ISBN: 978-84-92769-34-6. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 8 de enero de 2020

De los álbumes de arte que proceden de la colección del MoMA, el Museo de arte moderno de Nueva York, y que se han editado en castellano hasta el momento, El jardín de Matisse, de Cristina Amodeo y Samantha Friedman es el único que me ha gustado... El relato cuenta un poco del periodo en el que el pintor hizo «pintura con tijeras», unos collages preparados con recortes de hojas de papel blanco pintadas con gouache. Se muestran en el álbum reproducciones de ocho de sus obras, varias en seis páginas que aparecen cuando tres dobles páginas se despliegan a izquierda y derecha. Comienza cuando Matisse recorta un pájaro de un trozo de papel y, como le pareció solitario, recortó más papeles con formas de pájaros y, poco a poco, transformó las paredes de su casa en una especie de jardines, con plantas, animales y formas de todos los tamaños. Al final se da una breve información biográfica.

Cristina Amodeo. El jardín de Matisse (Matisse’s Garden, 2014). Texto de Samantha Friedman. Madrid: SM, 2017; 40 pp.; col. MoMA; trad. de la editorial; ISBN: 978-84-675-2324-9. [Vista del álbum en amazon.es]

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martes, 7 de enero de 2020

Un Zorro, álbum subtitulado Un libro (de miedo) para contar, es un muy buen debut de Kate Read. Se cuenta en él cómo un zorro acecha una granja de gallinas, en sucesivas dobles páginas que muestran 1 zorro hambriento, 2 ojos astutos, 3 gallinas regordetas, 4 garras sigilosas, etc. Las ilustraciones coloristas, compuestas con collages, tienen fuerza, están bien compuestas y secuenciadas para que la tensión vaya en aumento. Ahora bien, mientras que a un lector rural de hace décadas el desenlace le puede sorprender, a un lector urbano de hoy no lo creo, pues sabe bien que no hay álbumes con zorros comiéndose a una gallina y sabe aún mejor que un zorro antiguo nada tiene que hacer ante las gallinas ilustradas de hoy.

Kate Read. Un Zorro. Un libro (de miedo) para contar (One Fox. A Counting Book Thriller, 2019). Barcelona: Zorro Rojo, 2019; 32 pp.; trad. de Estrella B. del Castillo; ISBN: 978-84-947735-9-4. [Vista del álbum en amazon.es]

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