Nuestra mirada ciega ante la luz (2)
Muchas veces, en Nuestra mirada ciega ante la luz, Gustave Thibon inicia sus comentarios a un asunto con un encabezado. Pongo varios textos como ejemplo:
—«Oración. Cuando te digo: «rezo por ti», esto no significa que de vez en cuando musite algunas palabras pensando en tu recuerdo, sino que quiero cargar sobre mis espaldas con toda tu responsabilidad, que te llevo dentro de mí como una madre lleva a su hijo, que deseo compartir, y no solo compartir, sino atraer enteramente sobre mí todo el mal, todo el dolor que te amenaza, y que ofrezco a Dios toda mi noche para que Él te la devuelva transformada en luz».
—«Redimere tempus. La máxima nobleza del hombre y el único camino de salvación radican en este rescate del tiempo por la belleza, la oración y el amor. Sin esto, nuestros deseos, nuestras pasiones y todos nuestros actos se reducen a pura vanidad, son remolinos del tiempo que el tiempo se lleva. Todo lo que no es encuentro con la eternidad es tiempo perdido».
—«Fuerza y debilidad de la hipocresía. En cierto aspecto, la hipocresía es preferible al cinismo; un sepulcro cerrado y blanqueado es mejor que un sepulcro abierto: por lo menos no nos sofoca con su pestilencia. Pero con una condición: que no se piense que hay nada valioso debajo de la pobre cal que lo recubre. Perforado de día, el sepulcro causa el peor de los escándalos, porque hace dudar de la realidad interior de la virtud».
Gustave Thibon. Nuestra mirada ciega ante la luz (Notre regard qui manque à la lumière, 1955). Madrid: Rialp, 2026; 264 pp.; col. Pensamiento actual; trad. de Julián Urbistondo; ISBN: 978-8432175305. [Vista del libro en amazon.es]
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