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Notas de agosto de 2020 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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sábado, 29 de agosto de 2020

En bienvenidosalafiesta: notas del mes de agosto.

Como dije en el boletín previo, este mes he continuado con libros de la primera serie de los Episodios Nacionales, he añadido más notas a la sección Autores de referencia, he incluido un comentario a un clásico más de la colección Doce Uvas, Acerca de la vejez.

De libros infantiles y juveniles subrayo que es excepcional el álbum El encargo y que es un libro juvenil ameno Refugiado.

En nuevocuaderno: notas del mes de agosto. Este mes, como anuncié, hay comentarios a varios libros valiosos: Entre un millón de líneas, Alimentar a la bestia, El corredor, El silbido del arquero.

En Libros para jóvenes: notas del mes de agosto.

En medium he seguido sin poner notas nuevas aunque he recordado algunas antiguas en twitter y facebook, con ocasión de algún aniversario: Blanca de Castilla, Un camino entre dos mares, Verde agua, Pensar bien las consecuencias de lo que uno hace. Y precisamente el título de esta última nota es el más apropiado para dar la noticia de que ya está disponible en amazon el libro electrónico que anuncié, con una selección de las mejores entradas de medium y algunas más, y que se titula Pensar bien.

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PerezGEmpecinado.jpg
viernes, 28 de agosto de 2020

Novena novela de los Episodios Nacionales.

Al comienzo Gabriel de Araceli forma parte de las tropas mandadas por Juan Martín el Empecinado, lo que le sirve para contar sus acciones y las de otros guerrilleros que actuaban por libre pero que, a veces, se ponían a las órdenes del ejército regular. Contrastará el modo generoso de actuar del Empecinado —«un guerrillero insigne que siempre se condujo movido por nobles impulsos, y fue desinteresado, generoso, leal, y no tuvo parentela moral con facciosos, ni matuteros, ni rufianes, aunque sin quererlo, y con fin muy laudable, cual era el limpiar a España de franceses, enseñó a aquellos el oficio»—, con el de otros como Mosén Antón Trijueque, un personaje atrabiliario que dirá de sí mismo que no cabe debajo de nadie ni ha nacido para la obediencia. En medio de sus aventuras, que incluirán aquí el caer prisionero de los franceses, un Gabriel ya muy asentado humanamente no pierde vista sus objetivos de liberar a Inés, en manos de su padre, que pretende llevársela con él a Francia, y procura transmitir serenidad a su madre después de un intento fallido: «Tengo la seguridad de que lo conseguiré. Señora, Dios está con nosotros; y si en la ocasión terrible que acaba de pasar no nos ha favorecido, es porque nos exige mayores y más nobles esfuerzos para merecer el galardón de su misericordia infinita. Señora condesa —añadí levantándome—, ánimo. Dios está con nosotros».

Pero lo que lleva el peso del relato, como dije, son las acciones de los guerrilleros, en especial de Trijueque. De él dice Gabriel que «era un gigante, un coloso, la bestia heroica de la guerra, de fuerte espíritu y fortísimo cuerpo, de musculatura ciclópea, de energía salvaje, de brutal entereza, un pedazo de barro humano, con el cual Dios podía haber hecho el físico de cuatro almas delicadas; era el genio de la guerra en su forma abrupta y primitiva, una montaña animada, el hombre que esgrimió el canto rodado o el hacha de piedra en la época de los primeros odios de la historia; era la batalla personificada, la más exacta expresión humana del golpe brutal que hiende, abolla, rompe, pulveriza y destroza». Su modo de actuar en medio de una batalla la describe así: «El brazo derecho del clérigo, armado de sable, era un brazo exterminador que no caía sino para mandar un alma al otro mundo. Detrás de él ¿quién podía ser cobarde? Su horrible presencia infundía pánico a los contrarios, los cuales ignoraban a qué casta de animales pertenecía aquel gigante negro, que parecía dotado de alas para volar, de garras para herir y de incomprensible fluido magnético para desconcertar. Un tigre que tomara humana forma, no sería de otra manera que como era mosén Antón».

Don Juan Martín era «un Hércules de estatura poco más que mediana, una organización hecha para la guerra, una persona de considerable fuerza muscular, un cuerpo de bronce que encerraba la energía, la actividad, la resistencia, la terquedad, el arrojo frenético del Mediodía, junto con la paciencia de la gente del Norte. (…) En el hablar era tardo y torpe, pero expresivo, y a cada instante demostraba no haber cursado en academias militares ni civiles. Tenía empeño en despreciar las formas cultas, suponiendo condición frívola y adamada en todos los que no eran modelo de rudeza primitiva y sí de carácter refractario a la selvática actividad de la guerra de montaña. Sus mismas virtudes y su benevolencia y generosidad eran ásperas como plantas silvestres que contienen zumos salutíferos, pero cuyas hojas están llenas de pinchos. Poseía en alto grado el genio de la pequeña guerra, y después de Mina, que fue el Napoleón de las guerrillas, no hubo otro en España ni tan activo ni de tanta suerte. Estaba formado su espíritu con uno de los más visibles caracteres del genio castizo español, que necesita de la perpetua lucha para apacentar su indomable y díscola inquietud, y ha de vivir disputando de palabra u obra para creer que vive».

Explica el narrador cómo «en las guerrillas no hay verdaderas batallas; es decir, no hay ese duelo previsto y deliberado entre ejércitos que se buscan, se encuentran, eligen terreno y se baten. Las guerrillas son la sorpresa, y para que haya choque es preciso que una de las dos partes ignore la proximidad de la otra. La primera calidad del guerrillero, aun antes que el valor, es la buena andadura, porque casi siempre se vence corriendo. Los guerrilleros no se retiran, huyen y el huir no es vergonzoso en ellos. La base de su estrategia es el arte de reunirse y dispersarse. Se condensan para caer como la lluvia, y se desparraman para escapar a la persecución; de modo que los esfuerzos del ejército que se propone exterminarlos son inútiles, porque no se puede luchar con las nubes. Su principal arma no es el trabuco ni el fusil, es el terreno; sí, el terreno, porque según la facilidad y la ciencia prodigiosa con que los guerrilleros se mueven en él, parece que se modifica a cada paso prestándose a sus maniobras». En una ocasión pide disculpas al lector por su «puerilidad casi indisculpable» al detenerse a contar las hazañas de Trijueque, menos importantes sin duda que las de don Juan Martín, «pero yo quiero que aquí, como en la Naturaleza, las pequeñas cosas vayan al lado de las grandes, enlazadas y confundidas, encubriendo el misterioso lazo que une la gota de agua con la montaña y el fugaz segundo con el siglo, lleno de historia».

[Vista del libro en la Biblioteca Virtual Cervantes y en amazon.es]

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jueves, 27 de agosto de 2020

He puesto ediciones más recientes de dos libros de Gay Talese, Honrarás a tu padre y Los hijos, y he actualizado también algonos datos editoriales de otros dos libros suyos, Retratos y encuentros y El silencio del héroe.

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GratzRefugiado.jpg
miércoles, 26 de agosto de 2020

Refugiado, de Alan Michael Gratz, es una historia que atrapa. Su argumento presenta tres hilos que, al final, se unen levemente. Uno comienza en 1939 y su protagonista es Josef, un chico judío que, junto con sus padres y hermana pequeña, logran escapar de Alemania en el barco MS Saint Louis, que se dirige a Cuba. Otro empieza en 1994 y su heroína es Isabel, una chica cubana que, con sus padres, abuelo, y otra familia vecina, deciden abandonar su isla en una barca preparada por ellos para intentar llegar a Miami. El tercero, en 2015, habla de una familia siria que huye de la guerra con el propósito de alcanzar Alemania y su protagonista es un chico llamado Mahmoud. Con una escritura económica, sin adornos, se cuentan los reveses que van sufriendo cada una de las familias, se subraya la unidad de todos en medio de las dificultades, y se alcanzan unos desenlaces que, con todos sus problemas, acaban siendo esperanzadores.

Alan Michael Gratz. Refugiado (Refugee, 2016). Madrid: Santillana Educación, 2018; 360 pp.; trad. de Julio Hermoso Oliveras; ISBN: 978-8491222330. [Vista del libro en amazon.es]

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RuedaEncargo.jpg
martes, 25 de agosto de 2020

El encargo, de Claudia Rueda, tiene un argumento con fuerza y su confección como álbum es magistral. Trata de un emperador oriental que tiene un gran amor a los gallos y encarga al mejor artista de su imperio que le pinte un cuadro con un gallo. El artista acepta pero no entrega su encargo, lo que hace que el emperador vaya a reclamarlo, que se enfade con el comportamiento del pintor, y que mande que le corten la cabeza.

En lo que se refiere a las ilustraciones, la historia se cuenta con varios dibujos esbozados en cada página entre los que, a veces, hay algunos coloreados y más acabados. En lo que se refiere al texto, aparte de las breves frases que cuentan el relato, hay también párrafos a mano sobre los que hay tachaduras y correcciones. Cualquier lector que se plantee por qué se ha construido así el relato y el álbum encontrará la respuesta en el desenlace. Quien tenga curiosidad por la cuestión podrá encontrar, a lo largo del álbum. esbozos de gallos y gallinas famosos en la historia de la pintura y referencias a clásicos dibujos japoneses de guerreros.

Claudia Rueda. El encargo (2019). Barcelona: Océano Travesía, 2019; 32 pp.; ISBN: 978-607-557-030-3. [Vista del álbum en amazon.es]

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sábado, 22 de agosto de 2020

Del crítico francés Gérard Genette (1930-2018) he puesto estas notas:

—De Figuras III (1972): Padres responsables y razonables.

—De Palimpsestos: la literatura en segundo grado (1982): ¿Un libro bizco?, Por qué muchos escritores pintan.

—De Nuevo discurso del relato (1993): Pueril idea de progreso artístico, Hábiles autoelogios.

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PerezGCadiz.jpg
viernes, 21 de agosto de 2020

Octava novela de los Episodios Nacionales.

Gabriel llega a Cádiz a principios de 1810. Allí, el 24 de septiembre, tiene lugar la primera sesión de las Cortes, a la que solo pudieron acudir 102 diputados. Antes, presencia la agitación de la ciudad con ese motivo: «Nobleza, pueblo, comercio, milicia, hombres, mujeres, talento, riqueza, juventud, hermosura, todo, con contadas excepciones, concurrió al gran acto, los más por entusiasmo verdadero, algunos por curiosidad, otros porque habían oído hablar de las Cortes y querían saber lo que eran». Él mismo estará presente: «Señores oyentes o lectores, estas orejas mías oyeron el primer discurso que se pronunció en asambleas españolas en el siglo XIX. (…) La atención era profunda, y jamás voz alguna fue oída con más respeto. (…) El discurso no fue largo, pero sí sentencioso, elocuente y erudito. En un cuarto de hora Muñoz Torrero había lanzado a la faz de la nación el programa del nuevo gobierno, y la esencia de las nuevas ideas. Cuando la última palabra expiró en sus labios, y se sentó recibiendo las felicitaciones y los aplausos de las tribunas, el siglo décimo octavo había concluido. El reloj de la historia señaló con campanada, no por todos oída, su última hora, y realizose en España una de las principales dobleces del tiempo». Más adelante recordará que «los discursos de aquel día memorable dejaron indeleble impresión en el ánimo de cuantos los escucharon. ¿Quién podría olvidarlos? Aún hoy, después que he visto pasar por la tribuna tantos y tan admirables hombres, me parece que los de aquel día fueron los más elocuentes, los más sublimes, los más severos, los más superiores entre todos los que han fatigado con sus palabras la atención de la madre España. ¡Qué claridad la de aquel día! ¡Qué oscuridades después, dentro y fuera de aquel mismo recinto!...»

En ese ambiente, Gabriel entra en contacto estrecho con la familia Rumblar, en cuyos salones oye comentarios sobre los acontecimientos, tiene ocasión de conocer mejor a las hijas de la condesa y hermanas de don Diego, y sobre todo también de tratar más a Inés. Conoce a un atractivo joven inglés, lord Gray, muy seguro de sí mismo: «Uno de los principales martirios de mi vida, el mayor quizás, es la vana aquiescencia con que se doblegan ante mí todas las personas que trato», le dice. La relación que Gabriel tendrá con él pasará por distintas etapas: al principio piensa que está cortejando a Inés y luego verá que a quien pretende es a una de las hijas de la condesa, aprenderá esgrima con él y finalmente se batirán en duelo. Es un personaje característico el de la condesa de Rumblar, una mujer de clase alta, ridículamente celosa del honor que cree tener y que piensa que se le debe por su posición social, moralmente rígida en la forma en que educa a sus hijas pero indulgente al máximo respecto a su hijo: refiriéndose a él dirá que «a cada cual se le debe educar según su destino. En posiciones elevadísimas no puede sostenerse todo el rigor de los principios».

Un rasgo que se puede destacar de la novela, como de otras, es la viveza que tienen las descripciones, en este caso de algunos ambientes miserables. Así, dirá el narrador que «en Cádiz no han abundado tanto como en otros lugares los mendigos haraposos y medio desnudos, esos escuadrones de gente llagada, sarnosa e inválida que aún hoy nos sale al encuentro en ciudades de Aragón y Castilla. Pueblo comercial de gran riqueza y cultura, Cádiz carecía de esa lastimosa hez; pero en aquellos tiempos de guerra muchos pedigüeños que pululaban en los caminos de Andalucía, refugiáronse en la improvisada corte». Lord Grey, en un desahogo retórico que demuestra un notable conocimiento de la literatura española, se despide de toda esa gente que trató —«mendigos, aventureros, devotos, que vestís con harapos el cuerpo y con púrpura y oro la fantasía»— y se pregunta: «¿Es esta una masa podrida que no sirve ya para nada? ¿Debéis desaparecer para siempre, dejando el puesto a otra cosa mejor, o sois capaces de echar fuera la levadura picaresca, oh nobles descendientes de Guzmán de Alfarache?… Adiós, Sr. Monipodio, Celestina, Garduña, Justina, Estebanillo, Lázaro, adiós».

La novela terminará terminará con la noticia de que, pocos días antes, el 16 de mayo de 1811, había tenido lugar la sangrienta batalla de La Albuera, en Extremadura, entre las fuerzas francesas y las formadas por tropas españolas, inglesas y portuguesas.

[Vista del libro en la Biblioteca Virtual Cervantes y en amazon.es]

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SanchezPerezCuentosPopulares.jpg
jueves, 20 de agosto de 2020

Después de leer bastantes cuentos tradicionales estos meses atrás (como dije aquí y aquí), busqué los Cien cuentos populares españoles, de José A. Sánchez Pérez, una recopilación que puede unirse a las que ya había comentado antes: Cuentos al amor de la lumbre y Cuentos populares españoles.

También busqué la selección que hizo Ana María Shua, de sesenta Cuentos del mundo, una edición cuidada (que veo que ya no está disponible ahora en librerías) en la que leí bastantes relatos de otras culturas que no había leído antes: la autora buscó cuentos poco conocidos o que no habían sido publicados en castellano.

José A. Sánchez Pérez. Cien cuentos populares españoles (1995). Palma de Mallorca: José J. de Olañeta, 1995, 2ª ed.; 212 pp.; col. Érase una vez… Biblioteca de cuentos maravillosos; prólogo de Carmen Bravo-Villasante; ISBN: 84-7651-061-6. [Vista del libro en amazon.es]
Ana María Shua. Cuentos del mundo (2008). Madrid: Anaya, 2008; 269 pp.; selección, adaptación, prólogo y comentarios de Ana María Shua; ilust. de Javier Serrano, Jesús Cisneros, Noemí Villamuza, Elena Odriozola, Ignasi Blanch y Raquel Martín; ISBN: 978-84-667-7690-5.


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SoderguitCarpinchos.jpg
miércoles, 19 de agosto de 2020

Los carpinchos, del ilustrador uruguayo Alfredo Soderguit, es una buena historia bien confeccionada. Trata de que un día llegan unos animales raros, grandes y peludos, cerca de una granja de gallinas. Estas no los quieren cerca pero ellos no pueden regresar a su pantano en temporada de caza. Llegan a un acuerdo de convivencia, carpinchos y gallinas, pero a distancia. Hasta que un día las cosas cambian.

Se secuencia el relato en escenas recuadradas que o bien ocupan la doble página o páginas completas, aunque a veces la narración se acelera y presenta tres viñetas verticales en cada página. Las figuras son buenos dibujos realistas con ojos expresivos, y toques rojos en la cresta de las gallinas y marrones en los carpinchos. El argumento habla bien del temor al desconocido con aspecto inquietante y cómo a veces una convivencia cordial tarda un poco en establecerse.

Alfredo Soderguit. Los carpinchos (2020). Barcelona: Ekaré, 2020; 48 pp.; ISBN: 978-8412060089. [Vista del álbum en amazon.es]

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GonzalezVillarHuevoAzul2.jpg
martes, 18 de agosto de 2020

He actualizado datos de algunas ediciones más recientes de Yo puedo, Yo también y El secreto del huevo azul.

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sábado, 15 de agosto de 2020

Del historiador inglés Christopher Dawson (1889-1970) he puesto aquí notas tomadas de varios libros:

—De Historia de la cultura cristiana (ensayos de distintas fechas, 1930-1960): Un largo proceso educativo, El futuro no es previsible, En el siglo XII (1), En el siglo XII (2).

—De La religión y el origen de la cultura occidental (1950): una reseña extensa del libro, La primera biblioteca de traducciones para jóvenes, Un nuevo punto de partida.

—De Dinámica de la historia universal (1957): Atención a los fracasos.

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PerezGGerona.jpg
viernes, 14 de agosto de 2020

Séptima novela de los Episodios Nacionales.

El relato comienza en 1810 con una especie de introducción en la que Gabriel hace balance de lo sucedido en el plano bélico hasta el momento y explica «la tormenta de malas pasiones que bramaba en torno a la Junta Central. Sucedía en Sevilla una cosa que no sorprenderá a mis lectores, si, como creo, son españoles, y es que allí todos querían mandar. Esto es achaque antiguo, y no sé qué tiene para la gente de este siglo el tal mando, que trastorna las cabezas más sólidas, da prestigio a los tontos, arrogancia a los débiles, al modesto audacia y al honrado desvergüenza». En esa descripción de cómo «el poder central era un hervidero de intriguillas», continúa diciendo que «las ambiciones injustificadas, las miserias, la vanidad ridícula, la pequeñez inflándose para parecer grande como la rana que quiso imitar al buey, la intolerancia, el fanatismo, la doblez, el orgullo rodeaban a aquella pobre Junta, que ya en sus postrimerías no sabía a qué santo encomendarse». Pide luego perdón por ocuparse de estos «sainetes de epopeya» y dice también que, con todo, «verdad es que las discordias de arriba no habían cundido a la masa común del país, que conservaba cierta inocencia salvaje con grandes vicios y no pocas prendas eminentes, por cuya razón la homogeneidad de sentimientos sobre que se cimentara la nacionalidad, era aún poderosa, y España, hambrienta, desnuda y comida de pulgas, podía continuar la lucha».

Hechas estas declaraciones, Gabriel cuenta cuáles fueron sus destinos después de haber vivido el sitio y la caída de Zaragoza y cómo, en ese momento, alistado en el ejército del Centro llega al Puerto de Santa María y allí coincide con Andrés Marijuán, a quien había conocido en Bailén, que «me entretuvo durante dos largas noches con la descripción de maravillosas hazañas que no debo ni puedo pasar en silencio». Toda la novela en adelante se ocupa ya de la narración de Andrés, en la que, aparte de contar la resistencia numantina de Gerona durante muchos meses —se podría decir que semejante a la de Zaragoza— y su caída final. El otro hilo que recorre su relato es su relación con Siseta, una chica con la que piensa casarse, con sus hermanos pequeños, y con un vecino que tienen, un anciano completamente obsesionado con que su propia hija no se dé cuenta de lo que ocurre a su alrededor y que les obliga a representar para ella «una farsa lúgubre». Este personaje le permite al narrador mostrar cómo hasta la gente más sencilla y buena puede comportarse con un egoísmo feroz: lo llama «la ley de las grandes calamidades públicas, en las cuales, como en los naufragios, el amigo no tiene amigo, ni se sabe lo que significan las palabras prójimo y semejante».

El narrador explica que ha modificado un poco la relación de Marijuán pues «su rudo lenguaje me causaba cierto estorbo al tratar de asociar su historia a las mías», advertencia que hace para que los lectores no se sorprendan de encuentran «observaciones y frases y palabras impropias de un muchacho sencillo y rústico». «Téngase presente, continúa, que en la época en que hablo, cuento algo más de ochenta años, vida suficiente a mi juicio para aprender alguna cosa, adquiriendo asimismo un poco de lustre en el modo de decir». En su relato, como hizo al cantar las cualidades de Palafox, en este caso aplaude la figura del gobernador militar de Gerona, el «incomparable D. Mariano Álvarez de Castro, el hombre, entre todos los españoles de este siglo, que a más alto extremo supo llevar la aplicación del sentimiento patrio». Con su característico estilo sentencioso, al contar cómo fue torturado y muerto en prisión, el 22 de enero de 1810, el narrador declara que «aquel asesinato, si realmente lo fue, como se cree, debía traer grandes catástrofes a quien lo perpetró o consintió, y no importa que los criminales, cada vez más orgullosos, se nos presentaran con aparente impunidad, porque ya vemos que el mucho subir trae la consecuencia de caer de más alto, de lo cual suele resultar el estrellarse».

Al final Gabriel hace una digresión de más amplio alcance por la que pedirá disculpas pero que tiene interés: «a mi juicio, Napoleón I y su efímero imperio, salvo el inmenso genio militar, se diferencian de los bandoleros y asesinos que han pululado por el mundo cuando faltaba policía, tan sólo en la magnitud. Invadir las naciones, saquearlas, apropiárselas, quebrantar los tratados, engañar al mundo entero, a reyes y a pueblos, no tener más ley que el capricho y sostenerse en constante rebelión contra la humanidad entera, es elevar al máximum de desarrollo el mismo sistema de nuestros famosos caballistas. Ciertas voces no tienen en ningún lenguaje la extensión que debieran, y si despojar a un viajante de su pañuelo se llama robo, para expresar la tala de una comarca, la expropiación forzosa de un pueblo entero, los idiomas tienen pérfidas voces y frases con que se llenan la boca los diplomáticos y los conquistadores, pues nadie se avergüenza de nombrar los grandiosos planes continentales, la absorción de unos pueblos por otros… etc. Para evitar esto debiera existir (no reírse) una policía de las naciones, corporación en verdad algo difícil de montar; pero entretanto tenemos a la Providencia, que al fin y al cabo sabe poner a la sombra a los merodeadores en grande escala, devolviendo a sus dueños los objetos perdidos, y restableciendo el imperio moral, que nunca está por tierra largo tiempo».

[Vista del libro en la Biblioteca Virtual Cervantes y en amazon.es]

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CiceronVejez.jpg
jueves, 13 de agosto de 2020

Otro estupendo libro de la colección Doce uvas: Acerca de la vejez, uno de los más breves y más vivaces tratados de Cicerón. El editor y traductor explica, en la breve presentación, cómo el autor nos presenta sentimientos personales, ejemplos históricos, recuerdos literarios y pensamientos filosóficos, en forma de diálogo. Cicerón hace hablar a Cayo Lelio (cónsul en el 190 a. C.), conocido como «el Sabio», y a Publio Cornelio Escipión (185-129 a. C.), llamado después «Africano el Menor», en el año 150 a. C., con Marco Porcio Catón «el Mayor» (234-149 a. C), también conocido por «el Censor», que es quien da las lecciones éticas a sus interlocutores. (De Catón mencioné, tiempo atrás, un libro con sus dichos y una buena biografía novelada sobre él de Eugenio Corti).

Algunas citas:

«Las más útiles armas de la ancianidad (…) son las artes y las ejercitaciones en la virtud, que, cultivadas durante toda una vida, en el caso de haber vivido mucho y largo tiempo, producen admirables frutos, no solo porque nunca nos abandonan —ni siquiera en el postrero momento de la vida, por más que constituya una cima—, sino también porque la consciencia de una vida bien llevada y de muchas obras bien hechas es el recuerdo más gozoso».

«Quienes niegan que la ancianidad pueda tener su lugar en la administración de las cosas (...) se comportan del mismo modo que alguien que dijera algo así como que un timonel nada hace a la hora de navegar, fijándose en que, mientras tanto, los unos trepan por los mástiles, los otros andan corriendo por la cubierta y otros achican la sentina, mientras que él se queda quieto, sentado en la popa, sosteniendo el timón. Y, sin embargo, hace algo mucho más grande y mejor. Las cosas de importancia se llevan a cabo no con la fuerza, la velocidad o la celeridad del cuerpo, sino con el juicio, la autoridad y el pensamiento. Y estas cosas son aquellas de las que la ancianidad no solo no se ve privada, sino en las que suele incluso abundar».

«Tenéis que recordar que, en todo mi discurso, estoy alabando la ancianidad que se sustenta sobre los fundamentos de una buena adolescencia. De ello que se confirma lo que, en una ocasión, dije con la firme aprobación de todos: que es desgraciada la ancianidad que tenga necesidad de defenderse con palabras. Ni el cabello cano ni las arrugas pueden sustraer repentinamente la autoridad, pero la edad superior que recoge los más altos frutos de autoridad es aquella que, previamente, se ha conducido con honestidad».

«Nadie jamás —Escipión— conseguirá convencerme de que tu padre Paulo o tus abuelos Paulo y Africano; ni de que el padre de Africano o su tío paterno; ni de que otros muchos excelentes varones que no es necesario traer a cuenta, se hubieran podido esforzar por cosas tan grandes que pasaran a la posteridad, si no hubieran concebido que, con ello, la posteridad se extendía hasta dar con ellos mismos. ¿O es que piensas que yo hubiera asumido trabajos tan grandes, durante noche y día, en las campañas de mi patria y del extranjero, si el término de mi gloria estuviera cortado con los mismos límites de mi vida física? En ese caso, ¿no habría sido mucho mejor pasar una vida ociosa y tranquila, sin trabajo ni contienda alguna?»

«Desconozco de qué otro modo el ánimo, elevado en sí mismo, hubiera podido tener puesta su vista siempre delante, hacia la posteridad, como si supiera con seguridad que, tras salir de la vida, fuera finalmente a seguir vivo. Estoy seguro de que este ánimo eminente no se esforzaría al máximo hacia la inmortalidad y la gloria a no ser que fuera su condición permanente la de ser inmortal».

Marco Tulio Cicerón. Acerca de la vejez (Cato Maior de senectute, 44 a.C.). Madrid: Rialp, 2016; 108 pp.; col. Doce uvas; trad. de Alberto del Campo Echevarría; ISBN: 978-8432145971. [Vista del libro en amazon.es]

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GraneroPeligroE.jpg
miércoles, 12 de agosto de 2020

En peligro de extinción, de Nono Granero, es un álbum disparatado y con chispa, tanto por las figuras graciosas de los personajes como por el texto en versos con los que se cuenta la historia. Su protagonista principal es el lince Facundo, que se escapa de su jaula un día, y encuentra otros animales que, como él, están en peligro de extinción: el águila Adalberto y la tortuga Marina. Los tres viajan alrededor del mundo y conectan también con un panda, un koala, un cóndor, un oso blanco, una ballena, un tiburón. Luego los tres llegan a la Nasa y se unen a la mona Mónica y al jergo Jerónimo para un viaje espacial y, cuando aterrizan en un nuevo planeta, tropiezan con un paquicefalosaurio… Un acertado comentario de la contracubierta indica el interés particular de este álbum: «pensábamos que las historias como esta se habían extinguido».

Nono Granero. En peligro de extinción (2020). Barcelona: Ekaré, 2020; 64 pp.; ISBN: 978-8412060058. [Vista del álbum en amazon.es]

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martes, 11 de agosto de 2020

He abierto voz en el diccionario a Albert Asensio, Anthony Horowitz y Sydney Smith.

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sábado, 8 de agosto de 2020

Con el paso de los años he ido poniendo aquí notas tomadas de varios libros de David Mamet (1947-). Son estas:

—De Glengarry Glen Ross (1983) y Casa de Juegos (1987): Gente fragmentada;

—De Los tres usos del cuchillo: sobre la naturaleza y la función del drama (1998): Obras de conflicto social.

—De Una profesión de putas (1989): Ceñirse al canal.

—De Dirigir cine (1991): Abjurar del Culto a Uno Mismo.

—De Conversaciones con David Mamet (2001): La finalidad del teatro, Manipular o no, esa es la cuestión, Melodrama y tragedia, Cómo avanza una trama.

—De Bambi contra Godzilla (2006): Elecciones basadas en el contenido y en el valor, Dramas comprometidos y lacrimógenos.

—De Manifiesto (2010): Una salvajada intelectual y moral, Obras con víctima, Cómo estructurar una trama, Concepción totalitaria.

—Sobre Chicago (2018): Novelas decepcionantes.

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ArguedasCuentosPeruanos.jpg
viernes, 7 de agosto de 2020

Otros dos libros con recopilaciones de cuentos populares que, por suerte, había sacado de la biblioteca pública poco antes del confinamiento, y pude leer durante aquellas semanas: Mitología americana: Mitos y leyendas del Nuevo Mundo, del cubano Samuel Feijóo, y Mitos, leyendas y cuentos peruanos, de los peruanos José María Arguedas y Francisco Izquierdo Ríos. Son buenos trabajos que reúnen cuentos de narradores orales de distinta procedencia.

Samuel Feijóo. Mitología americana: Mitos y leyendas del Nuevo Mundo (1983). Madrid: Siruela, 2010; 380 pp.; col. Las Tres Edades/ Biblioteca de Cuentos Populares; ISBN: 978-8498414646. [Vista del libro en amazon.es]
José María Arguedas y Francisco Izquierdo Ríos. Mitos, leyendas y cuentos peruanos (1947). Madrid: Siruela, 2009; 166 pp.; col. Las Tres Edades/ Biblioteca de Cuentos Populares; edición de Sybilla Arredondo de Arguedas en 2008; ISBN: 978-84-9841-290-1. [
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sábado, 1 de agosto de 2020

En bienvenidosalafiesta: notas del mes de julio.

Como dije en el boletín anterior, bastantes libros de este mes, leídos en las semanas del confinamiento, no son novedades sino libros antiguos, por ejemplo, los de la primera serie de los Episodios Nacionales.

También durante aquellos días preparé las notas que ahora incluyo en la sección Autores de referencia, que se prolongará durante varias semanas más, y en la que hay muchas lecturas muy valiosas.

Dos libros recientes que vale la pena conocer puestos este mes son: una prometedora primera novela de una serie de aventuras fantásticas, El lobo de plata; y una novela reflexiva de balance de una vida, La agonía de Julián Bacaicoa.

Entre los buenos ecos de las selecciones de charlas y artículos sobre LIJ que publiqué hace poco, Verdades y leyendas y Corrientes profundas, agradezco especialmente este comentario.

En nuevocuaderno: notas del mes de julio. Aquí hay, y en agosto habrá, referencias a varios libros valiosos y recientes: Sigo aquí, El señor Marbury y Encrucijadas de nuestra época.

En Libros para jóvenes: notas del mes de julio.

En medium no he puesto notas nuevas pero sí he actualizado las entradas del interior de Una especie de índice de notas. Y, como anuncié, estoy a la espera de terminar de preparar un libro electrónico con una selección de las mejores.

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