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Notas de octubre de 2020 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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sábado, 31 de octubre de 2020

En bienvenidosalafiesta: notas del mes de octubre.

A destacar del mes: un álbum escrito hace tiempo pero publicado de nuevo hace poco como El pájaro muerto; una novelita amena de aventuras marineras y colegiales como Las arenas de la isla Tiburón; un magnífico libro de conocimientos como Comerse el tarro; y un gran libro de viajes como Los sótanos del mundo.

En nuevocuaderno: notas del mes de octubre, varias sobre grandes editores norteamericanos.

En Libros para jóvenes: notas del mes de octubre.

En medium he puesto reseñas largas de ‘Permanecer. Para escapar del tiempo del movimiento perpetuo’, de François-Xavier Bellamy; de ‘Una leve exageración’, de Adam Zagajewski; de ‘Cómo ser conservador’, de Roger Scruton; y de ‘La desaparición de los rituales’, de Byung-Chul Han.

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SingerMundoQueYaNoEsta.jpg
viernes, 30 de octubre de 2020

De un mundo que ya no está, memorias de infancia de Israel Yehoshua Singer, es una lectura muy amena para quien esté interesado en las vidas de los judíos centroeuropeos en el siglo XIX y primeras décadas del XX. Este relato, complementario con los de su hermana Esther Singer Kreitman y su hermano Isaac Bashevis Singer, formaba parte de la intención del autor de contar su historia y la de su familia hasta que llegó a los EE.UU. en 1933, pero a su muerte sólo dejó escrito lo relativo a su infancia y primera adolescencia. Su tono es amable pero por momentos tiene la aspereza de las memorias de su hermana Esther y no alcanza la calidez que sí tiene la narración de su hermano Isaac, mucho más joven que él y que no está presente durante lo que se cuenta aquí.

Se desarrolla, casi por completo, en el pueblo, o shtetl, de Lentshin, cerca de Varsovia, aunque hay también unos capítulos sobre sus estancias en el pueblo de su abuelo materno, Bilgoray, también rabino como su padre pero de mucho más rango. La personalidad timorata y sumisa de su padre, y la superioridad intelectual de su madre, que tampoco era muy buena ama de casa, hacen que para el autor su hogar fuese sombrío y que prefiriese la calle. Sus primeros maestros en el judaísmo tampoco fueron muy atractivos, y si acontecimientos como la muerte de sus hermanas pequeñas ya supusieron un golpe para su fe en la bondad de Dios, según cuenta, el que no se cumpliera la venida del Mesías cuando todos en su entorno lo esperaban también hizo que su confianza en las palabras de los textos sagrados quedase duramente dañada.

«Desde la primera infancia, en mí ardía una insaciable curiosidad por las personas y sus actos», afirma el narrador, y a través de sus ojos vemos ambientes, personajes y anécdotas singulares. Habla de las tensiones familiares y sociales que percibe a su alrededor, también de algunos momentos de persecución por parte de la población cristiana, de las costumbres que impregnaban la vida judía como las celebraciones del Sabbat, o de los juicios de tipo matrimonial en los que mediaba su abuelo y de su costumbre de acoger y dar de comer a los mendigos en su propia casa (con gran enfado de su mujer). No faltan las bromas, como cuando habla del consuegro de su abuelo, «el autor de numerosos libros según los cuales todo está prohibido», a quien su abuelo le dice: «¡Ah, reb Yeshaya! No para usted de descubrir lo que los judíos no deben comer. Eso no tiene mucho mérito. Mejor sería descubrir lo que sí les está permitido. Los indigentes necesitan comer, reb Yeshaya».

Israel Yehoshua Singer. De un mundo que ya no está (Fun a Welt Wos Iz Nishto Mer, 1943). Barcelona: Acantilado, 2020; 308 pp.; trad. de Rhoda Henelde y Jacob Abacasís; ISBN: 978-84-17902-31-5. [Vista del libro en amazon.es]

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MatosoComerseTarro.jpg
jueves, 29 de octubre de 2020

Comerse el tarro: guía para descubrir el cerebro, de Isabel Minhós Martins y María Manuel Pedrosa, con ilustraciones de Madalena Matoso, es un gran trabajo divulgativo, primero por lo bien hecho y diseñado que está, luego por la dificultad de abordar la materia de un libro así, después por el acierto de las ilustraciones descriptivas o conceptuales, en tres colores, que acompañan los textos, y, por último, porque la edición es buena y, en lo que yo he podido apreciar, parece cuidado el rigor en las revisiones.

El libro tiene una introducción con dos secciones «¿Por qué decidimos hacer este libro?» y «10 ideas (para pensar)»; una primera parte con los capítulos «Entonces, ¿qué hay aquí dentro?», «Crecimiento», «Sentidos», «Aprendizaje», «Memoria», «Consciencia», «Cuerpo y acción», «Emociones», «Los otros y yo», «Creatividad», «Experiencia estética»; y una segunda parte titulada «Si te apetece saber más…» cuyos capítulos son «Cerebros diferentes», «En buena forma», «El cerebro de los animales», «Hechos y mitos», «Historia», «Mapas» y unos apartados con comentarios de las autoras y los revisores.

El texto está redactado con claridad, precisando en todo momento qué se sabe y qué no, y con amenidad, pues no faltan explicaciones de casos famosos y citas valiosas (así, en «Creatividad», un gran capítulo, esta cita de Robert Bresson sobre su proceso de montaje: «aproximar cosas que nunca habían sido aproximadas y que no parecían predispuestas a serlo»). Al hilo del discurso hay recuadros con anécdotas (por ejemplo, en «Consciencia», uno acerca del surrealismo sobre «El artista, el inconsciente y una cuchara»), propuestas al lector (como, en «Aprendizaje», uno sobre «Jugando también se aprende»), o comentarios históricos (en «Historia» hay uno que se titula «¡Santiago Ramón y Cajal merece un recuadro extra!»). Libro no solo para lectores jóvenes, para quienes puede ser un buen punto de partida para futuros aprendizajes, sino también para lectores adultos que deseen un buen primer acercamiento al tema.

Isabel Minhós Martins y María Manuel Pedrosa. Comerse el tarro: guía para descubrir el cerebro (Cá dentro, 2018). Logroño: Fulgencio Pimentel, 2018; 366 pp.; ilust. de Madalena Matoso; trad. de María Carro y Joana Carro; ISBN: 978-84-16167-75-3. [Vista del libro en amazon.es]

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MourlevatJefferson.jpg
miércoles, 28 de octubre de 2020

Jefferson, de Jean-Claude Mourlevat, es un relato que por un lado me ha gustado y por otro me ha desagradado. Se desarrolla en un país de animales humanizados que tiene frontera con otro en el que viven seres humanos. Su protagonista es un joven erizo que, al ir a la peluquería y encontrarla cerrada, decide entrar por la parte de atrás y entonces encuentra al dueño, el tejón Edgar, asesinado en el suelo; sin saber qué hacer le quita la tijera y, en esa situación, es sorprendido por una clienta, que le acusa de ser el asesino. Entonces Jefferson huye y, de acuerdo con su amigo Gilbert, un cochinillo alegre y optimista como pocos, hacen un plan para descubrir quién mató a Edgar. Para eso viajan de incognito al país de los seres humanos uniéndose a una excursión de una agencia de viajes.

Lo mejor del libro es su realización: está bien escrito, sus personajes son graciosos y amables, y su trama se tensa desde las primeras páginas y así se mantiene hasta el final. Lo peor es su espíritu adoctrinador: todo está dirigido a convencer a los lectores de la bondad del veganismo y de la necesidad de luchar «contra la explotación, el transporte y la matanza industrial de ganadería». En esta línea, tan de nuestros días, de intentar inculcar a los niños espíritu de combate hacia realidades que, por su edad, no están en condiciones de conocer bien, las lecciones morales son simplistas y explícitas: de uno de los personajes se afirma que «era generoso e inteligente. Era propio de él participar en la lucha animalista». En fin, ya se ve que si en la LIJ del pasado abundaban la manipulación emocional y el adoctrinamiento, no abundan menos en la LIJ del presente.

Jean-Claude Mourlevat. Jefferson (2018). Madrid: Nórdica, 2020; 278 pp.; col. Nórdicainfantil; trad. de Delfín G. Marcos; ilust. de Antoine Ronzon; ISBN: 978-84-18067-43-3. [Vista del libro en amazon.es]

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TeckentrupLuna.jpg
martes, 27 de octubre de 2020

Luna. La noche alrededor del mundo, de Brita Teckentrup y Patricia Hegarty, es un álbum que pertenece a una serie de la que he mencionado aquí ya Las cuatro estaciones y Abeja—. Es un libro que muchos disfrutarán por más que técnicamente no sea exacto: ni la luna es como se pinta, ni el orden de las fases de la luna es el correcto… Pero, dicho esto, es un álbum muy bien hecho que no pretende tanto ser informativo como inducir a la observación maravillada del mundo.

Se presentan fondos oscuros iluminados por un troquelado de la luna en cada página derecha, que la van mostrando en cuarto creciente, luna llena, luna nueva y cuarto menguante —un orden inexacto debido, seguramente, a que los troquelados imponen sus condiciones para que el álbum «funcione»—. Vemos bosques con ciervos, zorros y otros; desiertos con cactus, conejos, escorpiones y otros animales; frailecillos en el Polo Norte, aves migratorias que vuelan de noche; loros multicolores en la jungla; tortugas en las costas del sur; ratones de campo en un paisaje campestre; medusas en las profundidades del océano; una osa y su osezno en las montañas; jirafas, elefantes y otros animales de la sabana; pingüinos en el Polo Sur; ciudades…

Aparte de su maestría con los troquelados, la ilustradora da más brillantez a su álbum haciendo que brille la luna y que las estrellas que asoman al final también sean doradas. Dos líneas de texto sencillo, y que riman con las de la página siguiente, van en la franja inferior de cada página y acompañan bien las imágenes.

Britta Teckentrup. Luna. La noche alrededor del mundo (Moon – Nightime around the World, 2017). Texto de Patricia Hegarty. Madrid: Bruño, 2018; 32 pp.; col. Cubilete; trad. de Pilar Roda; ISBN: 978-84-696-2195-0. [Vista del libro en amazon.es]

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BARAJAS-04BF.jpg
sábado, 24 de octubre de 2020

Como vengo poniendo notas los sábados sobre Autores de referencia, he pensado que también podría recordar en ese apartado a los escritores a los que he dedicado libros —Chesterton, Dickens, Stevenson, Dostoievski, Golding, McCarthy, y los comentados en Formas de la felicidad—, a la espera de terminar otro sobre Tolkien y, con ese motivo, una nueva edición digital del ya publicado sobre C. S. Lewis.

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BariccoCiertaIdea.jpg
viernes, 23 de octubre de 2020

Una cierta idea de mundo, de Alessandro Baricco, es un libro con reseñas o comentarios a libros que gustaron al autor: «Un día se me ocurrió la idea de que si me ponía a hablar de ellos, de uno en uno, solo de los buenos, sin hacer nada más que eso, se me ocurrió que de ahí podía surgir una cierta idea de mundo», la suya. Entre otros, anoté estos comentarios:

A El oso, de Faulkner: «No es por ponerme a hacer clasificaciones, pero si tuviera que deshacerme de todo y quedarme solo con diez libros que releer el resto de mi vida, El oso estaría entre ellos, solo para recordarme que se puede narrar también de ese modo, de ese absurdo e ilógico modo».

A propósito de las narraciones del Oeste de Elmore Leonard: «Escribir un western —siendo este un género cinematográfico por antonomasia— no es cualquier cosa, podría ser equiparable a hacer una mayonesa sin huevo (hay quien la hace). Poneos a escribir un tiroteo y entenderéis lo que quiero decir. Uno se ve obligado a decantarse más por lo introspectivo, por no decir por lo filosófico, y acaba con pistoleros que piensan muchísimo, con el riesgo que eso conlleva (si piensas mucho NO eres un pistolero, es evidente). Leonard se las ingenia con una jugada lateral que, si se quiere, es la misma que hizo grande a Sergio Leone: hacerlos pensar poco pero con movimientos lentos y hablando como Dios».

Acerca de El Gatopardo: al hablar del italiano, entendido como lengua literaria, El Gatopardo «destaca majestuosamente como una formidable lección. Incluso al más inculto de los lectores bárbaros le bastaría con abrirlo para entender que algo pasa. ¿Dónde ha ido a parar esa lengua tan refinada, exacta, opulenta, sensual, física y elegante? Cuando lees a Gadda piensas lo bueno que era, cuando lees a Calvino piensas lo escaso que eres tú, pero cuando lees El Gatopardo lo que piensas es lo hermoso que es el italiano. Nada le podrá quitar nunca a ese libro esa mágica capacidad de encarnar no ya el talento de un escritor sino el de una lengua, así como de cierta cultura literaria. Creo que esto tiene que ver con su ausencia de virtuosismo, con su naturalidad, con su normalidad. No se fuerza el lenguaje, existe solo el desarrollo de la potencialidad de un léxico resplandeciente que respeta ciertas armonías rítmicas atávicas, con el sabor de cada preciado sonido, y con la ambición de no perder por el camino ninguna posible precisión. (…)

Dicho esto, sé que El Gatopardo ayuda a recordar tres cosas: la primera, que el italiano es una lengua fantástica, con lo que estaría bien transmitirla toda cuando se escribe, o al menos no transitar demasiado por el atajo del dialecto; segundo, escribir libros es una cosa, hablar es otra, y si tuviera que explicarlo mejor diría que en la escritura literaria una lengua nacional se hace adulta, en el habla vuelve a ser niña (ambas experiencias, por cierto, fundamentales); tercero, que si al hecho de escribir libros se le suprime la ambición de habitar plenamente y de modo suntuoso una lengua —como hacen los entendidos, expertos o exploradores—, el perfil del escritor se desfigura hasta tal punto que cualquiera que sea lo suficientemente avispado y paciente será capaz de escribir un libro. Lo que (y esto espero no tener que explicarlo) no supone para nada la conquista de la cultura que uno cree».

Alessandro Baricco. Una cierta idea de mundo (Una certa idea di mondo. I migliori cinquanta libri che ho letto negli ultimi dieci anni, 2012). Barcelona: Anagrama, 2020; 200 pp.; col. Argumentos; trad. de Carmen García Beamund; ISBN: 978-8433964472. [Vsta del libror en amazon.es]

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ZommerLibroFlores.jpg
jueves, 22 de octubre de 2020

El gran libro de las flores es un nuevo álbum de gran formato de Yuval Zommer. Tiene igual estructura que los anteriores de la serie: en cada doble página unas ilustraciones vistosas y coloristas sobre un tema y una media docena de recuadros breves con informaciones y curiosidades, al principio se propone un acertijo al lector —encontrar 15 bulbos dorados escondidos en las ilustraciones—. De los 26 capítulos los primeros tratan de «Familias de flores», «Anatomía floral», «Polinizadores», «Flores de colores», «Flower power», «Venus atrapamoscas», «Rosas», «Proteas, «Flores de cerezo», «Nenúfares gigantes», etc. Hay uno sobre «Los jardineros de Kew» —los asesores del libro—; los últimos, como es habitual, tratan sobre «Las flores y nosotros», «Salva las flores«, «Cultiva tus propias flores»; y, al final, se resuelven dudas en «¿Encontraste?» y se ofrecen unas «Palabras florales (aprende a hablar como un experto)» y un buen «Índice». En fin, un buen libro para pequeños, y no tan pequeños, botánicos o futuros botánicos o jardineros, también para saber que hay plantas tramposas como las plantas jarro y peligrosas como las de la belladona. En algunas ocasiones la legibilidad se resiente porque las palabras van en colores oscuros sobre fondos oscuros y porque varias dobles páginas se han de leer girando noventa grados el álbum.

Yuval Zommer. El gran libro de las flores (The Big Book of Blooms, 2020). Barcelona: Juventud, 2020; 64 pp.; asesoramiento de Barbara Taylor, y de Elisa Biondi y Scott Taylor, del Real Jardín Botánico de Kew, trad. de Susana Tornero; ISBN: 978-84-261-4643-4. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 21 de octubre de 2020

El bosque, de Violeta Lópiz y Valerio Vidali, sobre un texto de Riccardo Bozzi, es un libro de gran formato que capta el interés por su atractivo visual: por la belleza de sus ilustraciones y porque todas las hojas son dobles, algo necesario para combinar acuarelas con troquelados y con golpes en seco, o relieves, que al principio van sobre páginas en blanco, y al final, a veces, forman parte de la misma ilustración.

Los textos cortitos que acompañan las imágenes hablan, más o menos poéticamente, de un bosque recorrido por unos exploradores que van descubriendo en él cosas distintas; esos exploradores se representan con caras (que van en relieve y en páginas en blanco), que al principio son de niños y que, poco a poco, van siendo de adultos y, al final, de un viejo. Se supone, por tanto, que el libro se dirige más bien a lectores adultos pues habla de la vida de cualquiera como un viaje a través de un mundo de posibilidades que van abriéndose ante nosotros y modelándonos.

El libro, en conjunto, no cumple las expectativas tan altas que, al verlo y abrirlo, despierta en el lector: decepciona la poca consistencia, o la formulacion en textos enigmáticos, de su hilo argumental, por lo que la belleza y sofisticación de las ilustraciones y de toda la edición, parecen desproporcionadas o poco justificadas. En cualquier caso, lo que quedará del libro es una extraordinaria y costosa realización gráfica de la que los lectores pueden disfrutar dejándose llevar sin más.

Violeta Lópiz y Valerio Vidali. El bosque (The Forest, 2017). Texto de Riccardo Bozzi. Santander: Milrazones, 2018; 64 pp.; trad. de Jesús Ortiz Pérez del Molino; ISBN: 978-84-947159-7-6. [Vista del álbum en amazon.es]

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DubucTucasa.jpg
martes, 20 de octubre de 2020

Hay álbumes que mantienen el mismo escenario en todas sus páginas y en él podemos seguir las andanzas de unos y otros personajes. Algunos que recuerdo ahora son El arenque rojo o Mientras tú duermes (aunque este cambia un poco el patrón). Otros responden a un modelo que los lectores más mayores recordamos, especialmente, por la serie 13, Rue del Percebe (aunque como indica la voz de Wikipedia a la que remito, hubo antecedentes que usaban el mismo recurso): hablé, no hace mucho, de Maravillosos vecinos, y ahora le toca el turno a un álbum de formato grande titulado Tu casa, mi casa, de Marianne Dubuc.

Se nos muestra el corte de un edificio de pisos, en cada uno de los cuales vive alguna familia o algún personaje, todos ellos animales humanizados. La historia que se cuenta con palabras, en pequeños párrafos que van en la parte superior izquierda de cada doble página, tiene que ver con la preparación y la celebración del cumpleaños de Conejito. Pero suceden muchas más cosas, no sólo en el interior sino también en el exterior del edificio, pues, por ejemplo, vemos a unos cuantos personajes de cuentos populares, muy reconocibles, pasar por delante de la casa. Por tanto, álbum bien armado, con detalles para entretenerse durante un buen rato, que también sirve para mirar con simpatía y tal vez comprender algo mejor a quienes tenemos cerca.

Marianne Dubuc. Tu casa, mi casa (Chez toi chez moi, 2019). Barcelona: Juventud, 2020; 26 pp.; trad. de Raquel Solà; ISBN: 978-84-261-4650-2. [Vista del álbum en amazon.es]

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IzagirreSotanosMundo.jpg
viernes, 16 de octubre de 2020

Quince años después de su primera edición, se ha vuelto a publicar Los sótanos del mundo, de Ander Izagirre, un singular libro de viajes. El autor aceptó la propuesta de Josu Ustueta de viajar, con él y otras personas, a los puntos más bajos del planeta: el Valle de la Muerte, en Estados Unidos; el Lago Eyre, en Australia; la Laguna del Carbón, en la Patagonia; el Mar Caspio, en Europa; el Mar Muerto, en Asia; y el Lago Assal, en África.

Dos comentarios al libro están en esta reseña y en esta otra. No es necesario insistir en que son excelentes las descripciones de los paisajes y los retratos de algunos personajes singulares. Son ilustrativas las explicaciones históricas de los lugares que visita, dejan huella las entrevistas con personas del lugar o con otros aventureros, y no faltan las citas propias del viajero que recuerda lo que dijeron antes otros famosos escritores viajeros que pasaron por los mismos lugares.

A quien haya leído ya libros del autor tan distintos en su contenido como Plomo en los bolsillos o Potosí, no le sorprenderá encontrar en la narración ramalazos irónicos, como este, divertido y muy breve: «en el reverso de las diversas monedas australianas aparece una colección de seres estrambóticos: canguros, emúes, koalas, ornitorrincos y la reina de Inglaterra».

Tampoco lo harán los no pocos toques de certera crítica social: «En las listas que miden el bienestar de las naciones, Yibuti siempre merodea el farolillo rojo. Sin embargo, en el paseo me acompaña una nube de niños alegres. Entre sus risas se cuela una estadística que taladra las sienes: dos o tres de ellos morirán antes de crecer metro y medio. Una vacuna lo evitaría por cuatro duros».

Ni las referencias a personajes admirables que trabajan en lugares difíciles, como el de esta mujer: «Jenni es de Adelaida, a setecientos kilómetros de aquí, y pidió una plaza de maestra en el outback para echar una mano a los niños aislados del desierto. Esta chica de apariencia frágil pero de gestos firmes pertenece a esa raza de maestros que llevan la vocación en la maleta, esos idealistas discretos que además cargan con la difícil obligación de la alegría».

Además, al hilo del objetivo que se proponen los expedicionarios, hay observaciones reflexivas de interés, que se hacen como al paso, como cuando al principio el narrador habla de «la desazón que producen los paisajes sobrehumanos», de cómo «no conseguimos entenderlos. En estos casos el anhelo natural de poseer la belleza nos empuja a tomar fotos, incluso solemos marcar nuestra presencia —con pintadas idiotas pero también con chapas topográficas— para mostrar que de alguna manera hemos poseído ese paisaje. Pero a menudo se nos olvida detenernos para observar, escuchar y tratar de comprender». O como cuando, al final, al hablar de que en el Rift, «a sólo tres kilómetros de profundidad bulle un infierno de magma y erupciones», señala que «queremos intuir algún sentido en esta belleza terrible, en este derroche de fuerzas colosales que llevan millones de años retorciendo el planeta y lo seguirán esculpiendo después de que todos hayamos desaparecido, quién sabe para qué. Pero el Rift es un gran recordatorio: hay que elegir entre el absurdo y el misterio».

Y entre las muchas descripciones extraordinarias, selecciono esta, incompleta, de la ciudad de Amman: «Los barrios periféricos se extienden a lo largo de avenidas amplias, limpias y luminosas, pero el centro de Ammán convierte la sangre en vinagre. Basta un paseo por sus calles de arquitectura excrementicia para que los nervios se pongan de punta: sobre las calles laberínticas se ciernen grandes bloques de ladrillo y hormigón, cubiertos por una costra de mugre y pelados en desconchones como un reptil en tiempo de muda. Las aceras, puzles de baldosas quebradas, no permiten caminar diez metros seguidos, porque están sembradas de contenedores, farolas, andamios, quioscos, montículos de escombros y coches encaramados. El caos alcanza su plenitud allá donde las motos circulan por la acera para avanzar en el atasco y los peatones deben caminar por el borde de la calzada jugándose el pellejo. Apenas hay pasos de cebra: la riada constante de los coches se detiene sólo cuando no puede avanzar más, y entonces los peatones buscan los resquicios entre los vehículos para vadear la corriente y alcanzar con vida la acera contraria, antes de que el flujo se reanude con furia acumulada. Los conductores parecen atrapados en sus ataúdes metálicos por una condena eterna, pero mantienen su agresividad y su neurosis tan frescas como el primer día: chillan largos insultos polifónicos, asoman medio cuerpo fuera de la ventanilla para amenazar con el índice y golpear la carrocería con las palmas, atruenan la ciudad con bocinazos coléricos durante todas las horas del día».

Ander Izagirre. Los sótanos del mundo (2005). Madrid: Libros del K.O., 2020; 404 pp.; ISBN: 978-8417678401. [Vista del libro en amazon.es]

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McCallIslaTiburon.jpg
jueves, 15 de octubre de 2020

Tiempo atrás publiqué un comentario a El barco escuela Tobermory, de Alexander McCall Smith, que parcialmente vale para Las arenas de la isla Tiburón, el siguiente libro de la serie. Esta vez, los hermanos MacTavish y sus amigos están ya completamente adaptados al ritmo de vida en el barco: a sus actividades escolares y de aprendizaje de la navegación. Se suceden los incidentes: unos tienen que ver con el irritante Hardtack y sus amigos; otros con problemas que se les presentan al navegar; otros con los retos al aprender a realizar nudos o al practicar deportes náuticos como kitesurf, los saltos o esnórquel; otros con problemas familiares de los chicos; luego, con los líos que tienen cuando conocen a Mike, un chico pescador en el Caribe, cuyo padre ha desaparecido, y, como consecuencia, con el descubrimiento de un moderno pirata que actúa en la desconocida isla Tiburón. También se dan a conocer, al hilo del relato, episodios del pasado del capitán MacBeth y de Mike.

Hay mucha información en el relato: sobre animales marinos, sobre instrucción naval, sobre instrumentos de navegación, etc. Las enseñanzas explícitas —sean de buen comportamiento y de camaradería, de hacerse cargo de los problemas ajenos, o sean de dolor por la caza de ballenas— hacen que los libros apunten a lectores muy jóvenes; por ejemplo, el narrador termina un capítulo así: «Presenciar un acto deshonesto puede resultar desagradable; te sientes un poco decepcionado, un tanto entristecido. Y puedes tener la esperanza —una gran esperanza— de que venga alguien y ponga las cosas en su sitio. Pero hay veces en que no viene nadie». Con todo, hay que decir que la vida escolar de los protagonistas es exigente —por ejemplo, ninguno puede tener teléfono móvil, todos están guardados bajo llave, pues «todo el sentido que tiene hacerse a la mar es desarrollar la capacidad de ser independientes» y eso no se consigue si puedes marcar un número y preguntarlo, o si puedes «mirarlo en internet»—, que nadie rehuye las tareas ni el esfuerzo para superar las dificultades: en este sentido el libro es de lo más clásico y muy distinto a tantos relatos infantiles complacientes como abundan hoy.

Alexander McCall Smith. Las arenas de la isla Tiburón (The sands of Shark island, 2017). Madrid: Siruela, 2018; 213 pp.; col. Las Tres Edades; ilust. de Iain Mcintosh; trad. de Julio Hermoso; ISBN: 978-84-17308-99-5. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 14 de octubre de 2020

El vendedor de felicidad, de Marco Somà y Davide Cali —los mismos autores del excelente La reina de las ranas no puede mojarse los pies—, es un buen álbum al que, como a muchos álbumes actuales, se le puede hacer un reproche que luego diré. La contracubierta presenta la historia como «una fábula contemporánea sobre la felicidad». Su protagonista es el señor Pichón, un vendedor ambulante que ofrece, de casa en casa, frascos de felicidad de tamaño pequeño, grande, o familiar. Lo que llama la atención del álbum son los personajes, todos ellos figuras de pájaros humanizados —la señora Codorniz, la señora Cucurucha, la señora Carbonero, la señora Abubilla, el señor Chorlito, el señor Estornino, el señor Faisán, la señora Petirrojo…—, y los ambientes —lugar boscoso, exuberantes casas en los árboles…—. Esa riqueza visual del álbum es notable. El reproche que dije es que el contenido de la historia no está formulado de forma conseguida por más que se vea cómo el vendedor juega con los deseos de la gente y con su capacidad de autoengañarse, cómo cada cliente compra el producto por un motivo distinto y cómo, al final, precisamente quién no lo compra es quien se va más contento. Se podría formular mejor con una sola frase: que la felicidad nunca es un objetivo sino un resultado, que nunca se alcanza si se busca por sí misma sino que normalmente llega como consecuencia de no vivir egoístamente. Sea como sea, buen álbum con ilustraciones ricas que atraen a cualquiera y con una idea de fondo sugestiva que pueden apreciar algunos lectores ya no pequeños.

Marco Somà. El vendedor de felicidad (Il venditore di felicità, 2018). Texto de Davide Calì. Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2020; 22 pp.; trad. de Isabel Borrego; ISBN: 978-84-120790-2-9. [Vista del álbum en amazon.es]

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martes, 13 de octubre de 2020

El pájaro muerto fue un relato escrito por Margaret Wise Brown en 1938, publicado por primera vez en 1958, después de su muerte, con ilustraciones de Remy Charlip, y vuelto a editar en 2016 con ilustraciones de Christian Robinson. Trata de que unos niños encuentran un pajarito que acaba de morir en el parque y deciden enterrarlo piadosamente, cánticos incluidos, tal como piensan que hay que hacer. El ilustrador seuencia  cinematográficamente las escenas: desde una primera de la ciudad pasa a los niños en el parque con los edificios al fondo y el pajarito pequeño en el suelo; luego sucesivas dobles páginas muestran a los niños rodeando al pajarito, unos primeros planos de las caras de los niños, etc., para terminar con una imagen desde lejos en la que se ve a los niños volando una cometa... Se reflejan un poco las personalidades distintas de cada uno de los niños, uno blanco y otro de piel oscura que lleva un disfraz de zorro, y las niñas, una negra y otra rubia.

Christian Robinson. El pájaro muerto (The Dead Bird, 1938 el texto, 2016 las ilustraciones). Texto de Margaret Wise Brown. Barcelona: Corimbo, 2018; 26 pp.; trad. de Ana Galán; ISBN: 978-84-8470-572-7. [Vista del álbum en amazon.es]

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sábado, 10 de octubre de 2020

Del crítico canadiense Northrop Frye (1912-1991) he puesto estas notas:

—De El camino crítico: ensayo sobre el contexto social de la crítica literaria (1971): Ansiedades sueltas, Deberes del crítico, Lo que un crítico nunca debe intentar.

—De Anatomía de la crítica (1977): La intención del autor, Apuntar a la belleza, La intención del arte

—De la entrevista de David Cayley titulada Conversación con Northrop Frye (1992): Intercambio de papeles, Un laboratorio de posibilidades.

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viernes, 9 de octubre de 2020

He citado ya unas cuantas veces a Richard Ford: las que indico en Todo entre comillas y su libro de memorias reseñado en El amor confiere belleza. Hace poco ha publicado una colección de relatos cortos titulada Lamento lo ocurrido, donde podemos volver a disfrutar de su excepcional calidad narrativa, de sus escenarios y mundos interiores bien descritos, de sus personajes característicos —gente de mediana o avanzada edad— en momentos más o menos críticos de sus vidas. Como espera cualquiera que haya leído antes a Ford, o haya leído entrevistas con él, son personas que viven como si Dios no existiera y, con ese fundamento, o con esa falta de fundamento, hacen lo que pueden y, con una serenidad literariamente trabajada, acaban huyendo hacia delante con unos pensamientos del tipo, «bueno, esto es lo que da la vida de sí».

Lo vemos en «Feliz», donde hay unos personajes alterados por la muerte de su amigo y por la llegada de su mujer, «que había decidido presentarse para buscar un consuelo no ofrecido, un consuelo que no sabía que tenían ni podían ofrecer». O en «Desplazado», cuyo narrador termina su relato, sobre sus relaciones de juventud con un vecino, diciendo que «no podías contar con Niall, que era la expresión que utilizaba mi pobre padre. Según él, eso era lo que buscabas en la gente que te era más cercana. Gente con la que pudieras contar. Puede que parezca muy simple. Pero ojalá —y es algo que he pensado mil veces desde entonces, cuando mi madre y yo estábamos solos—, ojalá la vida fuera tan simple».

El relato que más me ha gustado, tal vez por su parecido con los episodios de Frank Bascombe, es «Perder los papeles»: su protagonista es un viudo a quien «se le hacía muy extraño haber criado a una niña infeliz, después de que él y [su esposa] Mae hubieran sido siempre tan felices. ¿Qué se podría decir? “¿Si no andas con cuidado, la decepción se convertirá en parte de tu carácter?”». A un comentario de su hija le dice: «Estoy aprendiendo a seguir adelante, cariño. Igual que tú». Cuando su hija se marcha, el padre «se preguntó si podría haber actuado mejor. Probablemente tampoco la habría hecho más feliz». Más adelante, después de algunos incidentes pequeños, el narrador dice que «le vino a la cabeza un pensamiento. ¿Quién era? ¿Quién era él sin Mae? ¿Era el mismo hombre? ¿Valía la pena saberlo, no, incluso a su edad? Era alguien. No era nadie. No necesitaba ninguna reinvención. Solo continuidad».

Richard Ford. Lamento lo ocurrido (Sorry for Your Trouble, 2019). Barcelona: Anagrama, 2019; 272 pp.; col. Panorama de narrativas; trad. de Damián Alou; ISBN: 978-8433980519. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 8 de octubre de 2020

Quien disfrutó con Brujarella, de Iban Barrenetxea, con su sentido del humor y con sus personajes, lo hará también con Brujarella y la Diva. Esta vez la amenaza para el bosque Terragrís no procede de un malvado sino de una malvada, la Diva —que me ha recordado a la Bruja Blanca de las Crónicas de Narnia—, que logra regresar, después de haber estado prisionera durante mucho tiempo, con deseos de hacérselo pagar a las siete brujas del bosque. Así que, cuando empiezan a pasar cosas extrañas, Brujarella se pone en acción y, junto con la urraca Cornelia, pues sus otros amigos Hugo el lobo y el pingüino Gustavo caen bajo el hechizo de la Diva, va en busca de sus colegas y de seres que pueden ayudarla a conjurar la amenaza. Algunos sucesos misteriosos en el relato y un epílogo con un personaje desconocido dan a entender que habrá nuevas aventuras.

El argumento da vueltas y revueltas y en él puede ocurrir cualquier cosa: esto no importa para quienes conecten con el sentido del humor del autor, pues cada página les resultará divertida y el conjunto no les parecerá largo. Por ejemplo, ya en la primera página se nos dirá que «a la ardilla le picó la curiosidad» y que «las picaduras de curiosidad son peores que las de pulga, ya que uno no tiene donde rascarse»; y al comienzo del segundo capítulo se habla de que Brujarella se despierta sobresaltada, lo que es muy raro, pues «las brujas no tienen pesadillas; al contrario, ellas son las pesadillas de los demás». Naturalmente, otro atractivo del libro son las singulares ilustraciones de personajes angulosos, que son esta vez seis a doble página y cinco de una página completa.

Iban Barrenetxea. Brujarella y la diva (2018). Barcelona: Thule, 2018; 175 pp.; ilust. del autor; ISBN: 978-84-16817-36-8. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 7 de octubre de 2020

A lomos de caballo, de Daniel Piqueras Fisk, es un relato en cómic, prácticamente sin palabras —incluso cabría pensar que las pocas que tiene son innecesarias—, que se apoya en unos formidables dibujos llenos de dinamismo y expresividad. La historia es sencilla: a una niña un tanto aburrida se le acerca un niño pequeño y, en un forcejeo, se les cae un botellín de plástico al arroyo; la niña se imagina el daño que la botella puede causar a los peces, y empieza su aventura de recuperarla. Sus intentos sucesivos son infructuosos y la narración gana velocidad, que se acelera muchísimo cuando ve unos caballos y monta en uno para perseguir la botella río abajo. A cualquier lector le ganará la excelente narración gráfica —en la que las viñetas imaginativas están recuadradas con líneas onduladas y las viñetas de la vida real con líneas rectas—, y la figura tan decidida de la protagonista. Tal vez algunos piensen, sin embargo, si el deseo de transmitir mensajes de conservación de la naturaleza no puede conducir al exceso, porque los lectores pequeños pueden acabar exhaustos de que se les repitan tanto algunos mensajes y porque asombra un poco que la niña arriesgue su vida por conseguir recuperar el bote de plástico...

Daniel Piqueras Fisk. A lomos de caballo (2020). Madrid: Narval, 2020; 54 pp.; ISBN: 978-84-121646-1-9. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 6 de octubre de 2020

Topo y ratón, días de sol, de Benjamin Chaud y Henri Meunier, es un libro en la misma línea que los de Sapo y Sepo o, si se quiere, que los de Fox y Chic. Los protagonistas son un Topo cegato y un Ratón entusiasta y en el libro se cuentan tres relatos: en «Los pintores de los jueves» los dos salen a pintar y se dedican a elogiarse el uno al otro todo el tiempo; en «Un día de pesca» sucede que la poca visión de Topo le hace que se confunda mucho cuando piensa que su anzuelo atrapa a una carpa; en «¡Enamorado!» Ratón acompaña a Topo cuando va a ver a su novia pues está muy nervioso y además no ve nada. Como es habitual en el ilustrador, son simpáticos los personajes y ricos los escenarios vegetales donde se mueven. Las historias tienen momentos con gracia aunque, al menos para mí, están menos conseguidos que los dos modelos citados antes. De todos modos el éxito de este tipo de relatos depende mucho de cuánto lleguen al corazón los protagonistas y estos tienen la capacidad de hacerlo. Además, la edición es buena.

Benjamin Chaud. Topo y ratón, días de sol (Taupe et Mulot. Les beaux jours, 2019). Texto de Henri Meunier. Barcelona: Plataforma, 2020; 62 pp.; trad. de Ana Nuño; ISBN: 978-84-17886-79-0. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 3 de octubre de 2020

Recojo aquí las notas de varios libros de Claudio Magris (1939-) que he ido poniendo en la página.

—De El Danubio (1986): En los sótanos.

—De Microcosmos (1997): Indigentes del corazón.

—De Utopía y desencanto (1999): Sismógrafo de la nada, Localismos tribales, La complicidad del arte y los artistas, El único modo de hablar de la Navidad, La Navidad ahí sigue, Desperdicios por la ventanilla, Libros en la escuela, Narcisismos exhibicionistas, Maestros y discípulos.

—De La historia no ha terminado (2006): El surgimiento de un mundo terrible, Indefensos ante la necedad.

—De Alfabetos. Ensayos de literatura (2008): Ingenuidad y realidad, Libros que quitan el temor, La base de toda cultura seria, Un alfabeto para leer el mundo.

—De Instantáneas (2016): Una mirada reflexiva (1), Una mirada reflexiva (y 2).

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viernes, 2 de octubre de 2020

La escuela no es un parque de atracciones: una defensa del conocimiento poderoso, de Gregorio Luri, es un libro extenso, bien reseñado en Nueva Revista, y Sobre el arte de leer. 10 tesis sobre la educación y la lectura es un librito corto que contiene una conferencia en la que se mencionan ideas y anécdotas que también aparecen en el primer libro. Entre otras estupendas entrevistas con el autor, que resumen los contenidos de estas obras, se pueden leer esta en El Cultural y esta otra en The Objective.

La primera está dividida en tres partes: en la primera se habla de la singularidad de la racionalidad pedagógica y, más específicamente, de la racionalidad de la ortodoxia pedagógica en boga; en la segunda se hace hincapié en la importancia de poner en valor el conocimiento y la experiencia educativa; y en la tercera se proporciona un modelo educativo alternativo al de la ortodoxia. Dos rasgos que vale la pena resaltar son que está llena de sentido común —«la escuela es una causa tozudamente imperfecta», «las evidencias aconsejan cautela y prudencia con la introducción de las nuevas tecnologías»—, y que ofrece una visión equilibrada de las cosas —al final se insistirá en lo absurdo de enfrentar métodos conservadores y progresistas en vez de buscar cuáles son los buenos y cuáles los malos métodos según la mucha experiencia que acumulamos—.

El autor subraya la importancia de que la escuela transmita conocimientos: «Es evidente que se necesita conocimiento tanto para buscar conocimiento como para juzgar el valor del conocimiento encontrado. Y, sobre todo, se necesita conocimiento de calidad para producir conocimiento de calidad». No hay forma de hacer lo anterior sin acentuar el valor de la memoria: «Sin memoria no hay creatividad, pues esta consiste, básicamente, en ofrecer una respuesta nueva a un problema y, para ello, es imprescindible conocer bien tanto el problema como las respuestas que se le han venido dando». Ni tampoco es posible llegar a conocimientos bien asentados si en la escuela no se da valor a la lectura y no hay en ella una comunicación oral de calidad: «Todo profesor es un profesor de lengua. Un maestro no tiene ningún derecho a hablar mal ni a ser aburrrido. Nada lo obliga a ser un showman, pero es imperdonable que ofrezca una imagen aburrida del conocimiento».

Otros dos aspectos de particular interés son:

Uno, que la exigencia en la escuela es un gran nivelador social pues los niños con menos recursos no tienen el capital social de los niños de clases más altas: al respecto cita a Michael Young, quien defiende que «la escuela no está para que los niños construyan conocimientos, sino para que los niños pobres aprendan lo que no pueden aprender en ningún otro lugar: el conocimiento poderoso. Cuando le preguntan que le hizo cambiar de opinión responde siempre lo mismo: “Convertirme en padre”».

Otro, que «el pensamiento crítico no existe como una competencia independiente» (y aquí se puede recordar este texto de Michael Ende) y que tiene graves consecuencias, personales y sociales, educar a los escolares en el miedo y dedicarse en la escuela a fomentar la indignación, pues «toda nuestra cultura depende de nuestra capacidad para diferenciar los campos emotivos de los racionales» (al respecto hice comentarios en esta nota).

Se puede añadir que son libros amenos en los que se cuentan anécdotas jugosas de las que, algunas, habían ido apareciendo antes en el blog del autor. Por ejemplo, Deseo que lo paséis mal y Una historia de guerra, que es con la que termina su libro-conferencia sobre la lectura.

Gregorio Luri. La escuela no es un parque de atracciones: una defensa del conocimiento poderoso (2019). Barcelona: Ariel, 2020; 410 pp.; ISBN: 978-84-344-3183-6. [Vista del libro en amazon.es]
Gregorio Luri. Sobre el arte de leer: 10 tesis sobre la educación y la lectura: conferencia el 5 de julio de 1919 en el marco del IV Fórum Edita. Barcelona: Plataforma, 2020; 104 pp.; ISBN: 978-84-17886-42-4. [
Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 1 de octubre de 2020

En bienvenidosalafiesta: notas del mes de septiembre.

De los libros comentados en el mes seleccionaría un álbum o cómic ingenioso como La curiosa librería; un relato infantil de hace tiempo, que se puede acompañar de la película correspondiente, como Basil, el ratón superdetective; la conseguida novela gráfica sobre Ana la de Tejas Verdes, que los meses pasados he recomendado personalmente algunas veces, y he visto que con éxito (lo que también es una oportunidad de acudir a las novelas originales, cuyo valor comento un poco en la nota); y una novela de aventuras tensa y, para muchos que conocen bien a su autor, inesperada, como El conde de Chanteleine. Por otro lado, es un libro excelente Instantáneas (del que he puesto una primera y una segunda nota).

En nuevocuaderno: notas del mes de septiembre, donde recuerdo libros de Gay Talese y Israel Yeshoshua Singer.

En Libros para jóvenes: notas del mes de septiembre, tres con varios libros cada una.

He reanudado la actividad en medium y, después de la buena acogida de Pensar bien, he comenzado un plan semejante de publicar notas semanales sobre libros de distinta clase, unos con reseñas nuevas y otros con reseñas del pasado revisadas y, si es el caso, actualizadas. De momento, pensando en el comienzo de curso escolar, he recordado la de Cómo aprendemos a leer, de Maryanne Wolf, y he puesto las de Lector, vuelve a casa, también de Wolf, la de Educar en el asombro y Educar en la realidad, de Catherine L'Ecuyer, y la de La familia imperfecta. Cómo convertir los problemas en retos, de Mariolina Ceriotti.

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