¡Qué horror!
La fuerza y la debilidad de algunos álbumes ilustrados es que sólo presentan instantáneas en las que un lector, niño o no tan niño, puede reconocerse. Sus autores persiguen un objetivo limitado: avivar la capacidad de reírse de uno mismo, ayudar a superar complejos y temores. Y, de paso, mostrar el talento del dibujante. Es el caso de ¡Qué horror!, breves textos de Florence Parry Heide a los que pone dibujos el veterano Jules Feiffer. En ambos casos, sin embargo, más interés tienen los otros libros que menciono en sus reseñas.
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