The Doll’s House
New York: Puffin Books, 1976; 126 pp.; ilust. de Tasha Tudor; ISBN: 0-14-03-0942-X.
New York: Puffin Books, 1976; 126 pp.; ilust. de Tasha Tudor; ISBN: 0-14-03-0942-X.
Madrid: Anaya, 2000, 3ª impr.; 190 pp.; col. Tus libros; ilust. de Gerardo Domínguez; trad., apéndice y notas de Francisco Ortiz Chaparro; ISBN: 84-207-4257-0. Otra edición en Madrid: Alianza, 2000; 136 pp.; col. El libro de bolsillo; trad. de Francisco Ortiz Chaparro; ISBN: 84-206-3763-7.
Madrid: Anaya, 2005, 3ª impr.; 222 pp.; col. Tus libros; ilust. de Geo Hutchinson; trad. de A. Lázaro Ros; apéndice de Juan José Millás; ISBN: 84-207-1265-5. Nueva edición en Madrid: Alianza, 2012; 192 pp.; col. El libro de bolsillo; trad. de Álvaro Delgado Gal; ISBN: 978-8420665696. [Vista del libro en amazon.es]
Madrid: Anaya, 2000, 6ª impr.; 284 pp.; col. Tus libros; ilust. de José Luis Largo; trad., apéndice y notas de Gabriela Bustelo; ISBN: 84-207-3527-2. Nueva edición en Madrid: Anaya, 2003; 320 pp.; col. Tus libros. Selección; ilust. de Enrique Flores; trad. de Gabriela Bustelo; presentación y apéndice de Alfredo Arias; ISBN: 84-667-2482-6. Y otra en Madrid: Alianza, 2011; 320 pp.; col. Biblioteca Oscar Wilde; ISBN: 978-8420654935.
Relato contenido en la edición citada de El príncipe feliz y otros cuentos. También lo está en la edición en Austral, 2017, citada más arriba y titulada El fantasma de Canterville y otros cuentos.
Londres: Oxford University Press, 1990; 32 pp.; ISBN: 0192722107. [Vista del libro en amazon.es]
Karen es una niña delicada que se obsesiona con unos zapatos rojos y que, cuando recibe la confirmación, no hace más que pensar en ellos. Desobedece la prohibición de que se los ponga y, entonces, un soldado le echa un encantamiento por el que los zapatos la obligarán a bailar continuamente y no podrá quitárselos.
Dos embaucadores afirman que poseen una tela que tiene «la propiedad de ser invisible para cualquier persona que no mereciera su cargo, o que fuera absolutamente tonta». Convencen así al rey y a la corte y se ponen a preparar un vestido para el rey. Quienes supervisan el trabajo de los embaucadores les siguen la corriente pues, de no hacerlo, quedarían como tontos o como personas que no están a la altura de su cargo. Cuando el rey sale de palacio bajo palio sólo un niño se atreve a decir la verdad: «¡No lleva nada encima!».